
Boa Vista está cercada por el fuego
Bomberos argentinos llegaron a la región para colaborar en el combate
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BOA VISTA, Brasil.- Desde que se abre la puerta del avión comienza a tenerse la certeza de qué está sucediendo aquí, en el extremo noroeste del Brasil, casi en el límite con Venezuela. El olor acre penetra a bocanadas en la aeronave y una ola impensada de calor invade el ambiente, aunque el piloto haya anunciado 23 grados centígrados.
Ya sobre la pista, las ráfagas tórridas acercan hasta la nariz inconfundibles vahos. La ciudad está cercada por los fuegos, por focos que amenazan con seguir arrasando a razón de cuatro kilómetros diarios. Este poblado recibe su nombre (Buena Vista) por el cielo límpido que facilita ver todo el campo de estrellas en un óvalo perfecto cuando no se está incendiando el pulmón de la Tierra, claro está.
¿Y el acuerdo del Mercosur, dónde quedó? Uno se pregunta también por aquellas naciones que se ufanan de llenar hoteles en cuanta convención sobre el clima hay. Que se muestran preocupadas por la diversidad biológica y por el calentamiento. ¿A alguien le importa lo que pasa aquí? ¿O es sólo una foto, unos días en primera plana y luego en páginas interiores, sin historias de vida detrás?
Ayer a la mañana llegó un contingente de bomberos del Plan Nacional de Manejo del Fuego y de los Cascos Blancos enviado por la Argentina como la primera ayuda internacional.
El incendio comenzó hace dos meses y se han quemado más de 38.000 kilómetros cuadrados, una superficie que representa un cuarto del Estado de Roraima. Con la ayuda de los profesionales argentinos, que ayer evaluaron los focos más cercanos a esta capital, los habitantes del Estado reciben un poco de alivio.
Apiaú, donde hubo un pueblo
A 140 kilómetros al sudoeste de Boa Vista, surcando caminos de tierra se encuentra el caserío de Apiaú. Allí se puede ver a medio millar de personas haciendo diferentes filas: una para recibir agua potable, otra para el plato caliente del día y una tercera para la canasta familiar de alimentos. Madres con sus hijos a cuestas, embarazadas descalzas, hombres de rostro curtido y físico enjuto se turnan con la cabeza gacha para recibir un plato descartable con un trozo de asado a la parrilla y dos cucharadas de arroz con queso rallado.
En una esquina del porch de un edificio público, los chicos aguardan los sachets de 300 centímetros cúbicos de agua potable que harán explotar entre sus dientes. Entre ellos está Evarmelinda Gonçalvez, que agradece en voz alta que el gobierno de la Prefeitura (intendencia) se haya acordado de quienes perdieron el hogar. Con sus pequeños hijos Tadeo y Tidao, los mellizos que apenas pueden permanecer quietos dos minutos, hace más de una hora que fríe sus sesos al sol del mediodía. Pero por lo menos hay algo para llevarse a la boca.
Bruno Eloir Hirt es un hacendado que fue próspero y supo ver los frutos de su trajinar hace diez años, cuando compró 1100 hectáreas en las afueras de Apiaú. De a 100 hectáreas el lote, Bruno fue plantando, cosechando y criando ganado. El fuego le devoró cuatro hectáreas de banana, seis de caña y veinte de pasturas en los últimos días. "Eran las últimas que quedaban sin ser arrasadas", dice con una mueca de dolor. Calcula que ha perdido unos 65.000 dólares y que no los va a recuperar fácilmente. "En vez de hacer asistencialismo, el intendente debería resarcirnos por los daños para que podamos volver a empezar. Esto es un paliativo: pan para hoy, hambre para mañana." Una hectárea valía unos 480 dólares antes del fuego, ahora nadie quiere pagar uno solo por ella. En la Prefeitura anotan en una interminable lista a los ganaderos que necesitan sal para sus animales: el que tiene más de 50 cabezas debe hacer la fila dos veces. "El gobierno proveerá", les informa sonriendo un funcionario que calza gorrita con el nombre del intendente Neúdo Campos. Es que Brasil está en campaña electoral otra vez. Quizá por eso se potenció la ayuda y desde la Secretaría de Educación, Sportes (deportes), se multiplican las manos que regalan latas de gaseosa a los chicos.
