
McVeigh, en la antesala de la muerte
Unos 800 policías fueron convocados para prevenir incidentes cerca de la prisión
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TERRE HAUTE, Indiana.- Timothy McVeigh, aparentemente resignado a lo inevitable mientras cientos de policías patrullan la cárcel de Indiana, contaba ayer las horas que le quedaban de vida antes de ser trasladado hoy a la antesala de la muerte, un sector ubicado a 500 metros de la cámara donde será ejecutado mañana.
McVeigh, de 33 años y veterano de la Guerra del Golfo, pasará a ocupar una celda sin ventanas en la que permanecerá a la espera de ser conducido al sector donde recibirá una inyección letal. El condenado fue hallado culpable por la muerte de 168 personas en el atentado de Oklahoma, en 1995, el más grave en la historia de los Estados Unidos.
McVeigh se negó a que le tomaran fotografías en la cárcel cercana a Indiana y solamente se proporcionaron detalles escuetos sobre sus horas finales. La ejecución del reo está prevista para las 7, hora local (las 9 en la Argentina).
Grupos y personas contrarios a la pena de muerte, como Amnistía Internacional e incluso el papa Juan Pablo II, han manifestado su oposición a esta condena, pero sus solicitudes de clemencia fueron rechazadas.
Algunos de los sobrevivientes o víctimas de la explosión estarán en Terre Haute, mientras que otros tienen planeado reunirse en la ciudad de Oklahoma.
Esta será la primera vez desde 1963 que el gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo una ejecución federal.
Las autoridades del penal dividieron la prisión en dos sectores con cinta de plástico de color naranja, los cuales están rodeados de reflectores y baños temporales para los manifestantes que protestarán por la ejecución (o la celebrarán).
Más de 800 agentes de policía han sido llamados a Terre Haute y sus alrededores para evitar actos de violencia por parte de los simpatizantes de McVeigh.
Incluso la policía estatal de conservación de recursos naturales estaba vigilando el río Wabash -que pasa por detrás de la prisión- a fin de detectar actividades sospechosas. Cerca de la hora de la ejecución habrá vehículos de doble tracción en las orillas del río, como precaución adicional.
Sin temor
Uno de los abogados de McVeigh, Richard Burr, dijo que su cliente "ha dicho en repetidas ocasiones que no le tiene miedo a la muerte. Tenía tan poco temor como un soldado. No sé si enfrentar la muerte de uno es tan fácil como no tenerle miedo a la muerte incierta en combate".
McVeigh no ha manifestado públicamente arrepentimiento alguno por el atentado. La última y remota tabla de salvación podría ser un aplazamiento de la ejecución o una conmutación de la pena por prisión perpetua emitida por el presidente de los Estados Unidos.
George W. Bush, partidario de la pena de muerte, presidió las ejecuciones de 152 asesinos convictos durante los cinco años en que fue gobernador de Texas, antes de ocupar la Casa Blanca.
McVeigh recibirá una inyección de pentotal sódico, bromuro de pancuronim y cloruro de potasio. Morirá unos diez minutos después, cuando el compuesto le haya paralizado el corazón y los pulmones.
"El señor McVeigh ha resuelto poner fin a este proceso. Su actitud es de calma y su decisión, clara", dijo otro de sus abogados, Robert Nigh.
Fuentes de la oficina de prisiones señalaron que había llegado a un acuerdo para que no se le practique una autopsia ni se celebren servicios religiosos en su memoria. Sin embargo, su padre dijo que elevará plegarias en una iglesia cercana al lugar donde fue criado cuando era niño, en la fe católica. También ha pedido los restos, que serán incinerados y las cenizas, entregadas a Nigh.
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