Eduardo Crespo: “Me parece terrible que haya movimientos antiexportación en la Argentina”
Es licenciado en Economía y en Ciencias Políticas por la Universidad de Buenos Aires (UBA); tiene un máster en Economía de la Industria y Tecnología y es doctor en Economía por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), donde es profesor adjunto; también es docente en la Universidad Nacional de Moreno
Eduardo Crespo vivió más de 15 años en Río de Janeiro, donde fue a estudiar una maestría en Economía de la Industria y Tecnología y a hacer el doctorado en Economía. En una entrevista con la nacion, dijo que la Argentina “se inventa sus propios problemas”, como los movimientos ambientalistas que frenan los proyectos de exportación.
–¿Cómo está la relación económica entre la Argentina y Brasil?
–La relación económica es pésima, debe ser el peor momento en muchos años por dos motivos básicos. Uno es político, porque el bolsonarismo llega con una idea de desarmar el Mercosur, de aligerarlo, de ir a acuerdos de libre comercio y es bastante agresivo en su formas. Luego, hay una cuestión más estructural: las dos economías están en depresión desde hace muchos años, el PBI per cápita de los dos países es el más bajo desde 2010, el comercio bilateral se fue al tacho, la demanda recíproca es bajísima. Ahora, el gran socio comercial de los dos pasó a ser China. La situación económica y política es tan mala que realmente están en el punto más bajo.
–¿Cómo queda el Mercosur? Uruguay es el más activo pidiendo un cambio en el bloque.
–Uruguay tiene todos los incentivos para salir. No le han dado nada. Está en el medio de dos desastres. Esto no es ideológico, Brasil es ultraderecha, la Argentina es supuestamente más de izquierda, pero ninguno de los dos país va para ningún lado. Es lógico que Uruguay busque otras alternativas.
–¿Cómo ve a la Argentina?
–La Argentina está complicadísima, está negociando un default de facto, está sin reservas, todavía con altísimos niveles de inflación y viene de una recesión horrible. Este año se recuperará un poco, pero me parece que ni siquiera llega al nivel de la prepandemia. Yo veo el sector externo [el comercio exterior] muy complicado, y hay una tendencia a la devaluación crónica. Peso que anda dando vueltas, peso que en principio se va al dólar. Es inviable así. Además, en el Gobierno no está muy claro el rumbo sobre el sector externo. Encima, hay un movimiento ambientalista, que en parte está dentro del oficialismo, que se opone a cualquier proyecto de exportación. Se opone a la minería, a la exportación de chanchos a China, al proyecto de los salmones en Tierra del Fuego, en un país que está acogotado con los dólares, no hay reservas. Si crece un poco la economía, la demanda de dólares explota al día siguiente.
–Y todavía no hay tanto turismo emisivo, que es otra fuente de salida de dólares.
–Por eso, si acá mejora un poco la situación económica y explota el turismo, la demanda de dólares crecerá muy fuerte. Por lo menos hasta que no paren la inflación o pongan algunos incentivos para quedarse en pesos. Esto no es el discurso del especulador financiero o de las grandes corporaciones. Acá cualquiera que agarra pesos se va al dólar o a comprar propiedades, que hay que pagarlas en dólares. La situación externa es muy complicada y hay una serie de factores que contribuyen a nuestra fragilidad externa; con eso no podés crecer.
–Todos coinciden en que para crecer hay que exportar y, así, generar los dólares que se necesitan. Pero, ¿cómo se logra con los múltiples tipos de cambios? En el Gobierno dicen que para quitar los controles es necesario aumentar las reservas del Banco Central, que justamente se logra con las exportaciones. ¿Qué se debe hacer primero?
–Siempre estuve en contra del cepo, pero como medida de emergencia en algún momento lo puedo entender. No se puede tener un cepo eterno, porque crea un montón de incentivos para inflar importaciones y disfrazar exportaciones. Si hay dos precios para cualquier mercancía, ya tenes un problema. Si esa mercancía encima es el dólar, tenes un problema enorme. Es básico: cuando hay dos precios, hay mecanismos que te llevan a que se ordene el sistema en función de eso. En el siglo XVI había un precio de la plata distinto en China y en Europa, y eso generó el incentivo de la conquista de América para la exportación de plata a China, fue todo un sistema de arbitraje que armó el mundo. Igualmente, creo que pueden aumentar algunas exportaciones, incluso con cepo; hay algunos proyectos que están andando, pero hay obstáculos de todo tipo.
–¿Cuáles, por ejemplo?
–Aparecieron ahora estos obstáculos ambientalistas que no los teníamos en agenda, pero que realmente están parando proyectos. Yo creo que Guzmán no tiene muchas alternativas. Si después de las elecciones mejora un poco la situación, yo lo sacaría. Sé que tiene efectos, no es gratis. Habrá un salto en el nivel de precios y, si a eso hay algún tipo de respuestas de los sectores que no quieren perder poder adquisitivo, tendremos ahí una nueva inercia inflacionaria.
–Hay una preocupación sobre la distorsión de los precios relativos: la inflación es alta con varios de los precios de la economía atrasados, como tarifas y tipo de cambio oficial.