El fuego que no se apaga
No hay caso. Aunque los escuadrones de 30 hombres de los bomberos de Roraima y de los militares de Brasilia se pasen el día dando picadas cortafuegos, el incendio se ha ensañado con la foresta. Con machetes, mochilas de 25 litros y apagadores (unos palos largos con alfombras de goma en la punta para golpear ramas y suelo) consiguen atenuar sus efectos. Un brote que habíamos visto controlado por la mañana, a la tarde recrudeció en un espectáculo de enormes proporciones.
Al ver la columna de humo ennegrecerse sobre el camino que va a la villa Antonio Riveiro Campos, "o novo Paraíso do agricultura", nos acercamos. Un lugareño, provisto de su apagador, batía sin piedad un alto castaño hasta derribarlo. Estaba envuelto en lenguas de fuego. "Tampaió, tampaió ", vociferaba en su dialecto, lo que un vecino tradujo como "no puede ser, otra vez."
Radiografía del desastre
- Origen: hace dos meses se iniciaron los focos de incendio, que superan los 2000. No llueve desde hace 5 meses. Lo único que podría extinguir las llamas, que avanzan cuatro kilómetros por día, es una gran lluvia.
- La lucha: más de 198 bomberos locales combaten el fuego. Llegaron más de 100 efectivos del Plan Nacional de Manejo del Fuego y 21 de los Cascos Blancos de la UN, enviados por el presidente Carlos Menem.
- Equipos: se trajeron dos helicópteros U Bell que provienen de las brigadas regionales de Córdoba, de Parques Nacionales y de El Bolsón.
- Perjuicios: el gobierno brasileño asignó una partida de dos millones de reales para ayudar al Estado de Roraima. Casi el 25 por ciento de la superficie estatal fue arrasada. El Estado de Roraima tiene 235.000 habitantes, de los cuales 35.000 son aborígenes. En Apiaú viven 5000 habitantes. El 90 por ciento de ellos perdió todo.
Venezuela, afectada
CARACAS (ANSA).- La amazonia venezolana también está siendo afectada por el fuego desde febrero último, aunque en menor intensidad que en el fronterizo Estado brasileño de Roraima, según las imágenes aportadas por el satélite climatológico NOAA.
"A partir de febrero Venezuela ha estado llena de incendios. Se apaga uno y se enciende otro", dijo a la prensa local Denise Stecconi, investigadora del Instituto de Ingeniera encargado de la recepción de las imágenes satelitales.
Sin embargo, los especialistas consideran que el incendio que azota al Estado de Roraima, que ya ha consumido gran parte de su territorio, no afectará a la amazonia venezolana.
El ministro del Ambiente, Rafael Martínez, relativizó esta posibilidad y dijo que, según las "imágenes satelitales que pudieron recogerse", el fuego "va en disminución" en la Amazonia brasileña.
Martínez dijo que en la zona soplan vientos del Nordeste y "esto hace que el fuego tienda a alejarse de Venezuela".
Estado de emergencia
Pero el avance de las llamas en el Amazonas brasileño encendió la alarma en Venezuela, donde el Congreso pidió al gobierno declarar en "emergencia" el Estado homónimo, en la frontera con ese país.
En una declaración, el Congreso solicitó al gobierno mantenerse en "alerta" y tomar todas las medidas para evitar que se extienda el incendio a territorio venezolano.
Las autoridades encargadas de la Defensa Civil de las poblaciones fronterizas al Estado de Roraima se encuentran en permanente estado de alerta.
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