
El producto más típico sigue dando negocios
Campo Quijano explota una variedad de dulce de leche
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La búsqueda de un cambio de vida llevó a un matrimonio a crear Campo Quijano, una empresa de dulce de leche premium, ubicada en el tradicional pueblo del Valle de Lerma, que supo conquistar los paladares salteños y hoy busca seducir a los consumidores extranjeros.
La compañía comenzó a gestarse con la llegada de la tercera hija de Facundo Alvarado y María Pfister. En ese momento, el matrimonio, que vivía en Buenos Aires, se dio cuenta de que la carga laboral era demasiado pesada y que no pasaba el tiempo suficiente con sus hijos.
"Vimos dos opciones: irnos afuera, en donde yo tenía posibilidades por mi anterior trabajo en General Electric, o irnos a Salta, en donde están nuestras familias. María es salteña y mis padres tienen un tambo en Campo Quijano, que se llama El Churcal", contó Alvarado.
"Elegimos la segunda opción, no sin antes ver qué podíamos hacer allá. Hablé con mi padre sobre el mercado y empecé a pensar en la posibilidad de hacer dulce de leche o queso. Finalmente, desistí con el queso porque allá la competencia es mayor en este rubro", añadió.
El ingeniero industrial buscó el asesoramiento de Raúl Bacchetta y llegó a Salta, en enero del año último, con el plan armado. Para montar la fábrica en el campo de sus padres Alvarado invirtió 200.000 pesos, que destinó a la compra de un enfriador con capacidad de 1000 kilos, una tina de premezcla, 5 bombas, una caldera refaccionada, la conexión a un gasoducto y un tanque cisterna.
Con esos equipos edificó a 300 metros del tambo una planta, que tiene un área de producción y un depósito. Luego de tener todo instalado, Pfister, que es diseñadora gráfica, armó la estética de la marca y Alvarado terminó con la fórmula del dulce de leche, que tiene un pequeño secreto.
"Elegimos una receta básica, pero que al usar leche entera y recién traída del tambo logra un sabor espectacular. Y armamos tres propuestas: familiar, repostero y heladero. Durante los primeros meses, los dulces los hacía yo con un ayudante, que hoy es el maestro dulcero; fue todo muy a pulmón", resaltó el emprendedor, que aclaró que le compra la materia prima a su padre.
Premio
El matrimonio empezó a promocionar la marca con degustaciones en estaciones de servicio. En poco tiempo, el boca a boca hizo que las ventas se dispararan.
"La gente empezó a comprar incluso las bolsas de 5 kilos y los hoteles y comercios lo empezaron a promocionar entre los turistas. Eso me motivó a probar mi producto en un mercado más grande y anoté a la empresa en Mercoláctea 2005", recordó Alvarado.
"Cuando ganamos el segundo premio en la categoría pyme, con poco más de un año en el mercado, sentí una alegría enorme. Me acuerdo, además, de que en dos horas ya teníamos a todos lo medios de Salta contando la noticia. Fue un gran impulso para la marca", añadió.
Actualmente, Campo Quijano factura 40.000 pesos mensuales y está presente en Salta, Tucumán y Buenos Aires. El objetivo del emprendedor es llevar el dulce de leche a otras provincias y exportar.
"Ya tenemos gente afuera que está esperando que terminemos con la ampliación de la planta para comprarnos. Tenemos interesados en Chile, Estados Unidos y Brasil", contó el ingeniero, que afirma que lo más difícil del proceso fue "manejar la ansiedad" y no "dejarse tentar" por el mercado masivo que maneja "grandes volúmenes pero baja rentabilidad".
Aunque por el momento tiene la agenda ocupada con varios planes, Alvarado ya está imaginando una marca de alfajores "bien ricos". Y sigue disfrutando de su nuevo estilo de vida.
"Acá son otros los ritmos, uno vive más tranquilo. Hay confianza, las distancias son más cortas y estamos en familia. Además, uno mira por la ventana de la planta y puede ver un marco de la precordillera impresionante", concluyó.






