
Revelan el último secreto del sexgate
WASHINGTON.- Es una voz en el teléfono, por momentos segura, por momentos vacilante, que sigue el hilo de la conversación que entabla Linda Tripp, la mujer que veía cómo giraban las cintas de las cassettes mientras grababa secretamente sus confesiones. "Nunca creí que iba a sentirme así", confiesa Monica Lewinsky en un suspiro, revelando el amor no correspondido, al menos como ella pretendía, con Bill Clinton.
Las 37 cassettes, liberadas ayer por la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes, marcaron el preludio de la declaración del fiscal Kenneth Starr ante ese ámbito, prevista para mañana, en una semana que comenzó al borde de la guerra con Saddam Hussein y que promete terminar con la madre de todas las batallas domésticas: el escándalo Lewinsky.
Los norteamericanos, afectos a la radio por la necesidad de ir de aquí para allá en auto, no hicieron más que escuchar ayer, por primera vez desde que estalló el escándalo, la voz de la chica que ingresó hace cuatro años como becaria en la Casa Blanca, hoy de 25, y que, como en un cuento de hadas, se creyó Cenicienta.
Una sombra de desilusión, sin embargo, aflora en determinado momento de sus labios, dando por sentado que Clinton no iba a dejar a Hillary ni iba a poner en riesgo su presidencia por ella: "No sé por qué me siento así, pero noto que él ha estado alejándose de mí".
El contenido de las cintas, 22 horas de conversación, no es novedoso, ya que consta en el lapidario informe de Starr, pero ahora la estampa y figura de Lewinsky, con sus trajes sastre y sus labios pintados de rojo furioso, cobraron vida gracias a la difusión de su voz.
Es la evidencia número uno de Starr, piedra de toque de la investigación, alimentada por Tripp, compañera de trabajo de Lewinsky en la Casa Blanca y en el Pentágono, que tiene en jaque a Clinton desde enero y que, por más que los resultados favorables a los demócratas en las últimas elecciones hayan desalentado a los congresistas republicanos, continúa en pie con el riesgo de ser sometido a un juicio político por perjurio y otros cargos.
La venganza de Linda
Tripp, la última en ver con vida a Vince Foster, el abogado de la Casa Blanca que se suicidó en forma misteriosa y que estuvo vinculado con el caso Whitewater, la inversión inmobiliaria de los Clinton en Arkansas para la cual fue nombrado originalmente Starr, compró un grabador en Radio Shack y guardó, bajo siete llaves, las cassettes hasta que, el 17 de enero, el presidente declaró ante los abogados de Paula Jones que no había tenido relación de ningún tipo con Lewinsky.
Esa mentira, mantenida por Clinton hasta el 17 de agosto, fue el motivo por el cual puso las pruebas que había reunido en manos de Starr, exponiéndose ella misma a investigaciones del FBI por la presunción de que habrían sido alteradas y por la prohibición en el Estado en donde vive, Maryland, de grabar conversaciones sin el consentimiento de ambas partes.
"Necesito salir de aquí porque, si no, voy a volverme loca -dice Lewinsky en una de las cintas-. Estoy histérica. Estoy temblando. Mi corazón ya ha sido lastimado antes. Sólo que..., no puedo hacer más esto".
Clinton, al parecer, no leyó el informe de Starr ni escuchó las grabaciones. "Tiene cosas más importantes y más interesantes que hacer", martilló su vocero, Joe Lockhart.
Mañana, en la declaración de Starr ante la comisión, los abogados de la Casa Blanca tienen la posibilidad de formular sus propias preguntas. Eso significa que el fiscal podrá responder inquietudes de ambas partes, de modo de aclarar los alegatos en los que encontró 11 cargos contra Clinton.
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