El país europeo que pasó de no tener infraestructura básica a ser un “paraíso digital”
Estonia tiene 1,3 millones de habitantes; es un destino para perfiles profesionales ligados a la tecnología
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Con 1,3 millones de habitantes, Estonia se independizó en 1991 de la entonces Unión Soviética y comenzó una historia de desafíos. Le faltaba desde infraestructura básica a una Constitución. Sin embargo, hoy es el país más digitalizado del mundo. “Enseguida nos dimos cuenta de que la administración pública y la burocracia gubernamental eran muy caras”, comentó sobre el tema el estonio Linnar Viik, ingeniero, economista y uno de los artífices de la revolución tecnológica en el país. Para Estonia, avanzar hacia un Estado digital fue una cuestión de supervivencia.
En este sentido, hace una década, en 2014, vio la luz la e-Residency, el programa que le permite a cualquier persona del mundo hacerse residente digital de Estonia, con la posibilidad de acceder a sus servicios, poder crear una empresa allí y gestionarla como cualquier otro ciudadano del país. Hay unos 111.000 ciudadanos estonios de este tipo, de diferentes lugares del mundo. Hay que tener en cuenta que la residencia digital no aporta la ciudadanía ni exime de la necesidad de la visa. Fue instrumentada para dinamizar la economía, ya que permite establecer un negocio con base en la Unión Europea.
El esquema permite abrir un negocio sin director local en el país, acceder a los servicios bancarios y de pagos online, declarar los impuestos a través de internet o firmar documentos sin nunca tener que ir a Estonia. Desde el Gobierno siempre recalcaron que todas las transacciones son registradas y que todo es transparente. No cambia las regulaciones internacionales impositivas. El costo de obtenerla es de 100 euros. Hay que escribir una carta de motivación, presentar pasaporte, historia empresarial (de tenerla), currículum y foto. Una vez aceptada, se indica a dónde retirarla.
Ahora bien, los argentinos que viven efectivamente en el país son pocos, unos 50. Felipe Mohando, abogado mendocino, es uno de los pioneros en radicarse en Tallin, la capital de Estonia, hace 16 años. Como varios, llegó porque se enamoró y formó una familia. Consiguió trabajo en un estudio de abogados, donde no ejerce, sino que se encarga de gestión del conocimiento, equipos y estrategia de negocios. Coincide con los otros consultados por LA NACION en que es un país muy ordenado, extremadamente seguro, con una población de características homogéneas y que hace unas décadas fue aprovechado por sus vecinos nórdicos para conseguir mano de obra muy preparada a menor precio.

“Hubo un boom de Estonia cuando comenzó su transformación -detalla a LA NACION-. Logró uno de los PBI per cápita más altos de Europa (NdR: 27.500 euros por persona). Mart Laar fue el exprimer ministro que abrazó las ideas liberales y puso en marcha un plan de reformas muy rápido, creó la moneda propia, fue en dirección a una desregulación total. Pero en los últimos años, el país se orientó más a aplicar lo que dice Bruselas, para no estar desprotegido frente a Rusia, y diría que hay una re-regulación del país”.
Otro de los primeros argentinos en instalarse fue Juan Priotti, quien lleva 13 años viviendo en la capital. Programador, vivió en diferentes países y su esposa es estonia. Recuerda que cuando llegó había una decena de argentinos. “Vinimos de paseo, vimos que era tranquilo, lindo; se presentía que había buen futuro, que mejoraría la infraestructura -cuenta-. Hoy es un país avanzando, no hay burocracia”. Desde que se instaló, precisa, cuatro veces hizo un trámite en persona: ir a la policía a pedir el documento, sus dos renovaciones y el alta domiciliaria.
“Ahora alquilé un departamento como oficina, hice la solicitud por mail, la firma del contrato fue digital y el pago por internet -continúa-. Hasta hace un tiempo todo era posible a distancia menos casarse o comprar una propiedad, ahora la compra se hace por videoconferencia, leen los documentos; se firma digital en el momento con presencia virtual del escribano”.

Respecto a la seguridad del sistema, Priotti indica que en 2007 cuando se trasladó el “monumento a los libertadores” que los rusos habían instalado en 1947, Estonia sufrió ciberataques que duraron semanas. Los hackeos procedían de IP rusas, aunque Moscú siempre negó su participación. Desde entonces, el país construyó una infraestructura de ciberdefensa considerada como la tercera mejor del mundo, detrás de Estados Unidos y Arabia Saudí, según el Índice Global de Ciberseguridad (GCI).
Priotti apunta que el X-Road estonio, la plataforma de intercambio de datos que permite que las bases de datos registradas y los sistemas de información compartan información automáticamente sin participación humana, se convirtió en una suerte de “punta de lanza” de la digitalización europea. Aunque está orientada a organismos gubernamentales, las organizaciones privadas y sin fines de lucro también pueden solicitar unirse.
¿Emprender?
Radicado hace 11 años, Mariano Jofré -ingeniero en sistemas, dueño de una empresa de business intelligence, advierte que el concepto “emprender” no se ajusta fácilmente a las características del país. Enfatiza que se requiere un gran nivel de preparación, idiomas, formación en IT y, en muchos casos, pasaporte de la Unión Europea. Insiste en la necesidad de no crear “falsas expectativas sobre emigrar” a este destino.
Precisa que el país -por sus dimensiones- ni siquiera para los locales constituye un mercado. “Ellos hablan del mundo como mercado”, menciona. Confeso enamorado de Estonia, de la que elogia su simplicidad y facilidad para vivir, sostiene que para instalarse hay que tener una mente preparada para despojarse de muchas cosas: “Estar dispuestos a estudiar, a aprender, porque es una cultura muy diferente. No es para cualquiera, antes de decidirse hay que entender y ponderar muchas cosas”.

