
En los años 90, la industria vivió la metamorfosis
En ese lapso el coeficiente de valor agregado cayó abruptamente y aumentó el grado de concentración, así como la complementación con la oferta externa
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Partiendo del período de desmantelamiento de la estructura industrial basada en la sustitución de importaciones, se está gestando una transformación de la industria argentina. En este proceso, las distintas respuestas empresariales determinaron resultados contrapuestos, que se pueden estilizar en dos grandes grupos de estrategias.
En primer lugar, aparecen las denominadas reestructuraciones ofensivas, que abarcan unas 500 empresas, que se caracterizan por haber alcanzado niveles de eficiencia comparables con las mejores prácticas internacionales. El resto del tejido industrial, que comprende unas 25.000 empresas, se caracterizó por llevar a cabo los denominados comportamientos defensivos, que a pesar de sus avances en términos de productividad están en una encrucijada sobre su futuro.
Concentración
En los años noventa, la industria ha sido expulsora de mano de obra; disminuyó el número de establecimientos; aumentó el grado de apertura comercial (con énfasis por el lado de las importaciones); se registró una importante inversión basada sobre equipos importados; aumentó la concentración y la extranjerización industrial, y el coeficiente de valor agregado cayó de manera abrupta junto con una declinación del margen bruto real.
Asimismo, desde un punto de vista microeconómico, hay una mayor presencia de funciones de producción menos intensivas en trabajo, una mayor adopción de tecnologías de producto de origen externo y de nivel de "frontera tecnológica", un abandono de la mayor parte de los esfuerzos tecnológicos locales en la generación de nuevos productos y procesos, una desverticalización de las actividades basada en la sustitución de valor agregado local por abastecimiento externo, y una reducción en el mix de producción, junto con una mayor complementación con la oferta externa.
También hubo una creciente externalización de actividades del sector servicios, una mayor internacionalización de las firmas y de la importancia del Mercosur, una mayor gravitación de las filiales de empresas transnacionales y la virtual desaparición de las empresas estatales, y una mayor heterogeneidad tanto intersectorial como intrasectorial.
Queda aún pendiente la estructuración de una estrategia competitiva global que fortalezca las capacidades previas y que impulse a las empresas a avanzar en las cadenas productivas con la incorporación de valor agregado. Este camino implica, entre otros factores, la transición a la producción de bienes y servicios más diferenciados, generados a partir de criterios de calidad.
La asociatividad, la cooperación, el desarrollo de proveedores y subcontratistas especializados y el incentivo a la creación de nuevos empresarios juegan un papel central en la conformación de estas nuevas redes productivas, que tienden a romper con los falsos dilemas de la empresa grande versus la Pyme y del sector agropecuario versus industria versus los servicios. Para ello, se requiere de un uso intensivo de la calificación de recursos humanos y del fortalecimiento del sistema innovativo nacional, tendiendo al doble proceso de modernización tecnológica y creación de nuevos puestos de trabajo.
El autor es economista de la Cepal-UN, Universidad Nacional de Quilmes.





