Aplausos y risas para Ang Lee
Su película "El tigre y el dragón" fue sensación en el festival; dice que combinó el cine chino con la técnica de Hollywood
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SAN SEBASTIAN.- Si hacía falta una evidencia más contundente del multifacetismo y el talento de Ang Lee, su extraordinaria nueva película, "El tigre y el dragón" ("Crouching tiger, hidden dragon"), lo confirma ya no sólo como un realizador en constante evolución sino como uno de los artistas que mejor han sabido conjugar y potenciar estéticas, temáticas y sistemas de producción tan disímiles como los de Hollywood y los del cine asiático.
Nacido en Taiwan pero formado en universidades y escuelas de cine de los Estados Unidos, Ang Lee trabajó siempre en ambos márgenes, intentando combinar esas distintas formas de sentir y pensar el mundo. A los 45 años es dueño de una filmografía envidiable, que arrancó en 1992 con "Pushing hands", un sorprendente éxito comercial en su país, aunque la consagración le llegaría pocos meses más tarde con "El banquete de bodas", una comedia romántica anticonvencional con la que ganó el Oso de Oro en Berlín, fue nominado al Oscar al mejor film extranjero y consiguió, según la revista Variety, la película más rentable de esa temporada en todo el mundo.
El éxito de crítica y público (incluidas sendas candidaturas al Oscar y al Globo de Oro) se repitió en 1994 con la última parte de su trilogía, "Comer, beber, amar", hasta que al año siguiente dio el gran salto en Hollywood con "Sensatez y sentimiento", que logró siete candidaturas al Oscar y una estatuilla para Ema Thompson por la adaptación del clásico de Jane Austen. Sus dos siguientes trabajos, el drama familiar "The ice storm", con Kevin Kline y Sigourney Weaver, y "Ride with the devil", sobre la Guerra Civil norteamericana, permanecen inéditos en la Argentina. Afortunadamente, "El tigre y el dragón" no correrá la misma suerte, y ya tiene su estreno local asegurado para antes de fin de año.
Esta coproducción de 12,5 millones de dólares entre capitales de Hong Kong, Taiwan y los Estados Unidos, que combina elementos esenciales del cine de esos países como las artes marciales, el melodrama romántico y unos sofisticados efectos especiales, es una de las grandes sorpresas del año en el circuito de festivales. Tras su aclamado estreno en Cannes, ganó el premio del público en Toronto y aquí abrió la prestigiosa sección Zabaltegi.
Las multitudinarias exhibiciones del film en San Sebastián se convirtieron en experiencias inolvidables: el público siguió las casi dos horas con exclamaciones de asombro ante las impresionantes batallas voladoras entre mujeres guerreras, risas por el disparatado sentido del humor y aplausos después de cada una de las vertiginosas escenas de acción.
Protagonizada por dos de las grandes estrellas del cine asiático como Chow Yun-Fat (actor fetiche de John Woo) y la notable Michelle Yeoh, "El tigre y el dragón" es una suerte de reformulación de los clásicos films chinos de fantasmas, producciones de clase B muy populares que se producen de a decenas.
En "El tigre y el dragón" confluyen la magia y la brujería, la tradición y las leyendas chinas, aristócratas y bandidos heroicos, la tragedia épica y la comedia popular. Claro que Ang Lee da una y mil vueltas de tuerca y convirtió las secuencias de artes marciales en verdaderas coreografías de baile (se la ha definido acertadamente como una cruza entre "The matrix" y "Cantando bajo la lluvia") y, fiel a su fascinación por la mujer, puso a tres actrices como protagonistas de las más complejas escenas de acción.
De visita por segunda vez en San Sebastián (estuvo hace seis años con "Comer, beber, amar"), este hombre afable, sencillo y tranquilo hasta la timidez recibió a La Nación en el lujoso hotel María Cristina.
-¿Cuándo surge su fascinación por las historias populares de fantasmas y de artes marciales?
