
Los refranes no siempre tienen razón
1 minuto de lectura'
"El ojo del amo engorda el ganado." Refrán popular anónimo
Digamos que es cierto. Muy difícilmente se podrá superar el control y el cuidado que puede ejercer el dueño sobre personas, bienes y productos de su propia empresa. Se manifiesta con mayor claridad cuando aquel se encuentra orgulloso de su obra, de lo que ha creado o cuánto ha contribuido a su nacimiento y desarrollo.
Nunca dejará de ser válido comparar la acción de un empresario con cualquier artista -un escultor, un pintor, un escritor-, aunque la sola mención de esta evidente analogía haga rechinar los dientes a los habitantes de la cultura .
Los mecanismos y las obsesiones que rodean los días y las noches del escultor y el emprendedor son los mismos. Estarán atentos a los detalles e intentarán reproducir una forma que ha sido concebida por su mente y su corazón. El interés o el desdén por el dinero resultante no hace ninguna diferencia. La idea de que ambos mundos se encuentran separados es falsa. De hecho, se complementan en infinidad de puntos cuya enumeración excedería en mucho el total de texto disponible en esta columna.
Digamos que no es cierto. El ojo del amo no sólo no asegura que el ganado engorde, sino que puede impedir que la hacienda crezca, conduciéndola al estancamiento o la disolución. Esto puede suceder cuando un par de ojos sea insuficiente, cuando resulte imposible abarcar toda la extensión y complejidad de aquello cuyo origen fue pequeño y manejable.
Se hace francamente inevitable cuando se deben dividir las parcelas y rentar los ojos de otros para que las controlen y hagan crecer. Como sabemos, cada cual ve las cosas a su modo; la percepción de la realidad está muy lejos de ser clonada, aunque sea una utopía deseada por muchos. Entonces habrá pérdidas y tensiones, ya nada será como era.
La tozudez de considerar al ojo del amo como el único posible puede conducir al fracaso, al retroceso. Es indudable que las grandes corporaciones ya no dependen exclusivamente del ojo del amo. Para ganar es necesario delegar, algo hay que arriesgar o perder. Este es el costo del crecimiento. El dilema que plantea el refrán popular es tan común y vulgar que podríamos encontrarlo en cualquier manual de gestión de empresas. La mayor dificultad para sortear el problema, al fin y al cabo, es la posibilidad o no de aprender a confiar y controlar a través de los ojos de los otros.




