Que el FMI nos salve del criptogate
Quienes están al tanto de las conversaciones arriesgan que para fines de marzo, a más tardar abril, el acuerdo con el organismo debiera estar cerrado; al Gobierno le hubiera gustado cerrarlo esta semana
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Se acercan las últimas semanas de negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Quienes están al tanto de las conversaciones arriesgan que, para fines de marzo, a más tardar abril, el acuerdo debiera estar cerrado. Faltan todavía algunas semanas, mal que le pese al Gobierno, al que le hubiera gustado mostrar este jueves el acuerdo sellado junto con la foto del encuentro entre Javier Milei y la directora general del organismo, Kristalina Georgieva, en un intento por acallar las críticas que recibió por el criptogate, y también por volver a impulsar el furor financiero que lo acompañó durante todo 2024.
En Washington, al menos, el criptogate no tuvo tanto impacto. La realidad es que tampoco se espera de la Argentina un comportamiento ejemplar; acumula décadas de rebeldía. Y los norteamericanos tienen ya la agenda copada con las excentricidades y con las nuevas medidas de Donald Trump: les queda poco margen para poner el foco en otros temas. El inefable Trump ya abrió todas las puertas posibles: aunque parezca difícil, es poco lo que puede decir o hacer el gobierno libertario que escandalice tanto. Al igual que en el gobierno de Javier Milei, pareciera que la estrategia comunicacional del líder republicano pasa por nunca dejar huecos en la agenda pública, y siempre acelerar a fondo. Trump, a su vez, no esconde que su vara moral es bastante baja, por no decir, nula.
“Creo que todo el tema cripto tiene un impacto bajo en la opinión pública”, evalúa, por su parte, Ignacio Labaqui, analista político.
“Y el mercado depende en gran medida de la opinión pública y de la perspectiva de gobernabilidad. Si cree que puede haber impeachment reacciona, pero acá no están los números en el Congreso para eso. Sí creo que esta crisis incrementa la dependencia del Pro en materia legislativa. Es la primera vez que el Gobierno pierde el control de la agenda y está a la defensiva en redes sociales”, agrega uno de los consultores locales más respetados en el exterior.
Son varias las cuestiones que todavía están sobre la mesa de negociaciones del Gobierno con el FMI. Tal vez, la más importante pasa por definir qué porcentaje del dinero fresco se desembolsará al comienzo del acuerdo, lo que en la jerga se conoce como front-load. Acá el monto va desde los US$10.000 millones a los US$12.000 millones. Se descuenta, en cualquier caso, que el levantamiento del cepo será gradual. Así, al menos, lo estaría proponiendo el FMI, que además quiere tener la certeza de que la Argentina, eterno incumplidor de acuerdos, se mantendrá en línea con lo que quede plasmado en el documento.
La otra cuestión pasa por el “nuevo regimen cambiario”, tal cual lo anticipó en declaraciones públicas el ministro Luis Caputo. Es posible que un esquema de bandas de flotación del tipo de cambio, como sugiere el Fondo, no termine de hacerse público, incluso después de firmado el acuerdo. “Es parte de la negociación”, reconocen las fuentes. Se sabe que la cuestión cambiaria es de extrema sensibilidad para los argentinos, más aun en pleno año electoral, y el FMI a esta altura no lo desconoce. En la época de Mauricio Macri, por caso, se había acordado en una banda de flotación de entre $34 y $44, relativamente amplia, que además se actualizaba mensualmente de acuerdo a una tasa (crawl).
“En el FMI son conscientes de que no hay margen para mucha oscilación cambiaria mientras la Argentina tenga este nivel de reservas”, dijo otra fuente, con llegada habitual al staff del organismo. “Me parece que en el corto plazo podrían ir más por recortar el dólar blend –que obliga a los exportadores a liquidar el 20% de sus divisas en el mercado de contado con liquidación– y por reducir las intervenciones en el MEP”, evaluó.
