
El guitarrista que ama las texturas
Entrevista con el músico antes de su presentación en el Ópera
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"Si un hombre no puede aprender a someterse
como una caña lo hace con la brisa / entonces ¿cómo podrá llegar a comprender / todos los dulces misterios de la vida?" canta Adrian Belew en "Walk Around The World", y ese "aprender a someterse", en principio contradictorio, escuchado desde la voz de un músico que en menos de cinco años grabó con Frank Zappa, David Bowie, Talking Heads y King Crimson, encierra la idea de saber ante quién someterse.
Nacido en Kentucky en 1949, Adrian Belew –que se presentará en el teatro Ópera esta noche, a las 20.30– ha desarrollado un modo verdaderamente singular de encarar la guitarra eléctrica. Más centrado en los timbres que en los desarrollos armónicos cerebrales demasiado explícitos, su estilo parece emparentarse más con la pintura abstracta, la otra disciplina artística en la que se desenvuelve y de la que se ha servido para crear los artes de tapa de sus discos solistas.
"Siento que pintar es lo mismo que hacer música, en muchos aspectos son elementos similares. Cuando voy a mi estudio siento que no hay nada, entonces empiezo algo y lo cambio, le agrego cosas, le quito cosas, le doy profundidad, dimensión, tonos, carácter. Todo eso pasa en la pintura. Por eso quiero hacer todo yo cuando hago mis discos. Cuando pinto trato de ser abstracto, no podría hacer un buen retrato, soy malo para eso, pero me gustan las texturas, lo mismo que en música", observa Belew, recién llegado a la Argentina y sentado en el lobby del hotel.
Si los 27 años implican para el imaginario de la cultura rock la edad en la que un músico accede al Club de los 27 (Hendrix, Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain y siguen las firmas), respondiendo a la máxima de vivir rápido, morir joven y dejar un cadáver bonito, Adrian Belew recién comenzaría su carrera profesional a la edad en la que muchos ya se habían convertido en mito.
"A los 27 era pobre y estaba luchando para poder pagar el alquiler -recuerda el músico-, no tenía dónde ir y me sentía realmente desesperado. Había intentado de muchas maneras diferentes, en distintas bandas, todas las opciones y nada parecía ser lo correcto, estaba muy preocupado y no tenía un plan B. Me decía a mí mismo que tal vez iba a tener que tocar en bares durante todas las noches y tratar de vivir con eso. Siempre creí que estaba preparado para hacer mucho más, porque ése era mi plan desde los 16 años, pero lo cierto es que no siempre resulta para todos. Pensaba que tal vez no me había podido subir al barco hasta que Zappa entró en mi vida y cambió todo. A partir de ahí estuve frente a grandes audiencias alrededor del mundo, trabajé con gente que nunca había siquiera soñado. Empecé a grabar discos. Pude hacer mi propia música y tocar en King Crimson. Todo pasó de una manera mágica. Pero realmente estaba al borde de mi asiento, desesperado, pensado en que tal vez nada de esto iba a suceder."
-¿Fue esa desesperación la que te llevó a pedirle una segunda oportunidad a Zappa cuando sentiste que no te había ido bien en la audición?
-Absolutamente, sabía que era mi gran oportunidad. Lo que pasó fue que yo creía que iba a ser de otra manera, nunca había audicionado y suponía que íbamos a estar solos y tranquilos, pero no fue así para nada. Había mucha gente yendo y viniendo, haciendo cosas, y en el medio de la sala yo con mi guitarra y un micrófono. Las cosas no me salieron bien. Pero tuve suerte porque como me tuve que quedar hasta el final para que me llevaran al aeropuerto, cuando acabaron las audiciones le pedí que me dejara hacerlo de nuevo y a solas. Le conté que yo me había imaginado otra cosa, y él me entendió y me invitó a subir al living de su casa, nos sentamos en un sillón y allí toqué. Y quedé. Fue fruto de la desesperación, porque sabía que debía tres meses de alquiler, pero también fue saber que podía hacerlo mejor.
Casi como un reconocimiento del destino, a partir de ese momento Adrian Belew ya no tuvo que volver a pedir segundas oportunidades. Más aún, ni siquiera oportunidades a secas, sino más bien todo lo contrario: los músicos empezaron a buscarlo para sus proyectos. Así, en 1978, sus guitarras quedarían registradas en Stage , el disco en vivo de David Bowie. Al año siguiente, grabaría Lodger , el álbum que cierra la trilogía berlinesa del Duque Blanco, y también saldría a la venta Sheik Yerbouti , el disco más vendido de la discografía de Frank Zappa, en donde Belew aporta guitarras y voces.
Para 1980, con Brian Eno como nexo, se uniría a los shows de los Talking Heads, algunos de ellos registrados en el disco The Name Of The Band Is Talking Heads, y participaría de la grabación de Remain In Light . El año siguiente significaría para Belew la entrada en King Crimson para reinventar el grupo a comienzos de la década y despacharse con la impecable seguidilla Discipline, Beat y Three Of A Perfect Pair .
