Desarrollo de lujo en una favela con vista al mar
Rolf Glaser, un empresario alemán, invirtió más de un millón de reales en Vidigal, para crear un complejo turístico en el asentamiento; el proyecto se inscribe en el marco de otros emprendimientos que apuestan a captar el turismo creciente de Río de Janeiro con diferentes alternativas en el interior de los barrios más humildes. Por Luján Scarpinelli
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RIO DE JANEIRO.- Con su tez pálida, su rubio germano y su camisa blanca, camina como un vecino más de Vidigal, la favela que se extiende sobre los morros Dois Irmãos sobre las exclusivas playas de Leblon.
Rolf Glaser, un empresario alemán, fundador de una de las casas de cambio más importantes de Europa Central (Exchange AG Berlín), fue seducido por la panorámica que ofrece la altura en este punto de la ciudad: una mezcla de urbanidad, vegetación y una costa que se diluye en un mar casi infinito. Detrás, la figura del Cristo custodia la favela desde la cima del Corcovado.
Todo se divisa desde el balcón dispuesto como un mirador en la casa más lujosa de Vidigal, por la que Glaser desembolsó 350.000 reales. En este refugio implantado en la favela -donde recibió a lanacion.com -, habita buena parte del año. Unos cuatro o cinco meses, lo hace en su tierra natal.
El empresario, casado con Cláudia, una brasileña que conoció en Berlín, pisó por primera vez suelo carioca en 1980. Pero hace poco más de dos que trepó a la cima de Vidigal y se afincó allí con un plan revolucionario: explotar el potencial turístico de la favela.
Con esa idea en mente, y la experiencia de haber viajado -y negociado- en territorios africanos, compró 37 propiedades (entre terrenos y casas valuadas en hasta 30.000 reales). La inversión superó el millón de reales, detalló Glaser a lanacion.com.
"Además de la vista, la cercanía con la cultura y las costumbres del lugar son lo que hacen a este lugar atractivo al turismo. No es lo mismo que estar en un hotel de lujo en la ciudad", explicó el empresario.
El proyecto se basa en intervenir en distintos puntos de la favela que cuenta 8000 viviendas y unos 30.000 habitantes, y crear condiciones propicias para el desarrollo turístico. "Vidigal necesita alojamientos, posadas, una linda panadería y sitios que ayuden a la ciudad a iluminar lugares oscuros. Todo esto tiene que funcionar en forma conjunta. Así se generarían empleos y un desarrollo en el lugar", dijo Glaser, que confía en la seguridad de esta favela.
Para eso, Helio Pellegrino, un reconocido arquitecto, trazó las líneas de un hotel de lujo, una posada, un restaurante, bares, una galería para exposiciones permanentes de artistas locales y un museo donde se exponga la historia de Vidigal. El objetivo es crear un ambiente confortable, respetando la fisonomía de la favela y privilegiando las vistas, sin generar fuertes contrastes. Además, en la parte más cercana a la costa, se pretende construir un complejo deportivo.
Las obras comenzaron el año pasado, pero actualmente están paralizadas por Prefeitura, el gobierno municipal de Río, que teme una especulación inmobiliaria en el lugar que obligue a los residentes a vender sus propiedades y abandonar el lugar. Las opiniones sobre el proyecto están divididas entre las autoridades y Rolf sigue a la espera.
El extranjero, que cuenta con el apoyo de la Asociación de Moradores de Vidigal, defiende la raíz social de su iniciativa. "El proyecto apunta a generar un desarrollo que les muestre a los residentes de Vidigal cómo hacer su propio negocio. Es decir, capacitarlos, brindarles habilidades, para que después, por ejemplo, puedan administrar su propio bed and breakfast".
La inserción de este habitante foráneo en la comunidad tiene otra pata, denominada Vidigal Feliz. La acción de esta Organización No Gubernamental busca compatibilizar el desarrollo de infraestructura con la educación y el empleo de los pobladores. Una vez que se reactive el proyecto, se pondrán en marcha talleres relacionados con las actividades turística y artística. Y si el plan se concreta, se los lanzará al mercado laboral.
En Vidigal también funciona el grupo teatral Nós do Morro, que lanzó a la televisión y al cine, por ejemplo, a Jonathan Haagensen, protagonista de Ciudad de Dios, en 2002.
Hasta ahora, Glaser donó una ambulancia y miles de cestos de basura para Vidigal. Pero nada parece reparar el "mal asesoramiento" que dice haber tenido antes de volcar semejante suma de dinero. Ahora, el emprendedor busca ablandar la posición de las autoridades de la ciudad con el apoyo de las fuerzas sociales. "No estoy dispuesto a pagar por tener el derecho a ayudar", se quejó Glaser.
Las ambiciones del empresario superan los límites de Vidigal. "Cuando tengamos éxito aquí, desarrollaremos otros lugares. Conozco la ciudad aunque soy de afuera, y sé donde puedo ayudar. Me gusta vivir aquí y quiero contribuir", concluyó.
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