A la caza de las noticias
A cualquier observador más o menos constante de la actualidad informativa en la Argentina a través de la televisión que haya visto Primicia mortal, uno de los estrenos de cine de esta semana, le habrá vuelto muy rápido a la memoria un antológico episodio registrado hace unos años por las cámaras de Crónica TV.
La escena transcurre de noche, en una avenida cualquiera de Buenos Aires. Con el guiño de las luces de los móviles policiales y las ambulancias como fondo, el ojo de la cámara y el brazo anónimo de la cronista con el micrófono identificatorio del canal se extienden e inclinan hacia un hombre de rostro ensangrentado que trata de buscar la postura más cómoda posible sobre el asfalto. "¿Qué fue lo que pasó, en pocas palabras?", interroga la cronista. "¿Lo que pasó? Bueno... -balbucea el magullado muchacho-. Yo venía pisteando como un campeón... Y bueno... Se me cruzó. No sé qué se me cruzó. Y quedé como un Schumacher... Eh... Ese de la Fórmula 1."
El resto del diálogo es igual de desopilante. Con lo poco de sano que le quedaba en la cara tumefacta, el hombre cuenta que venía solo. Y de repente se convierte en el interrogador. "Y vos, Crónica, ¿de dónde salís?", pregunta. "Y... yo estoy siempre donde tengo que estar", responde.
Lo mismo podría decir a miles de kilómetros de allí, pero en un escenario parecido (nocturno y urbano en la máxima expresión), el gran personaje protagónico de Primicia mortal (Nightcrawler). Lou Bloom. El buscavidas hambriento de figuración interpretado por un magnífico Jake Gyllenhaal va dándose cuenta de a poco que para alcanzar ese lugar soñado tiene que llegar al lugar exacto en el momento exacto. Y no moverse de allí hasta que la noticia buscada quede registrada por la cámara. If it Bleeds, it Leads ("si sangra, manda) es la consigna que lo estimula. Mientras más dramático y más impactante aparezca el cuadro, se alcanzará el efecto buscado: conmocionar, atrapar la mirada, movilizar los sentidos a puro efectismo. Un choque, un robo con heridos, un incendio, un avión que se precipita a tierra, una tragedia natural.
Con el mismo contexto, una gran diferencia separa ambas situaciones. En la situación básica que dispara toda la trama de Primicia mortal hay una relación profesional entre estos cazadores de noticias y las cadenas televisivas locales. Los primeros recorren las calles nocturnas cargando en sus vehículos utilitarios un complejo dispositivo técnico que les permite captar en tiempo real las frecuencias de radio de la policía y los bomberos, y con ellas las comunicaciones que surgen ante situaciones de emergencia.
Ellos llegan, como lo hace en un momento Lou Bloom en un pasaje clave de la película, al lugar de los hechos antes que los propios uniformados. Y la posibilidad que tienen de acceder a la "escena del crimen" abre una serie de cuestionamientos de índole legal y ética que en Estados Unidos merecen un tratamiento distinto del que situaciones parecidas provocarían en nuestro país. "Los vimos trabajar mientras preparábamos la película -contó el director de Primicia mortal, Dan Gilroy-. Bajaron de la camioneta, registraron las imágenes, las editaron en cinco minutos y en otros cinco ya las estaban vendiendo a cuatro cadenas locales de TV diferentes."
Aquí siempre se dijo que la propia Crónica TV llegaba siempre antes que sus competidores porque sabía cómo acceder a las transmisiones internas de la policía en casos urgentes e inmediatos. Nuestra experiencia mostraría, entonces, la ausencia de intermediarios entre el hecho policial y su puesta en el aire. La "primicia", entonces, aparece usufructuada por el canal a partir de una producción propia y no depende de un tercero que termina facturándole la faena a la emisora.
En el hemisferio norte, el cazador de noticias funciona como una suerte de cuentapropista que pone en juego cada noche su intuición y su olfato de predador periodístico. Si esa destreza y la fortuna se conjugan, el hombre hará carrera y no dejará de ganar dinero y contactos fluidos con las señales noticiosas de alcance local. "Yo no podría criticarlos, porque si de entrada planteamos la cuestión desde un enfoque moral le quitamos al espectador la capacidad de juzgar los hechos por sí mismo. Por otra parte, lo que ellos dicen es que son proveedores de servicios. ¿Quién soy yo para juzgarlos cuando hay tanta gente demandando esta clase de servicios?", reflexionó Gilroy.
Aquí, en línea con el casi risueño episodio narrado al comienzo, todavía nos movemos con una versión más bien light del cazador de noticias, limitada en el mejor de los casos a registrar con sus aparatos móviles (teléfonos, tabletas) las primeras imágenes de un accidente o las huellas iniciales de algún fenómeno meteorológico de características inusuales. Se trata de una contribución por lo general espontánea y sin otro origen que el azar. El responsable de la imagen estaba en el lugar de los hechos por casualidad y no a partir de un acto deliberado, del ejercicio de un espíritu profesional, con afán de lucro incluido.
Lo que no cambia es el contexto. Con cazadores de noticias especializados o colaboradores entusiastas en el medio, aquí y allá el comportamiento de las señales noticiosas no hace más que ubicar a la crónica roja en situación de claro y franco privilegio. Lo que hace Primicia mortal es develar la hechura oculta de la indumentaria que lucirá en pantalla el maniquí informativo. Una figura por lo general maltrecha, con señales inequívocas de haber sido golpeada o haber sufrido algún daño.
Lo que sugiere una primera visión de la película es un conjunto de incómodos y perturbadores interrogantes acerca de los límites éticos de este tipo de actividad. Entre ellos, el dominante es la tensión entre reparos tan razonables y la libertad de informar, siempre expuesta a peligrosas tutelas.
La otra cuestión esencial es la que aparece esbozada en las líneas precedentes, ya explorada además desde diferentes ángulos en esta misma columna. La noticia policial, especialmente si llega cargada de morbo, espectacularidad y deliberado amarillismo, no tiene rival en el mundo informativo de la televisión. Puede llegar por medio de ese "material sin editar" que funciona como primera aproximación al anuncio más catastrófico o impactante, o por medio de enrevesadas interpretaciones que mantienen en vilo al televidente, siempre y cuando no se olvide condimentar la descripción con algún ingrediente escabroso.
En definitiva, como observa Gilroy, nada cambiará hasta que aparezca en el horizonte un nuevo paradigma reemplazando al actual. "Cuando pasamos en la ruta por el lugar de un accidente dejamos de lado los pruritos y queremos ver en detalle todo lo que pasó", explica. Es la mejor ilustración de un modelo que transformó a la noticia en entretenimiento puro.
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