Deuda pública y deuda privada: causas y efectos de depender del dinero prestado
1. Crédito. Hace unos días el presidente de la Nación, Alberto Fernández, recibió un préstamo de un banco privado. Y se generaron dudas respecto de la capacidad de repago y de la velocidad con la que fue otorgado. Es lógico: a gran parte de la población recibir un crédito le parece algo alejado y el concepto de tomar deuda parece una mala decisión. Pero la deuda per se no debería calificarse como buena o mala; la pregunta debe radicar en qué condiciones se la toma y con qué finalidad. La deuda en el mundo creció tanto en el sector público como en el privado. Los créditos al sector privado giran en torno a 147% del PBI, mientras que en la región la mayoría de los países supera el 30%, y en la Argentina el ratio se ubica cerca del 10%.
2. Hogares. Muchas veces se pone el ojo en el sector público para ver qué gobierno que tomó más o menos deuda. Y se habla menos del impacto de la deuda privada. La historia de numerosos defaults públicos, que causaron severos daños al sector privado con confiscaciones de ahorro, postergación de pagos, o cambios en las condiciones de pago, sumada a una tasa de interés baja en relación con la inflación, han generado que el ahorro no sea parte la de la vida cotidiana de las personas, sino que se fomente el consumo. El nivel de crédito en los hogares –hipotecarios y personales, como por ejemplo para estudios– es muy bajo. En nuestro país alcanza un 4,6% del PBI, y tuvo su máximo en 2018. En países como Chile alcanza el 39% del PBI.
3. Crowding-out. El efecto crowding out, también conocido como efecto desplazamiento o expulsión, es la situación en la cual la capacidad de inversión de las empresas se reduce debido a la deuda pública, es decir: la expulsión del sector privado de la economía por parte del sector público. Esto pasa por efectos de tasa y de volumen. En primer lugar, porque un Estado que es deficitario necesita todo el tiempo captar dinero mediante deuda, y para ser atractivo, ofrece mayores tasas de interés, que obligan al sector privado a competir encareciendo el costo de endeudarse u optando por no hacerlo. Y si el ahorro privado debe financiar el agujero fiscal del Estado, queda poco dinero de los ahorristas para volcarse a los proyectos de inversión de empresas o de endeudamiento en los propios hogares.
4. Sostenibilidad. Las preocupaciones hoy giran en torno a la capacidad de pago del sector público y de la última licitación de deuda. Los bancos fueron los grandes compradores, dado que el Banco Central les permitió usar como “encaje” la deuda del Tesoro. Es decir, que cumpliendo la regulación de mantener un cierto porcentaje de los ahorros de los depositantes en las arcas del Banco Central, que nos les genera rendimiento alguno, ahora se les permitió tener un Bono del Tesoro, que paga un determinado interés. Esto a su vez, genera una mayor exposición por parte del sector privado al sector público, y cuanto el nivel de endeudamiento del segundo se vuelve insostenible, se genera una afectación mayor al primero.
5. Público-privado. El déficit público no es ajeno a lo que pase en el mercado de deuda privada. Los mercados de deuda sirven para financiar proyectos de largo plazo, como infraestructura en el sector público o casas en el privado. Para cualquiera de ellos, hay que mostrar sustentabilidad y que se es capaz de alcanzar ingresos que permitan repagarlo, en caso de que esto nunca se perciba, la credibilidad caerá en conjunto con los proyectos. Por eso, la no resolución de los desequilibrios estatales seguirá afectando al ahorro de los privados y achicando un mercado que debemos buscar que se amplíe para mejorar las oportunidades de la sociedad.
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