-Desde chico soñaba, en Taipei, con este tipo de historias fantásticas, irreales, pero fascinantes. En este caso, se trata de la adaptación de la cuarta parte de una novela de cinco entregas que, si bien fue escrita antes de la Segunda Guerra Mundial, yo sólo la leí hace seis años. Desde entonces, se convirtió en una obsesión para mí, pero ningún productor quería arriesgarse con un presupuesto tan alto para los cánones de China. Es un libro muy melancólico, elemental y primitivo, si se quiere, pero que aborda los mismos temas que mis películas anteriores.
-Usted la definió como una suerte de "Sensatez y sentimientos" con artes marciales.
-Sí, todos mis films tratan sobre el deseo de la libertad, la resistencia frente a los condicionamientos familiares y a los códigos sociales. Y en este caso era una alegoría sobre la sociedad china, tan reprimida y sojuzgada. A nivel estructural también hay paralelismos: Michelle Yeoh es a Emma Thompson lo que Zhang Ziyi a Kate Winslet.
-Los especialistas en cine asiático aseguran que "El tigre y el dragón" no tiene nada que envidiarles a los films de Bruce Lee, Jackie Chan y Jet Li ni a las coreografías de John Woo...
-Estudiamos en profundidad las escenas de acción porque sabíamos que cada una iba a durar entre tres y cinco minutos. Y contratamos a Yuen Wo-ping, que es mi ídolo, para que las coreografiara como si se tratase de un ballet. El trabajó en películas de Jackie Chan y Jet Li y luego fue contratado por Hollywood, donde se consagró con "The Matrix", pero aquí manejó un registro más clásico. En este terreno, es indudable que los de Hong Kong siguen siendo los grandes maestros.
-¿Las escenas de acción fueron el principal desafío?
-Es que tuve que aprender un nuevo lenguaje narrativo para hacer un film como éste. Yo no me sentía preparado, hasta ahora, para manejar una escena de acción cuyo costo y complejidad de producción superan los de una película convencional completa. Además, yo no quería hacer algo violento, con un par de golpes y un nocaut, sino convertir las escenas físicas en algo bello y hasta emotivo. Quería encontrar la musicalidad y la sensualidad que hay en ellas. Pero el otro gran desafío era combinar la épica con el drama humano, demostrar que el género popular de acción y el cine de arte no son incompatibles, romper con el prejuicio.
-La película es como una síntesis entre el espíritu del cine chino y la técnica hollywoodense...
-Sí, me sirvió para trasladar todo lo que aprendí en la industria de Hollywood a una película china, donde afortunadamente no hay un productor metido a controlar cada uno de los detalles del rodaje.
-Sus dos anteriores películas en Estados Unidos, además, no tuvieron demasiada suerte comercial. ¿A qué se debió?
-Es que Hollywood no sabe qué hacer conmigo. Y creo que los productores y los programadores de los festivales, tampoco. Los productores de "El tigre y el dragón" me dijeron que no teníamos que ir a la competencia para que no se la confundiera con cine de arte, ya que se trata de una película pensada para un público masivo, mientras que los programadores de Cannes argumentaron que se sentían desorientados, que no sabían cómo manejar una película con artes marciales.
-La música de "El tigre y el dragón", que combina la percusión tradicional china y los solos del cellista Yo-Yo Ma, es muy emotiva y funcional a la vez.
-El compositor Tan Dun es un viejo amigo y colaborador de Yo-Yo Ma, y nuestra premisa era combinar la música étnica con lo clásico en un sentido más occidental. Creo que la idea funcionó.
-¿Y cómo fue el trabajo con los actores para convertirlos en expertos en artes marciales?
-Muy complicado. Se entrenaron con bailarines, con espadachines, con profesionales de las artes marciales. Chow Yun-fat jamás había empuñado una espada. Michelle Yeoh, que hace muchísimas películas por año, decidió hacer esta sola y se pasó meses preparándose. Apenas iniciamos el rodaje, se rompió una rodilla. Por eso, mi próxima película va a ser una comedia romántica y optimista en Nueva York (se ríe). Necesito recuperarme para poder volver a hacer una épica como "El tigre y el dragón" antes de volverme viejo.
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