
Ayala dejó un enorme legado
1 minuto de lectura'
Fernando Ayala, director de films como "El jefe" y "Plata dulce", entre muchos otros, fallecido anteanoche a los 77 años como consecuencia de un edema pulmonar agudo, fue una de las principales figuras de la industria cinematográfica nacional.
Con más de 30 películas como director y una veintena como productor, Ayala fundó en 1956, con Héctor Olivera, Aries Cinematográfica, productora de algunos de los más grandes éxitos del cine nacional.
La lista que sigue consigna la filmografía del reconocido cineasta, nacido en Gualeguay, Entre Ríos, en 1920: "Ayer fue primavera" (1954), "Los tallos amargos" (1955), "Una viuda difícil" (1956), "El jefe" (1958), "El candidato" (1959), "Sábado a la noche, cine" (1960), "Paula cautiva" (1963), "Primero yo" (1953), "Con gusto a rabia" (1964), "Las locas del conventillo/María y la otra", coproducción con España (1965), "Hotel alojamiento" (1965), "Cuando los hombres hablan de mujeres" (1967), "En mi casa mando yo" (1967), "La fiaca" (1968), "El profesor hippie" (1969), "La guita" (1969), "El profesor patagónico" (1970), "Argentino hasta la muerte" (1970), "La gran ruta" (1971), "Argentinísima" (1971), "El profesor tirabombas" (1972), "Argentinísima II" (1972), "Triángulo de cuatro" (1974), "El canto cuenta su historia" (1976), "Los médicos" (1977), "Desde el abismo" (1979), "Abierto día y noche" (1981), "Plata dulce" (1982), "El arreglo" (1983), "Pasajeros de una pesadilla" (1984), "Sobredosis" (1986), "El año del conejo" (1987) y "Dios los cría" (1991).
Con Ayala se fue parte del cine
Los films del prolífico director argentino marcaron una época de esta industria
Fernando Ayala, que falleció el jueves, fue uno de los más grandes del cine argentino y uno de los que dio vuelta las condiciones expresivas de la trayectoria de nuestra cinematografía, a mediados de los años cincuenta, para dar paso a la modernidad de la llamada Generación del Sesenta.
Las películas que dirigió Ayala marcan la trayectoria artística y financiera de la pantalla argentina, después del período dorado y clásico, y las imágenes que deja su extensa y prolífica carrera se despliegan como crónica del tiempo en que vivió. Ayala nunca pudo alejarse de la resonsancia social, y sus películas son como reelaboraciones periodísticas del mundo al que se acercaba.
Fernando Ayala nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 2 de julio de 1920, en el calor de un hogar burgués urbanizado por los viajes a Europa y las lecturas cultivadas, pero teñido de la sana rusticidad del campo donde habitaba.
Pasó sus años de la primaria en el terruño y prosiguió los secundarios en el colegio Ward, de Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Cuando comenzaba a prepararse para abogado, le picó el asunto del cine, que, por los años 40 era una profesión con mucho futuro.
En reunión de amigos, recordaba Ayala que la primera vez que vio una filmación fue en los estudios de Argentina Sono Film: Niní Marshall se hallaba rodando la escena final de "La mentirosa", a las órdenes de Amadori. Niní exclamaba: "Que se caigan los cuadros, si vuelvo a mentir". Y todo se venía abajo.
Con la ayuda de un juez amigo de la familia, ingresó luego, primero como oyente, luego como asistente, en los estudios Lumiton, en Munro. Asistió a dos películas de Francisco Mugica, "El viaje" y "El espejo", hasta que este realizador lo tomó como ayudante. Como tal, recorrió buena parte de la década del 40 y de las películas de Mugica (entre ellas: "La guerra la gano yo", "Mi novia es un fantasma", "Deshojando margaritas", "El barco sale a las diez" y "Esperanza". Entretanto, se probó en la dirección con dos cortometrajes, "El trasandino del Norte" (1948) y "Vuelo 300" (1950), patrocinado por Aerolíneas Argentinas.
Terminada su colaboración con Mugica, Ayala fue asistente de Tulio Demicheli en la Argentina ("Sala de guardia", "La voz de mi ciudad", "Dock Sud") y en Cuba y México.
En 1955, la Argentina sufrió cambios sociales y políticos y el cine los fue acompañando. Entonces, Ayala, apoyado por el productor Alberto De Maio y por el escritor Rodolfo M. Taboada, se animó al largometraje. "Ayer fue primavera". El resultado de esa asociación mostró a un director que no temía a la forma y que sabía robustecer el sentimiento en cada una de las escenas. Al mismo tiempo, dúctil con los actores y responsable de un cine bien cercano al imaginario cotidiano de los argentinos.
Simultáneamente, Ayala y Leopoldo Torre Nilsson se erigieron en los directores transformadores de lo que Tomás Eloy Martínez, en un ensayo de 1962, denominó "las estructuras del cine argentino".