Cordobés, Pablo Zabala también lleva más de una década en Tallin y es un “emprendedor”. Dueño de Q Pan & Pizza, una pizzería. Con una larga historia iniciando negocios propios, incluso en el exterior -vivió en España- reconoce que Estonia tiene sus particularidades. Cuando llegó, también por amor, dice que fue su salvación un estonio (hoy amigo) que le encargó hacer un quincho. “Había tenido una constructora en la Argentina y también en España, así que empecé y eso me permitió hacer otras obras, construir muebles -describe-. Conocí un chef que me encargó unas parrillas para sus caterings y empecé con esa actividad yo también. Siempre me había gustado cocinar, ahora soy chef profesional. Empezamos con mi esposa, íbamos y veníamos cocinando a diferentes lugares, incluso a Rusia”.
Abrieron un restaurante que cerraron 20 días antes del inicio de la pandemia del Covid-19 y la pizzería, con la que continúa. Lo cotidiano es complicado, no por la burocracia sino para conseguir ingredientes como harina 0000 o mozzarella. Por el resto, asegura que hay soportes para encarar emprendimientos, como espacios de trabajo, tecnología a disposición, capacitación y financiamiento. Respecto de los trámites, enfatiza que son fáciles, y una autorización de apertura ronda los 100 euros. Relaciona este aspecto no solo con que el país buscó desburocratizar, sino con que el sector turismo y gastronomía es fundamental para Estonia.
Los impuestos que rigen son 0% sobre la renta; el IVA aumentó dos puntos porcentuales este año y pasó al 22% (en el caso de hoteles saltó del 9% al 13%); la carga sobre dividendos es del 25%. Si un empleado no es residente de Estonia, el impuesto sobre la renta se retiene a un tipo del 20%.

Víctor Vélez construye y repara violines. Se especializó en Milán (vivió en Cremona, la “ciudad de los violines”) y en 2014, con encargos para unos tres años que había conseguido cuando regresó por un tiempo a Buenos Aires, se radicó en Estonia. Allí decidió dedicarse a lo mismo. “No conocía, no hablaba el idioma. Busqué un espacio para alquilar mirando la columna del precio y así instalé mi taller en un sótano, que es como un departamento, con ventanas”, cuenta. Desde las afueras de Tallin vende a diferentes países.
Indica que para abrir una empresa con los mismos requisitos que un estonio hay que tener todos los papeles de la residencia, “sino, para un extranjero, las condiciones cambian”. “Desde hace unos años están llegando muchos argentinos y latinos en general; muchos programadores que tienen chances de conseguir trabajo o seguir con la empresa en la que ya están. Para otros oficios es más difícil; es más conveniente apuntar a países más grandes”, reflexiona.
Costo de vida en ascenso
A medida que el país fue mejorando, el costo de vida aumentó. La post-pandemia influyó también y hoy es caro, pero con una “calidad de vida increíble”, acentúa Mohando. También hay más presión impositiva, además de algunas subas de alícuotas, como en el IVA, y se instrumentó el impuesto automotor, que no existía.

Priotti repasa que el país era muy barato para los vecinos nórdicos, pero la inflación subió y eso cambió. Dice que con 1000 euros por mes se sobrevive con un alquiler de 500 euros, 200 más en calefacción y expensas, y unos 100 en internet y móvil. “Quien trabaja en tecnología puede ganar a partir de un piso de 3000 euros, entonces se puede ahorrar, pero no es la norma”, agrega.
Zabala coincide con esas miradas. Insiste en que hasta hace dos años era muy barato y ahora el país es caro. Hay alza de impuestos. En ese contexto, subraya que vive en Estonia por su pareja, pero no porque genere grandes ganancias. “No te haces millonario, no te fundís. Es un país chico, el mercado es restringido”, dice.
La calidad educativa y el ambiente para criar chicos son dos factores elogiados fuertemente. “La escuela es gratuita, el transporte público en Tallin también -acota Priotti-. Los chicos pueden ir solos a todos lados, el índice de criminalidad es cero, hay mucho verde”. La salud es gratis para los menores de 18 años y, desde esa edad, o se cubre con los impuestos de la seguridad social o se paga una cobertura (alrededor de 200 euros mensuales).
Mohando aporta que el país está muy bien conectado con el resto de Europa y que los impuestos -aun con las subas- siguen relativamente bajos. Ese mix permite que, con costos bajos, el dinero rinda más, con lo cual es un buen lugar para hacer base pensando en trabajar para otros lados también.
Hablar el estonio es un “plus” valorado, sostiene Jofré, quien ratifica que el nivel profesional es importante para conseguir mejores ingresos. Las fuentes destacan que los argentinos, en general, son bien vistos. Y que conseguir visa para perfiles laborales no tecnológicos es más complejo.
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