Por más que el Gobierno niegue en todo momento que el tipo de cambio está atrasado, y simplemente admita que hay “precios adelantados”, el consenso de los economistas parece descontarlo. Joaquín Cottani, exviceministro de Economía del equipo de Luis Toto Caputo, publicó esta semana un duro informe en el que aborda precisamente el tema. “No hay dudas en mi mente de que el peso argentino está actualmente sobrevaluado”, comienza, quien hasta mediados del año pasado formó parte del gabinete, aunque admite que no se puede decir a ciencia cierta en qué proporción. “En mi visión, la verdadera razón por la cual los funcionarios del Gobierno niegan tan vehementemente el atraso cambiario no es porque crean en lo que dicen (si lo hicieran me preocuparía), pero porque necesitan desactivar las expectativas de devaluación de cara a las elecciones de medio término, ya que podrían ampliar la brecha cambiaria y volverla inestable”, dice en el informe para Global Source Partners.
Para el economista, que parece alineado en sus observaciones con su coterráneo y tan criticado por Milei, Domingo Cavallo, la alternativa sería postergar la promesa de apertura del cepo más allá de 2025. Pero, aclara, esto no sería creíble, porque también sería óptimo para el Gobierno levantar las restricciones cambiarias apenas transcurridas las elecciones. “Basado en esta realidad –concluye–, esperaría que el cepo se levante después de la elección y que la gente se anticipe, lo que hará que se amplíe la brecha y crezca la volatilidad de cara a la fecha”.
Hasta octubre, no obstante, parece haber cierto consenso de que el Gobierno tiene el camino relativamente allanado. Siempre y cuando no surjan cisnes negros como el que esta semana generó el propio presidente Milei con el criptogate. Los apoyos de los gobernadores, como el de este jueves de Maximiliano Pullaro, que gracias al voto de uno de sus senadores impidió que el Senado abra una investigación por el criptogate, sugieren que, en términos electorales, el respaldo a Milei se mantiene firme.
Pero son muchas las aristas que no cierran en este caso. Tal vez, lo peor fue que quedó en evidencia que el emperador está desnudo, al menos, que el mecanismo de toma de decisiones por momentos tiene una precariedad pasmosa.
Aun creyendo en la ingenuidad del Presidente, la liviandad con la cual “difundió” una inversión a todas luces especulativa y poco apta para financiar a pymes argentinas, y además luego plagada de irregularidades, esmerila su figura y hace dudar de la capacidad de su entorno. Este fue el comentario generalizado en algunos chats empresarios, en particular, entre quienes apoyan al Presidente y que desean que su plan funcione. En Economía aseguran que ni siquiera estaban al tanto de la iniciativa.
Pero parece difícil creer que un grupo de lúmpenes como el que está asociado al criptogate haya tenido acceso en reiteradas ocasiones al círculo intimo del Presidente, cuando CEO globales –como fue en su momento Jakob Stausholm, CEO global de Rio Tinto, o Jane Fraser, de Citi, que visitaron la Argentina el año pasado– tuvieron que contentarse con ser recibidos por algun ministro. Es cierto que a nadie se le ocurriría pedirle a una multinacional, menos si cotiza en Bolsa, algo a cambio de habilitarle el acceso al despacho de la Rosada. ¿Tendrá esto algo que ver? Es una pregunta que, al menos, cabe formularse.
Todo cambia muy rápido
Más allá de los logros indudables que tiene la administración en materia económica y política en lo que va de su mandato, todavía tiene un desafío hacia adelante que no es menor. La competitividad de la economía será el tema de discusión pasada la elección. Por ahora, aunque el superávit fiscal sigue firme, la realidad es que quienes siguen los números macro de cerca admiten que hay poco margen para avanzar en una mayor rebaja de impuestos. Como a Macri, post-legislativas de 2017, el mercado le demandará a Milei varias de las grandes reformas. Es posible que el Gobierno empiece a hablar de ellas –aunque más no sea como bandera– apenas iniciado el periodo de sesiones ordinarias del Congreso.
Por ahora, quienes otean las empresas que están en venta son casi todos nombres locales. En la carrera por quedarse con Telefonica, en el mercado aseveran que tres de los candidatos más firmes serían los Werthein, Eduardo Eurnekian y hasta Alberto Pierri, que a fines de 2024 había contratado a Bank of America para buscar interesados en comprar parte de su empresa, Telecentro. Todo cambia muy rápido siempre en la Argentina. Así como pasamos en menos de dos años del gatekeeper de las importaciones, Matías Tombolini, al auge de compras via courier.

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