"Los tallos amargos" y "Una viuda difícil", ambas de 1956, fueron ejercicios preparatorios de repercusión popular. En 1957, con la primera ley que establece para la cinematografía idéntica libertad que para la prensa, se abrieron caminos de madurez para la pantalla nacional. Había esperanzas artísticas y un porvenir industrial posible.
En base a lo último, Fernando Ayala se asoció con el joven productor Héctor Olivera, y el 26 de julio de 1956 pusieron la firma al pie de un documento que establecía la fundación del sello productor Aries Cinematográfica. Sólo en 1958 pudo Ayala rodar la primera producción de esa marca, "El jefe", con Olivera como productor.
"El jefe" fue _es_ un acontecimiento. Con libro de David Viñas, Ayala realizó un ejercicio en presente sobre los caracteres jóvenes del posperonismo: los muchachos librados a su propio comportamiento, luego de la caída de un líder carismático pero de cartón, que los había conducido por caminos de falsedad y crimen.
Ayala y Olivera se habían conocido durante el trabajo diario en los estudios Baires, cuando trabajaban, cada uno en su área, en las películas de Demicheli para Artistas Argentinos Asociados.
El suceso de "El jefe" orientó los proyectos inmediatos por el lado de los productos de carácter social: "El candidato" (1959) y "Sábado a la noche, cine" (1960). Este último fue un golpe fuerte para Aries, porque el público le dio la espalda, aun cuando queda en la película un magnífico registro de la ya perdida ceremonia de los barrios donde, todos los sábados, los vecinos se preparaban para ver cine en el Centro.
El gusto diario
Ayala le fue tomando el gusto al retrato de la clase media con sabor a cosa de todos los días. Fue punzante en su análisis de la realidad, anecdótico en el trato de la historia común y benevolente con los personajes a quienes atribuía culpas o responsabilidades sociales. "Paula cautiva" (1963) es, probablemente, su mejor película.
Con libro de Beatriz Guido, recupera el desdén de la clase alta por autonalizar su decadencia y retrata el universo político de esos días, con el registro cronístico, según señalamos, de las luchas entre "azules" y "colorados" en el mismo año y el anterior.
"Primero yo", en 1963, queda como un análisis en el registro de una malsana competencia entre padres e hijos. Así como "Paula cautiva" denota la existencia de la "call girl", "Primero yo" dibuja el vacío perfil del "playboy", vocablos que la década del 60 volvió populares.
"Con gusto a rabia" (1964) marca la última vez que Mirtha Legrand apareció en la pantalla grande, con Alfredo Alcón, pero también se nutre de una crítica a las juventudes de las agrupaciones de derecha conocidas como Tacuara.
Una prueba en el ámbito de la comedia satírica _"Las locas del conventillo" (1965)_ y la depresión económica en que había caído Aries llevaron a Ayala a rodar "Hotel alojamiento" (1965), un producto de gigantesca repercusión que salvó largamente las finanzas de la sociedad, hasta otras crisis futuras.
Desde entonces, en la filmografía de Fernando Ayala, la comedia satírica y de actualidad, el producto de recorte televisivo, el film con superestrellas y la mezcla correcta entre arte, espectáculo e industria fueron caracteres esenciales.
Títulos de esos tiempos: "Cuando los hombres hablan de mujeres" (1967), "En mi casa mando yo" (1967), "La fiaca" (1968), "El profesor hippie", "El profesor patagónico" "El profesor tirabombas"(1969-1972), "Argentino hasta la muerte" (1970), "La gran ruta" (1971), "Argentinísima" (1971, codirigida con Olivera), "Triángulo de cuatro" (1974), "Los médicos" (1977).
"Plata dulce" y "El arreglo", en 1977, significaron un vivaz retrato de la Argentina durante el proceso militar, enfocada desde la dolorosa insensibilidad de la clase media metida a moderna, cuando en la casa ni agua para beber hay. "Pasajeros de una pesadilla" (1984) se perfila como análisis de la corrupción social proveniente de los hombres con poder. "Sobredosis" (1986), "El año del conejo" (1986) y "Dios los cría" (1991) fueron sus realizaciones finales.
En 1994, Fernando Ayala sufrió un accidente cardiovascular del que se repuso a medias. La situación lo convirtió en un austero charlista, pero su físico, minado por la enfermedad, se fue deteriorando hasta el momento definitivo.
De Ayala quedará su condición de maestro para tantos actores y técnicos, y de buen amigo, cualidades que ennoblecen a quien hizo tanto por dejarles a los argentinos un dibujo crítico y satírico del mundo donde viven.
1- 2
La postura de Zaira Nara luego de que Paula Chaves expusiera sus chats: “El tema no da para más”
3Trabajó en Friends y en Beverly Hills 90210 y es hija de dos íconos de Hollywood: así está hoy Jennifer Grant
- 4
“La causa está frenada”: fue un famoso cantante, vivió un gran amor, pero tuvo un trágico final y hoy sus hijos piden Justicia



