Tupamaros y sus fantasmas
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Con evidente preocupación, la sociedad uruguaya tomó conocimiento de un comunicado del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en el que se destaca que "el gobierno nuevamente es conducido por un Lacalle, que lleva en su ADN la necesidad de aplicar a rajatabla la vieja y ya conocida receta de ajuste estructural" de la economía. Señala también que se ha iniciado un proceso destinado a revertir políticas implementadas por el Frente Amplio para orientarlas hacia el sector empresarial, que brindó total apoyo para que Luis Lacalle Pou fuese elegido presidente.
En opinión de esa facción, el gobierno intenta implementar una receta impopular y regresiva, a través de un modelo de ajuste y violencia que fracasó en varios países del continente, con graves consecuencias económicas y sociales. "Todo instrumento que surja de la lucha de nuestro pueblo y sus organizaciones más representativas debe estar orientado a profundizar y ampliar la base política y social que permita resistir el modelo regresivo", agrega, y retoma una frase asociada a los orígenes del movimiento: "Ningún cordero se salvó balando".
Hace poco, en un destacable ejemplo de alternancia política, la sociedad uruguaya votó en elecciones libres y sin cuestionamientos por Lacalle Pou, luego de 15 años de gobierno del Frente Amplio, ratificando así el pleno respeto por las instituciones democráticas. Es de esperar que el reaparecido movimiento tupamaro no altere la vocación pacífica que ha demostrado la ciudadanía uruguaya a lo largo de su historia. Nada sería más perjudicial para ese país y para la región que volver a la violencia de décadas pasadas.



