
Viajan a EE.UU. para elegir el sexo de sus hijos
Por Carla K. Johnson De la agencia AP
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CHICAGO.– Los chinos quieren varones y los canadienses quieren niñas. Si tienen suficiente dinero van a Estados Unidos para elegir el sexo de sus bebes. Las parejas extranjeras en buena posición económica eluden las leyes que prohíben la selección del sexo de sus hijos en sus propios países y se trasladan a suelo estadounidense –donde la elección es legal– en busca de procedimientos médicos que puedan darles el hijo o la hija que desean tener.
“Algunas personas gastan entre 50.000 y 70.000 dólares en un BMW sin que se les mueva un pelo, pero en este caso se trata de una vida que estará con nosotros para siempre”, dijo Robert, un australiano que pidió el anonimato para proteger la intimidad de su familia.
El y su esposa, Joanna, tienen dos varones. Ahora quieren una niña. Australia sólo autoriza la selección de género de los embriones para evitar una enfermedad hereditaria.
La falta de regulación en Estados Unidos ha dado lugar a un creciente mercado mundial para un puñado de clínicas de fertilidad. Para atraer clientes de todo el mundo, las empresas publican avisos en las revistas de las líneas aéreas o en sitios web. Los opositores alegan que esta tendencia es casi turismo médico en busca de bebes "a medida" y que debería alertar a los legisladores.
Pero un médico que ofrece la posibilidad de seleccionar embriones por 20.000 dólares afirma que su tarea sirve al mercado y ayuda a la naturaleza, y que él no pretende ser Dios.
"La gente se alarmará menos a medida que la selección de sexo se vuelva más rutinaria", dijo el doctor Jeffrey Steinberg de los Institutos de Fertilidad de Los Angeles y Las Vegas.
"Es algo nuevo. Atemoriza. Lo entendemos", agregó Steinberg. Su sitio web ofrece la imagen de una bandera china junto a la información acerca de la selección de sexo. "Casi el 100% (un 99,99%) de efectividad en métodos de selección de género para contribuir al equilibrio familiar", promete.
"Queremos que sepan que disponemos de los métodos", dijo Steinberg respecto de la iniciativa internacional. La página web dedicada a la selección de sexo tiene 140.000 consultas mensuales de China, explicó, y el único país que revela tanto interés por el tema como China es Canadá.
Recientemente, en una misma semana, sus clínicas llevaron a cabo el procedimiento en ocho mujeres extranjeras y recibieron consultas de doce pacientes nuevos, procedentes de China, Alemania, Canadá, República Checa, Guam, México y Nueva Zelanda. Casi todas las parejas están en buena posición económica, según dijo Steinberg. Pero algunas, como los australianos Robert y Joanna, tienen ingresos moderados. Robert, de 30 años, trabaja como supervisor de construcciones, y Joanna, de 27, es secretaria con dedicación parcial.
La pareja visitó la clínica de Steinberg de Los Angeles en mayo y gastará la mitad de sus ingresos anuales, incluidos los pasajes aéreos, para implantar un embrión femenino en el útero de Joanna. El procedimiento determina el género de una tanda de huevos fertilizados e implanta sólo embriones del sexo deseado. Este proceso -llamado "diagnóstico de preimplantación genética", o PGD- se usa para evitar enfermedades genéticas.
"Los chinos quieren varones. Los canadienses prefieren mujeres. Cada país es diferente", dijo el médico, y añadió que la preferencia de varones o mujeres se equilibra, con un 50% para cada sexo.
Los enemigos del procedimiento lo llaman "eugenesia del consumidor" y alegan que da paso a un futuro en el que los padres elegirán el color de cabello, de ojos y la estatura de sus hijos, suficiente para jugar al basquetbol. Los médicos estadounidenses, según afirman, están dando pie a la misma actitud tendenciosa que ha causado en China el infanticidio de las niñas.
"Lo que dicen es que es mejor que uno no exista si tiene el género equivocado para su familia. Y es una afirmación escandalosa", dijo Matthew Eppinette, director de investigación del Centro de Bioética y Dignidad Humana, un grupo cristiano.
El método puede prevenir las enfermedades hereditarias relacionadas con el sexo, pero cuando se lo emplea sólo para ayudar a una pareja a tener la niña anhelada o para coronar una familia de hijas con el hijo deseado, la práctica se torna muy polémica, incluso entre los profesionales especializados en medicina reproductiva.
"Nosotros no lo hacemos. El sexo no es una enfermedad", espetó Yury Verlinsky, director del Instituto de Genética Reproductiva de Chicago.
La Asociación de Medicina Reproductiva de Estados Unidos dice que la selección de sexo de los embriones es ética cuando el método se usa para evitar una enfermedad genética. Pero ese grupo desalienta su empleo para elegir un género sobre el otro. Alegan que esa práctica puede fortalecer el sexismo en la sociedad y distraer recursos que deberían dedicarse a verdaderas necesidades médicas. Aunque muchos países prohíben las técnicas de selección sexual que carecen de una finalidad médica, dicha prohibición no existe en Estados Unidos.
"Somos unos de los pocos países del mundo en los que no se ha regulado la selección de sexo por medio del PGD", dijo Susannah Baruch, directora del Centro de Genética Reproductiva y Política Pública de la Universidad Johns Hopkins. "Sin duda, eso nos convierte en un imán para las parejas interesadas en el tema".
Práctica y mercado
Otro grupo, el Centro de Genética y Sociedad, pide que se regule la práctica y el mercado. "En este momento, las prácticas están condicionadas exclusivamente por el mercado, no por las preocupaciones éticas y sociales", dijo Sujatha Jesudason, de ese centro. "Las personas que tienen dinero tienen los niños que eligen tener", agregó.
Steinberg dijo que su clínica requiere que las parejas extranjeras sólo permanezcan cinco días en Estados Unidos. Su equipo puede trabajar con una clínica del país de origen de sus clientes para monitorear el tratamiento preparatorio de la mujer con drogas de fertilidad que estimulan la producción de óvulos. "Aunque sea ilegal en ese país, la parte ilegal se realiza aquí", dijo.
Una vez que la mujer produce óvulos, ella y su esposo viajan a Estados Unidos. En la clínica, se extraen los óvulos, que se fertilizan con el semen del marido y se monitorean a medida que crecen, hasta tener ocho células cada uno.
Un técnico de laboratorio extrae una célula de cada embrión para hacer un análisis genético. Si es del género preferido, se lo implanta en el útero de la clienta junto con otros dos embriones, todos ellos elegidos según el género, para aumentar las posibilidades de un embarazo exitoso. Los clientes deciden si los embriones no usados se congelarán, se donarán para investigación o serán destruidos.
Los australianos Robert y Joanna no consideran que la selección de género plantee una diferencia ética o moral respecto de la fertilización in vitro en el caso de las parejas infértiles. Rechazan la expresión "bebes de diseño". "No es que queramos tener un hijo de un metro ochenta, de ojos azules y parecido a Brad Pitt", dijo Robert. "Yo tengo naturalmente algo y mi esposa tiene naturalmente algo que extraen de nuestros cuerpos y un médico lo mezcla y vuelve a ponerlo adentro... No estamos interfiriendo con Dios".
Traducción de Mirta Rosenberg
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