
Comida sana, transparencia y fiestas inolvidables
Pret a Manger es una cadena de comidas rápidas que fue fundada en 1986 y desde entonces creció hasta contar con 295 locales no sólo en el Reino Unido, su país de origen, sino en otras partes del mundo. El propósito inicial, que siguen manteniendo hasta el día de hoy, es evitar la utilización de aditivos o cualquier otro ingrediente químico que no fuera natural, compitiendo con aquellas otras opciones que se dieron en llamar proveedores de comida basura.
En línea con aquel propósito inicial, es posible encontrar sobre algunas vidrieras un cartel con el siguiente título: Buenos empleos, buena gente, hacen buenas comidas.
En sí mismo, es una declaración de principios que pudiera trasladarse a cualquier otro producto o servicio, pero más abajo se aclara el concepto. "Invertimos, entrenamos y desarrollamos a nuestra gente. El 75% de nuestros gerentes fueron promovidos desde la posición de líderes de equipo. La remuneración inicial de los miembros de nuestros equipos de trabajo es 7 libras esterlinas por hora (a partir de los 10 días, se incluyen premios), por lo que muchos ganan más de 8 libras por hora o más. El salario promedio de los gerentes generales, incluyendo premios, es de 32.000 libras anuales. Usamos jeans. Hemos tenido fiestas inolvidables."
Simple y claro. En pocos renglones se explicita toda una filosofía de gestión que, por lo que se comprueba, les dio buenos resultados.
Ya es bastante novedoso que se vincule tan estrechamente la calidad de trabajo y de los empleados con el producto. Por lo general se publicitan las bondades de un producto por la satisfacción que puede recibir el consumidor, como si en el proceso de fabricación hubieran intervenido los Reyes Magos. No se hace visible —de algún modo se oculta— a todos aquellos que participaron con su esfuerzo físico o intelectual para que el objeto o el servicio cumplan con las expectativas del cliente, lo fidelicen o, como suele exagerarse, lo enamore.
Esta estrategia de mencionar la calidad de trabajo y quienes lo realizan es más atractiva tanto para el público externo como el interno. En el primer caso, porque se instala en un terreno humanístico. Hay gente responsable detrás de las comidas que se ofrecen. Para el público interno es un reconocimiento y, a la vez, un voto de humildad. En vez de grandes personajes que aparecen como los hacedores de increíbles epopeyas de negocios rentables, aparece mencionado el elenco completo.
La otra novedad es que se haga público cuánto se paga. La transparencia, en este caso, es absoluta. Para la tradición de la administración de remuneraciones y la selección de personal puede parecer un acto insensato. Nada hay para negociar. Quien se presente a trabajar en Pret a Manger ya sabe a qué puede aspirar, lo que evita las dudas y conversaciones oscuras donde se esconden las cartas como si se tratara de una partida de póquer. Algo se puede aprender de esta posición asumida que no peca de ingenuidad, sino de claridad de relación desde antes de que un postulante se presente a trabajar.
Finalmente hay información aparentemente frívola e innecesaria, pero que está sintonizada con estos tiempos. No se imponen uniformes, sino los jeans que habitualmente calzan los jóvenes, y hay fiestas que, según los propios empleados, son verdaderamente inolvidables. Toda esta mezcla de innovaciones carece de una compleja teoría del management que la sustente. Más bien pertenece al sentido común, lamentablemente extraviado en algunos rincones de la historia del trabajo.