Al recapitular tal vorágine productiva y creativa, a Belew se lo escucha tan entusiasmado como agradecido. "Fue un cambio increíble, de pronto me encontré frecuentando a mucha gente en Nueva York, a grandes innovadores y artistas como Paul Simon y Laurie Anderson. Me requerían bandas distintas; terminaba un trabajo y el próximo ya estaba ahí esperando. Terminaba una gira con algún grupo o artista y ya me surgía otra; terminé con Zappa y me fui con Bowie, cuando terminé con Bowie me fui con Talking Heads y así. Fue un gran pago por haber esperado tanto. Algunos empiezan más jóvenes, yo lo hice más de grande, pero eso significa que puedo durar más. Creo que estoy haciendo mis mejores cosas ahora a mis sesenta. Y nunca voy a parar."
-¿Qué creés que te aportaron todos estos artistas y qué creés que les aportaste a ellos?
-Lo que tienen todos en común es que son innovadores, siempre queriendo encontrar qué es lo que viene, siempre en movimiento, no quietos en un mismo lugar por mucho tiempo. Ésa es la forma en la que sus mentes trabajan. Y puede decirse que todos ellos ayudaron a cambiar la forma en que la gente escucha la música. Bowie cambió enormemente el mundo y eso no lo lográs haciendo lo mismo que el resto de la gente. Hay que moverse hacia adelante, no rendirse, encontrar nuevos desafíos, eso es lo que me inspiran ellos. Una vez le pregunté a Bowie por qué seguía y me dijo: "Es simple, no quiero parar", y entiendo a qué se refiere. Hay una energía que va y viene que te ayuda a mantenerte vivo. Siempre quise actuar para la gente, quise ser el centro de atención desde chico, y cuando lográs recorrer el mundo y ver que la gente se entusiasma y disfruta con lo que hacés se vuelve adictivo. Con respecto a mi aporte, creo que lo que podés brindar es tu perspectiva, tu conocimiento y tu gusto. Si Trent Reznor [líder de Nine Inch Nails] me llamó es porque le gusta lo que hago, porque pienso y toco distinto y quiere agregar eso a su música. Una buena colaboración es eso, es darle y complementarle al otro artista lo que necesita, como Lennon y McCartney, que eran el matrimonio perfecto. Desde que empecé a tocar la guitarra quise hacer canciones, las escuchaba en mi mente y no las podía expresar. Mi plan siempre fue poder algún día grabar mis canciones, pero también hacer todo lo que pudiera, los artes de tapa, tocar todos los instrumentos; era muy ambicioso. Deseo reflejarme lo más completamente posible en cada disco. Tomar todas las decisiones refleja tus gustos, pero también está bueno estar en una banda, hacer cosas en grupo, es saludable que no todo dependa de uno, por eso quiero mantener ambas cosas.
-Desde hace unos años venís tocando con un power trío, ¿qué es lo que te permite esta formación y cómo armás el repertorio a partir de esas posibilidades?
-La idea fue probar tener toda la responsabilidad, pero también la libertad, como guitarrista, porque en un power trío tengo que llenar todo el espectro. Estuve mucho tiempo trabajando con loops, grabando y tocando cosas encima, me di cuenta de que sueno como dos guitarristas y quiero que mis compañeros puedan tocar muchas notas, improvisar en algunos momentos y sonar agresivos y poderosos. Hemos hecho muchas giras y así logramos una unión muy fuerte tanto arriba como abajo del escenario. Mi idea, en cuanto a repertorio, es revisar cosas que hice en mi carrera solista pero desde una nueva perspectiva, porque no fueron pensadas originalmente para trío. Lo mismo con la música que hice cuando fui parte de King Crimson, quiero ver cuánto de eso puedo hacer en este formato. Haremos entre seis y siete temas de Crimson y el resto serán temas de mi carrera solista.
Repasando sus influencias y su historia personal, Adrian Belew parece tener una respuesta para evitar que este auge por lo retro implique un estancamiento en formas pasadas: "Me gusta todo lo que he hecho. Siempre traté de encontrar nuevos sonidos, nuevas ideas, nuevas técnicas, nunca me quise quedar quieto ni como músico, ni como escritor, ni en la vida. Es lo que me interesa de estar en la música, parece que no se terminan las cosas que podés encontrar, por eso pienso seguir haciéndolo. Me gusta lo avant-garde y lo pop al mismo tiempo, desde Gershwin y Stravinsky hasta The Beatles. Hendrix y Beck fueron los guitarristas que empecé a emular, aunque lo cierto es que en algún momento tenés que empezar a cortar con tanta información y ver qué podés hacer vos, a tu manera, tomando de todos, pero generando algo único".
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