
La caída del yen en picada ya es una pesadilla para los asiáticos
A 142 yenes por dólar, la moneda japonesa tocó el piso más bajo
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TOKIO (The Economist).- "Se hace cada vez mayor", fue la evaluación de Dai Xianglong, el gobernador del Banco Central de China, en cuanto al impacto que tuvo en su país la rápida caída del yen japonés esta semana.
El señor Dai pudo haber dicho eso en nombre de todos sus colegas de Asia oriental. Al continuar el descenso aparentemente inexorable del yen, crecen los temores de que otros países asiáticos se enfrenten a mayores turbulencias económicas y, como parte de ello, que se dé otra ronda de crisis monetaria.
El 11 de junio el dólar valía 142 yenes, el punto más bajo al que haya llegado la moneda japonesa desde junio de 1991 y una caída de alrededor del 40 por ciento desde su punto más alto en abril de 1995.
El yen débil ahora pesa mucho sobre otras economías. La mayoría de las monedas del sudeste asiático, pese a su traumático colapso en relación con el dólar y las monedas europeas desde mediados de 1997, se han fortalecido en relación al yen en los últimos meses, lo que encarecerá sus exportaciones a Japón, su principal mercado entre los países ricos.
Se siente el apretón
Corea del Sur y Taiwan, cuyos productos más avanzados compiten directamente con los del Japón, también sienten el apretón. El Banco Central de Corea estimó esta semana que una caída del yen de otro diez por ciento reduciría en 1200 millones de dólares las exportaciones de Corea del Sur.
Incluso en China, cuya economía relativamente cerrada está más protegida de las turbulencias, la caída del yen empieza a causar problemas.
Esto golpea sobre los mercados de divisas y de valores en todo Asia. Las acciones en Hong Kong han caído a su nivel más bajo en tres años. El dólar de Taiwan ha caído a su nivel más bajo en relación al dólar norteamericano desde 1987.
China está bajo una creciente presión para devaluar su moneda, el yuan, lo que crearía mayores presiones para otras economías, aunque el señor Dai insiste en que el yuan se mantendrá firme.
En Tokio la caída del yen ha provocado las habituales protestas de la elite política. Hikaru Matsunaga, el ministro de finanzas, ha estado diciendo cosas para tratar de lograr que suba la moneda.
Dijo esta semana que los elementos fundamentales de la economía japonesa se mantienen "estables" y que el gobierno "está dispuesto a dar pasos decisivos" (es decir, comprar yenes en los mercados de cambio extranjeros) para estabilizar las cosas.
Desgraciadamente, los elementos fundamentales se están debilitando, no fortaleciendo. La inversión empresaria cayó un 5,8 por ciento en el primer trimestre de 1998, según informó el ministerio de Finanzas el 10 de junio.
El gasto familiar cayó un 2,1 por ciento en mayo comparado con el mismo mes del año anterior; las ventas de autos cayeron un 8 por ciento. Casi con certeza serán negativas las cifras de crecimiento del producto bruto interno (PBI) en el primer trimestre.
Es improbable que resulte eficaz la intervención en los mercados de divisas extranjeros, el otro remedio del señor Matsunaga, cosa que el gobierno debió haber descubierto cuando el Banco de Japón intentó sostener al yen en abril.
Este es uno de los motivos por los que los funcionarios japoneses no han logrado el compromiso de otros países, especialmente Estados Unidos, de que sostendrán al yen.
Norteamericanos felices
Dejando de lado la dificultad de sostener a una moneda de un modo eficaz, los estadounidenses por una vez no están alarmados por la caída del yen. Les viene bien. Al absorber importaciones más baratas, el dólar fuerte reduce algo de la presión inflacionaria en la economía norteamericana.
La administración Clinton también sabe que mientras la economía japonesa no dé señales de recuperación y su sistema financiero siga notoriamente frágil -nuevamente se deslizan hacia abajo las acciones de los bancos- el yen debe seguir cayendo.
Caerían las tasas
Con una mala economía vienen tasas de interés raquíticas. Es inconcebible, pese a los deseos de muchos políticos japoneses, que el Banco de Japón suba las tasas de interés por mucho tiempo; por cierto que el Banco de Japón está evaluando si reducir las tasas de corto plazo, que están actualmente en el 0,5 por ciento.
Las tasas a largo plazo también han estado cayendo marcadamente en los últimos tiempos y pueden caer aún más. En contraste, la economía de Estados Unidos traquetea a buen ritmo y la mayoría considera que es probable que suban las tasas de interés. Estas expectativas en relación con las tasas de interés van en favor del dólar y en contra del yen.
Dejando de lado la comparación, el nivel absoluto de las tasas de interés ha caído a niveles sin precedentes. El rendimiento de los bonos de largo plazo, que es el referente financiero, oscila en torno del 1,25 por ciento.
Para los ahorristas japoneses acorralados y sus fondos de pensión faltos de recursos, eso es un rinde lamentablemente inadecuado.
Desde abril la desregulación ha facilitado el flujo de capitales al exterior en busca de mejores rendimientos. Las malas estadísticas referidas al movimiento de los portafolios hace difícil saber cuánto ha salido, pero inversores institucionales encuestados por el banco de inversión J.P .Morgan planeaban incrementar sus tenencias de títulos extranjeros en más de un 50 por ciento este año. Eso también aumentará la presión sobre el yen.
¿Cuánto más caerá el yen? El paquete fiscal de 16 billones de yenes (113.000 millones de dólares) puede empezar a estimular la economía para fines del verano y comienzos del otoño (marzo-abril, en el hemisferio norte).
Demanda en aumento
Desgraciadamente, señala Russel Jones, un economista de la sucursal de Tokio de Lehman Brothers (un banco de inversión), aunque el paquete es grande, el tamaño del hueco de la demanda privada que se busca llenar aumenta día a día.
Hay comentarios en el mercado en el sentido de que, a menos que el gobierno tome el toro por las astas e implemente una seria reforma estructural, especialmente del sistema bancario tambaleante, el dólar puede llegar a cotizarse a 200 yenes en un futuro no muy distante. De comentarios como esos se alimentan las pesadillas del resto de Asia.





