Azucena Maizani, una cenicienta
Por Felipe Yofre
1 minuto de lectura'
Existen ciertos paralelismos singulares en la crónica de la música popular. Uno de ellos, se me ocurre, es éste: en el 253 de la calle 125 Oeste del distrito de Harlem, en Nueva York, funcionó durante años, especialmente en la década del 20, el Apollo Theatre. Fue un ámbito fundamental del espectáculo negro, en el que se presentaban las "big bands" americanas de swing y también los grandes cantantes , bailarines y comediantes de color, como Duke Ellington, Billie Hollyday, Count Basie o Jimmie Lunceford.
Los historiadores del jazz señalan que, en 1934, en ese ámbito, se desarrolló una "Noche de aficionados" y en su antológico escenario nació artísticamente Ella Fitzgerald -no hace mucho desaparecida-, que se incorporó inmediatamente a la banda del contrahecho baterista Chick Webb. Este desarrolló el gran talento musical de la intérprete, transformándose en su tutor, y al morir Chick pocos años, después Ella condujo su banda (caso inédito en los anales del género) y también incursionó en la composición con "Shinny Stockings", por caso.
Reiteradamente hemos señalado las afinidades entre "típica y jazz", a la que apelamos en esta crónica para evocar a nuestro personaje. Dejemos entonces la ciudad de los rascacielos para trasladarnos a la Reina del Plata en 1923, cuando a la República era presidida Alvear y nuestro sainete criollo incorporaba el tango como elemento sustancial de su temática.
Recordemos que en la avenida Corrientes al 1300 funcionaba por entonces un teatro Apolo vernáculo (ahí la equidistancia), que se disponía a presentar la obra "El rey del cabaret", de Manuel Romero, con la compañía de César y Pepe Ratti e Ignacio Corsini, "el caballero cantor" como número fuerte.
A los efectos de completar el elenco, los organizadores publicaron avisos requiriendo coristas, y en la larga cola que se formó frente a la sala, una veinteañera de melena renegrida obtuvo un minúsculo rol: nuestra Azucena Maizani.
Cuentan que una de las escenas requería que don Ignacio, rubio galán, nacido en Italia, de gran estampa, fraseara con música de Manuel Jovés los versos que decían "Patotero rey del bailongo, patotero sentimental, escondés bajo tu risa muchas ganas de llorar..." Fue tal el acontecimiento que Francisco García Jiménez dijo : "Manuel Romero hizo una obra para César Ratti y resultó un tango para Corsini".
Lo singular de la anécdota consistió en que no sólo la canción perduró a través de otras maravillosas versiones, sino que también se convirtió en el nacimiento de aquella artista, luego transformada en notable intérprete y creadora.
Igual que la Fitzgerald sus orígenes fueron sumamente modestos. Su viejo era ebanista, el hogar con necesidades económicas y Azucena dándole a la aguja y el sisal como modista de un taller de corte y confección. Canturreaba las canciones de moda mientras enhebraba, hasta que una noche se apersonó en el local donde actuaba Francisco Canaro, que al oírla no vaciló en hacerla actuar con su orquesta, bautizándola "Azabache".
Como una cenicienta del 2 x 4, Azucena desapareció del influjo de Pirincho para postularse luego, como se ha dicho, en el teatro chico criollo, verdadero embrión de su destino.
Tiempo después, Enrique Delfino, sutil pianista creador de "Milonguita" y "Sans souci", la escuchó entusiasmándose con su modo de decir, y junto a Alberto Vaccarezza compusieron especialmente para ella "Padre nuestro", piedra fundamental de las cancionistas del género cuya arquetipo máximo fue Azucena Maizani, la Ñata Gaucha.
Más allá de las injustas comparaciones con otras intérpretes, la Maizani se constituyó por su carisma en una sosia de Carlos Gardel, al que la unió una grande y profunda amistad y para quien compuso su tango "Pero yo sé".
Su trayectoria vasta, abarcativa de todas las manifestaciones artísticas de la época -radio, grabaciones, giras-, supo de alzas y bajas. Alegrías y tristezas, eslabones de su gran carrera, alternando grandes públicos y también salas vacías.
Lo cierto es que ella regó fértilmente muchas expresiones talentosas -Virginia Luque entre otras- desde su ropaje de gaucho o el funyi con lengue, creando para el repertorio tanguero obras de gran valía como "La canción de Buenos Aires".
Un 17 de noviembre, hace 95 años, nació en el Hospital Rivadavia, próximo a la Penitenciaría Nacional, en una geografía muy distinta de la actual, poblada de casitas bajas y con el repiquetear de los tranvías.
Quisimos recordarla así, con su imagen en vivo, envuelta en un poncho gaucho, con sus violas casi rozándola, rememorando el violín de Roberto Zerrillo y fraseando su tango autobiográfico "No salgas de tu barrio", que decía: "Muchacha que era linda y era buena, era humilde y trabajaba como vos en un taller.." Lo mismo que Azucena.
- 1
2Trabajó en Friends y en Beverly Hills 90210 y es hija de dos íconos de Hollywood: así está hoy Jennifer Grant
- 3
“La causa está frenada”: fue un famoso cantante, vivió un gran amor, pero tuvo un trágico final y hoy sus hijos piden Justicia
- 4
En la calle: a pesar de la generosidad de sus fans para pagar sus deudas, Mickey Rourke fue desalojado de su casa