–El tema de que esté atrasado hay que ver con relación a qué. En la Argentina, para parar la inflación tal vez habría que hacer lo de la convertibilidad: una bruta apreciación cambiaria que amortiguó tensiones. La inflación le ganó por mucho al dólar en 1991. Pero para eso hay que tener cómo financiarlo, tiene que haber reservas y los sectores que pierden se la tienen que bancar, porque si hoy metés una bruta apreciación, los transables van a salir a protestar, van a pedir actualizar precios y van a decir que están muy atrasados. Pero parar la inflación sin parar el dólar es muy improbable. En la Argentina hay circunstancias, como en el periodo de Cristina o ahora, donde está el dólar parado y la inflación sigue.
–Cuando se instauró la convertibilidad tampoco había tantos dólares, pero ayudó el ingreso de divisas para inversiones y privatizaciones. ¿Podría darse algo así?
–En realidad, hubo una combinación de desindexación. Vos tenés tu sueldo y están los precios del mercado. Cuando se frenan los aumentos, alguien siempre pierde. Si piden un resarcimiento, esto no para más. En la convertibilidad hubo desindexación, hubo fijación del tipo de cambio con apreciación y hubo apertura comercial. Y, además, hubo con qué financiarlo, porque la tasa de interés internacional estaba muy baja, como está hoy. Pero es clave entender que hubo una apreciación para estabilizar.
–¿Hoy podría darse algo así? Tal vez no una convertibilidad completa, pero que se permita tener dos monedas de curso legal en circulación.
–Al dólar hay que pararlo de alguna manera, pero si no se resuelve el problema externo no se puede frenar. Hace falta exportar más y tratar de importar menos, Hasta 2016 teníamos un déficit energético de US$10.000 millones. Ahora prácticamente se cerró con Vaca Muerta, aunque volvió a subir un poco. Eso es una sustitución de importaciones. Pero hay gente que se opone a esos proyectos y algunos están dentro del Gobierno.
–Por ejemplo, la prohibición de exportar carne...
–Eso es un delirio. La Argentina está contando los dólares y se prohíben las exportaciones de carne. Cualquier suba del dólar a vos te baja el salario y hay que tratar de evitarlo. Hay otros ejemplos, como la prohibición de los salmones en Tierra del Fuego y la gente militando en Chubut y Catamarca contra las explotaciones mineras. Hasta el Presidente se sacó una foto en contra de la producción de chanchos en la Argentina. En el Gobierno no hay conciencia de esto, me parece que en la oposición tampoco. La claridad de que es necesario exportar y resolver el problema externo, que esto es prioridad y estratégico y que todo lo demás no funciona sin esto, no está claro.
–Pareciera que en el último tiempo hay más consenso de que hay que exportar más.
–Pero el consenso de exportar está entre los economistas, porque el Ministerio de Medio Ambiente sale a festejar la prohibición de exportaciones, con argumentos ambientales muy endebles. En el pasado los movimientos ambientalistas no estaban en la agenda como algo relevante. No sé cómo aparecieron, son los problemas que se inventan en la Argentina. Es el país que más prohíbe proyectos de minería, está por arriba de la media mundial. Ahí no sé qué se puede hacer, porque además de tenerlos en el Gobierno, se movilizan y hacen campañas de miedo. Hay movimientos antiexportación, eso es lo que me parece terrible. Con lo que cuesta exportar, tenemos gente que sale a festejar el tema de los salmones en Tierra del Fuego, que es una provincia que vive del régimen de promoción para la industria electrónica. Ese programa le cuesta al fisco US$2000 millones por año, para producir cosas que sale más caro traer las piezas e ir a ensamblarlas ahí, que traer el celular armado. Aparece un proyecto para producir salmones, que en Chile le genera US$5000 millones al año de exportaciones, y acá se prohíbe. Ese programa de Tierra del Fuego había nacido en la época del [expresidente Agustín] Lanusse, y tenía un sentido geopolítico, que haya algo ahí porque había problemas limítrofes con Chile y estaba el tema de Malvinas. Pero no es eterno. Hay que armar algo que sea económicamente sustentable.
–¿Pero la prohibición no es una ley provincial?
–Sí, pero con mucho apoyo acá en la Capital. No hubo una presión de decir que si empezaban a prohibir actividades cortaban el programa. Por lo menos no lo festejen. Es preocupante, porque no hay conciencia de la gravedad de la situación.
–¿Cree que esto se debe a que las provincias no se mantienen con sus propios ingresos?
–En la Constitución de 1994 se trató de reforzar el federalismo, porque antes los recursos no eran controlados por las provincias y ahora sí. Pero creo que los gobernadores y legisladores no tienen muy en claro adónde van. La ley de Tierra del Fuego se votó de manera unánime, todos los partidos la aprobaron, ahí se acabó la grieta. Los gobernadores ven que los ambientalistas le venden miedo a la población y en función de eso votan. No sé si hay un proyecto de desarrollo de las provincias. La Argentina es un país que se moviliza por cualquier cosa. Por un lado, está bueno, no es Brasil, por ejemplo, pero por otro lado también es una fuente de inestabilidad grande: cualquier cosa es objeto de discusión; exportar pollo es como poner un Chernobyl en Entre Ríos... Pero si vos sacás a los ambientalistas, la Argentina tampoco resuelve sus problemas económicos. Tampoco se le puede echar la culpa al ambientalismo, cuando es un problema que la Argentina tiene de antes. El tema es que exportar no es fácil y encima hoy tenemos este problema. Si no se genera otra cosa, dependemos de la soja.
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