
Un economista carismático y radical
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QUITO (De un enviado especial).- Para algunos, es otro peón en el tablero de ajedrez latinoamericano del venezolano Hugo Chávez. Para otros, es el único candidato con el liderazgo suficiente para cambiar la democracia ecuatoriana, en terapia intensiva desde hace diez años. Pero todos coinciden en que Rafael Correa, un desconocido hasta el año pasado, fue la gran sorpresa de esta contienda electoral.
Tal fue su inesperado ascenso que, en la semana última, el triunfalismo se apoderó peligrosamente de su campaña. Correa dijo que ganaría en primera vuelta, una afirmación que ahora podría condenarlo a aparecer como un perdedor por no haber conseguido semejante meta.
Economista, Correa hace alarde de ser una figura "no política" en un país en el que todo dirigente arrastra una pesada cadena de críticas de la ciudadanía, saturada de la corrupción y la ineficacia de los partidos políticos tradicionales. En ese marco, propuso regenerar la democracia mediante una "revolución ciudadana".
Muchos lo identifican con la izquierda más radical de Chávez o de Evo Morales, pero Correa prefiere inscribirse en una ola más amplia que incluye a otros mandatarios de la región. "Somos parte de una corriente que incluye a Néstor Kirchner, a Lula, a Hugo Chávez, a Tabaré Vázquez, a Evo Morales y a Michelle Bachelet", declaró.
Correa dejó en claro que su postura dista mucho de alinearse con Washington. No es un secreto que se opone al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que de ser elegido buscará limitar la injerencia de los organismos de crédito internacionales y que no renovará el acuerdo que permite la presencia de militares norteamericanos en la base de Manta hasta 2009.
Nacido en Guayaquil el 6 de abril de 1963, Correa recuerda una infancia con limitaciones económicas, que no le impidieron obtener su título de economista en la Universidad Católica de Guayaquil y un doctorado en Estados Unidos.
Carismático y con una gran facilidad de palabra, domina el español, el inglés y el francés. También se defiende en el quechua, idioma que aprendió cuando trabajó como misionero en una comunidad indígena. Profesor universitario, su único paso por la política fueron los 106 días en los que se desempeñó el año pasado como ministro de Economía del actual gobierno, al que le resultó incómodo por su rechazo de la injerencia del FMI en el país.
En sus tiempos de docente siempre criticó la dolarización (aunque hoy aclara que cambiarla sería un "suicidio"). Como ministro de Economía eliminó un fondo que destinaba parte de las ganancias petroleras a financiar operaciones de recompra de la deuda pública. La utilización de esos fondos para atender las necesidades de los más pobres le otorgó el apoyo de los simpatizantes de izquierda y de los movimientos indígenas, que lo incitaron a constituir el movimiento independiente Alianza País.
Así, logró convertirse en el vocero de los que están hartos de las prácticas políticas turbias del Congreso y de la "partidocracia".
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