
Nuevas teorías sobre el atentado contra el Papa
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ROMA.- "Ustedes buscan a los responsables de este atentado en el Este o en el Oeste, pero atención: en realidad están muy cerca de ustedes, es más, ¡adentro de ustedes! Es ahí donde tienen que buscar."
A 20 años del atentado contra Juan Pablo II, cometido por el turco Mehmet Alí Agca el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, persiste el misterio y surgen nuevas hipótesis y revelaciones sobre quién estuvo detrás del ataque que conmovió al mundo.
Una hipótesis más que desconcertante es la que saldrá próximamente en el libro que ha escrito el turco Oral Celik, un viejo amigo de Alí Agca y que quedó libre por falta de pruebas.
Celik, al parecer una de las personas que aún están con vida mejor informadas sobre los hechos, propone en su libro una nueva tesis: el complot contra Juan Pablo II no nació ni en el Este ni en el Oeste, sino en la misma Roma.
Según adelantó a La Nación Paolo Di Giannantonio, periodista de la RAI que entrevistó hace días a Oral Celik, en Turquía, "El día de los cardenales", como sugestivamente se llama el nuevo libro, aporta elementos más que interesantes, que hasta podrían inducir al juez Rosario Priore –que estuvo a cargo de tres investigaciones–, a reabrir una causa.
En su entrevista con Di Giannantonio, que hace 20 años investiga este tema, Celik dice que en el atentado hubo cardenales involucrados, servicios secretos y agentes financieros y bancarios vaticanos. Revela también que ese 13 de mayo de 1981, día de la Virgen de Fátima –que según el Papa le salvó la vida–, había unas diez personas en la Plaza de San Pedro. No sólo estaba Alí Agca –entonces un joven de 22 años que se acercó al Pontífice y le disparó con una Browning dos proyectiles calibre 9–, sino también “tres turcos, y los demás italianos”.
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Asimismo, Celik revela que Agca habló antes del atentado con “dos cardenales”, uno de ellos, “un alto responsable de política exterior”, por lo que se deduce que podría tratarse del entonces secretario de Estado vaticano, Agostino Casaroli.
El nombre del purpurado artífice de la famosa Ostpolitik vaticana, la política de acercamiento a los países del Este comunista, también es mencionado en otro novedoso libro, titulado “¿Por qué Alí Agca le disparó a Juan Pablo II?”. Escrito por Valeska von Roques, ex corresponsal en Italia de Der Spiegel, este libro salió en 2000 en Alemania y está a punto de publicarse en otros idiomas.
La teoría de Von Roques no difiere demasiado de la de Oral Celik: el Papa no fue víctima de un complot del Este, sino del Oeste.
No hay que olvidar que por mucho tiempo se creyó en la “pista búlgara”, que nació cuando, en septiembre de 1981, Agca contó que había sido reclutado por los servicios secretos de Bulgaria, que actuaban por cuenta de la KGB. Entonces terminaron detrás de las rejas tres funcionarios búlgaros, luego absueltos.
¿Cuál era el objetivo de un complot occidental contra el Papa? “Que cayera la responsabilidad en el Este, para desacreditar a la Unión Soviética y demostrar que un sistema capaz de golpear al Papa era el imperio del mal”, dijo a La Nacion la autora.
Según Von Roques, el complot nació entre los “halcones” que rodeaban al entonces presidente norteamericano Ronald Reagan. Estos no buscaban asesinar al Papa, sino herirlo, en señal de advertencia: “La pistola de Agca no apuntaba ni a la cabeza ni al corazón”, explicó.
Para ella, el complot contó con la participación de varios servicios secretos: los alemanes –“que entrenaron a Abdullah Cetli, jefe de Alí Agca, e intentaron corromper a los testigos turcos para sostener la pista búlgara”–, los servicios secretos italianos, los franceses y los suizos.
Pero esto no es todo. Para Von Roques el Vaticano también habría estado involucrado: algunos prelados –entre ellos Casaroli– contrarios a la política de rechazo frontal al bloque soviético inaugurada por Karol Wojtyla, de algún modo habrían participado en el complot.
Corrientes internas
El Vaticano tendría que ver “no sólo por lo que afirma Oral Celik, sino también porque en ese período había corrientes internas contrarias a que el Papa se convirtiera en el gran protector del Opus Dei, y por la extraña manipulación que hubo del secreto de Fátima”.
El Papa siempre pensó que la “Señora” lo había salvado milagrosamente: la bala que atravesó su cuerpo se encuentra en el santuario portugués. El Pontífice viajó allí el año último e hizo saber que el guardadísimo tercer secreto de Fátima –la tercera parte del mensaje que su virgen “protectora” confió a tres pastorcitos en 1917–, prenunciaba el atentado.
Un mes más tarde, el ejecutor del complot, Mehmet Alí Agca, que había sido condenado a prisión perpetua, fue indultado por el presidente Carlo Azeglio Ciampi y extraditado a Turquía, donde sigue en la cárcel.
“Según las actas de los procesos, y los documentos que encontré en Washington, tengo la impresión de que en los altos niveles querían poner una lápida sobre la verdad”, asegura Von Roques. Y denuncia: “Había personas en el Vaticano que sabían y que no hicieron nada para impedir el atentado al Santo Padre”.
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