
Patrimonio mundial destruido
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Las huestes de Estado Islámico (EI) no sólo son responsables de crímenes abominables contra civiles inocentes y de persecuciones religiosas y violaciones de derechos humanos. Son también culpables de haber destruido verdaderos tesoros arqueológicos e históricos irreemplazables. Uno de los casos más tristes fue el del saqueo y destrucción, a fines de febrero pasado, de la ciudad histórica de Hatra, declarada parte del patrimonio de la humanidad por la Unesco, y el de Nimrud, la ciudad asiria que en su momento fue la capital del primer reino árabe. Ambas ciudades están en la provincia de Nínive, Irak.
La destrucción se consumó con todos los medios posibles: explosivos, topadoras, excavadoras, masas y martillos, y basada en la creencia de que los monumentos atacados eran ídolos representativos de dioses falsos y por ende inaceptables, según su interpretación radical de la ley islámica. Una terrible e inexplicable jihad "arqueológica" que continuó con ataques similares en Dur Sharrukin, alguna vez capital de Asiria, también en Nínive, y no demasiado lejos de Mosul, la segunda ciudad de Irak, cuyos museos de historia y antigüedades fueron objeto de trágicos ataques y saqueos.
Como lo señaló la directora de la Unesco, Irina Bokova, se consumó así la destrucción deliberada de parte del patrimonio cultural universal, lo que constituye un crimen de guerra explícito, es decir, un delito de lesa humanidad cometido en el transcurso del conflicto armado interno que hoy afecta a varios de los países de la región, incluido Irak.
Hablamos de bienes insustituibles, de alrededor de 2700 años de antigüedad, destruidos por el fanatismo, parte de la historia de Irak y de la Mesopotamia, irremediablemente dañada y que había logrado sobrevivir a otras guerras e invasiones pasadas, de árabes, otomanos y mongoles. Por supuesto, hubo también saqueos y robos de piezas y monumentos en buen estado de conservación, que se escondieron o comercializaron en el mercado negro.
La destrucción de los bienes culturales fue acompañada de la persecución implacable de los cristianos asirios de la misma región, una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo que todavía habla arameo, el idioma de Jesucristo. La "limpieza" étnica recayó sobre 30 poblados de esa comunidad, en donde hubo asesinatos, violaciones e intentos de esclavizar a los cristianos.
Estas provocaciones lamentables no reconocen límites de ninguna naturaleza y con ellas se procura atraer a los rivales a combatir en el terreno, además de ser contrarias a todo lo que signifique respeto por la diversidad o el pluralismo. Por eso, sus responsables no pueden quedar impunes y será necesario en su momento llevarlos ante la justicia para que asuman la grave responsabilidad que les corresponde ante el mundo.






