
Con respeto alcanza
Por Javier Comunale javier.comunale@fibertel.com.ar Desde Bélgica
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Llegué hace exactamente seis meses a Bélgica y pese a que conocía Europa y de alguna manera -ya sea por el colegio o por mis actividades profesionales en Buenos Aires- siempre tuve contacto con este continente, no dejo de sorprenderme.
Por supuesto Bélgica pertenece a esos países que los argentinos no estamos tan acostumbrados. Como Italia o España.
En nuestro país hay una idea (tácita) de que Bélgica es Bruselas y por ende que el francés predomina. Pero no es tan así. Por el contrario: dado que la región de « Vlaanderen » es la económicamente más prospera, se podría decir que el idioma que predomina en lo comercial es el holandés. Pero por supuesto el francés queda reservado para toda actividad internacional; quedando el alemán un poco rezagado debido a que la colonia alemana es minoritaria.
Lo cierto es que Bélgica tiene un complejo sistema político: el Reino se compone de la región Walona (al sur), la región Flamenca (al norte) y de Bruselas (al centro). Cada región tiene su propio sistema de gobierno, y sus propios representantes que finalmente confluyen en el Gobierno Nacional.
Dado el origen, histórico, de Bélgica concuerdan todos sus habitantes en la escasa identidad nacional y patriotismo que aquí impera. En reiteradas ocasiones, en charlas « oficiales » y « de entre casa », me han comentado que son pocos los belgas que conocen su himno. Por otra parte el mismo himno se canta en francés y en holandés lo que hace más difícil su aprendizaje.
Esta es una sociedad muy organizada basada en un extraño respeto hacia todo y por todos. Califico de « extraño » al respeto, pues no creo que ni siquiera los propios belgas sean conscientes del mismo. Da la sensación de que ya está incorporado a su forma de ser y que por lo tanto no lo viven como una cualidad sino como una característica más.
El flamenco a diferencia de su connacional walon es más cerrado. Y su día difícilmente se despegue de una rigurosa agenda que hasta registra visitas de parientes cercanos y cafés con amigos. El tiempo es algo « escaso » para el flamenco!! Este por cierto es un aspecto criticable desde nuestra óptica latina, pero es su estilo y como habitante de su país no me permito denigrar.
Otra cosa que me llama la atención es un cierto « descuido » por el cliente. Y la única explicación que le encuentro es que aquí se vive bien y por ende siempre hay clientes (sumado a una importante presencia del Estado), y no es tan necesario atenciones extras para hacer exitoso un negocio. En ese carril también van los horarios de los negocios. Todos los días abren y cierran en distintos momentos. La única explicación es que el dueño también tiene que disfrutar de la vida.
Mi reacción a ello fue preguntarme porque no contrataban a alguien para así aprovechar más horas, más clientes y más ganancias …la respuesta es que el costo de un empleado es altísimo y por ende deja de ser negocio. Como se ve, la idea es diametralmente opuesta a la de nuestro país donde los sueldos hacen que todo negocio sea posible…..a un costo social muy alto.
Si de comida hay que hablar Bélgica no es un país para ponerse a dieta!! No solo tienen los mejores chocolates del mundo (extrañamente nadie ha podido imitar su calidad) sino que se pueden degustar innumerable cantidad de exquisiteces (panqueques ; peperkoek -suerte de pan endulzado o biscochuelo- ; galletitas dulces de todo tipo, etc), mezclándose con éxito, aquí sí, el arte culinario francés con el holandés.
Una grata sorpresa es el admirable respeto por la ecología que tienen los belgas.
El sistema de la « basura » es muy efectivo. El mismo consiste en la separación de los residuos según su tipo. Y para ello el Gemeente (municipio) provee de bolsas que según el color corresponden a: plásticos, tetra-brick, y residuos generales no comprendidos en los otros.
A su vez también se provee (en algunas ciudades gratis y en otras no) un container verde donde se depositan todos los desechos orgánicos. Si bien todos tienen la posibilidad de usar este container, quienes tienen jardín en sus casas, emplean un container propio más grande para « reciclar » el compost.
El cartón y el papel también tienen su propio espacio. Todo ello para reciclar lo que tenga tal aptitud.
Por último, el sistema se completa con un calendario que distribuye cada Municipio donde se especifica que día pasará el camión a retirar el tipo de bolsa. Es decir, no todos los días pasa el camión recolector, y cada residuo tiene su propio día. (Por ejemplo el cartón y el papel se retira una vez por mes). Con este sistema se ahorran innumerables recursos.
Es importante mencionar que la Argentina y Bélgica no tienen convenios binacionales por lo que todo argentino aquí debe obtener su licencia de conducir mediante un riguroso examen teórico y práctico. Lo interesante aquí es que, sabiendo el gobierno belga la enorme cantidad de inmigrantes que hay y la dificultad en aprender el holandés, el examen oral puede dárselo en su propio idioma. Para lo cual se establecen fechas especiales donde se reúne a cada grupo idiomático, y se provee de un traductor oficial que interroga a los aspirantes.
En definitiva un país hermoso, difícil de habitar, pero valioso. Y si alguno le asalta el deseo de decir « claro es un país del primer mundo » yo solo puedo decirle que « es cierto », pero que no hace falta mucho para lograr lo que ellos han logrado en poco tiempo (piénsese que Bélgica existe como tal desde 1830): con respeto alcanza!
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