
Chile pierde en la Antártida
Ventajas comparativas de Ushuaia obligan a ese país a explorar nuevas alternativas turísticas
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BASE FREI, TERRITORIO ANTARTICO (El Mercurio, Grupo de Diarios América).- Kamel Chakraverty, un empresario indio-estadounidense, no se hizo problema para pasar el año nuevo del 2000 en pleno territorio antártico.
Tras volar hasta el aeródromo Teniente Marsh, de la Fuerza Aérea de Chile, en un avión Twin Otter de la aerolínea magallánica DAP, la noche del 31 de diciembre de 1999 se instaló junto a dos representantes de la televisión nacional japonesa en una carpa en la isla Rey Jorge.
Allí cenaron cordero y centolla. A medianoche, con una leve penumbra, se dieron un abrazo.
Aunque pequeña, esta delegación marcó un hito en el turismo antártico. Por primera vez una empresa nacional trasladaba al continente blanco a visitantes que pernoctaron en ese lugar, 1238 kilómetros al sur de Punta Arenas.
Sin embargo, este caso no responde necesariamente a la realidad del turismo antártico chileno.
Las operaciones aéreas privadas, en su mayoría, se limitan a sobrevuelos. Los propios agentes turísticos calculan que esta modalidad no atiende a más de 500 personas por temporada.
Peor aún, la vía marítima casi no tiene origen en territorio chileno. ¿La razón? La mayoría de los buques zarpa desde Ushuaia, en la Argentina, ciudad que, a juicio de los agentes chilenos, "nos lleva años de ventaja".
Aunque su costo de operación es más caro, los operadores la prefieren porque implica dos días menos de navegación respecto de una salida desde Punta Arenas. Como la temporada es corta (noviembre-febrero), partir desde la capital de Magallanes implicaría perder dos viajes completos, sin considerar el combustible.
Así, en Ushuaia, durante 1999, unas diez mil personas se embarcaron con destino a la Antártida. Desde Punta Arenas, en cambio, "prácticamente nada", explica Arturo Aliaga, vicepresidente de la Cámara de Turismo Austro-Chile.
"Sin duda que Chile debe hacer mucho para alcanzar el desarrollo turístico de Ushuaia, aunque tenemos la ventaja de que lo podemos hacer planificadamente", matiza Eduardo Barros, gobernador de la provincia Antártica. Dificultades como éstas son las que enfrentan los agentes turísticos chilenos para consolidar su actividad en la Antártida. Un hecho que parece paradójico considerando que Chile es uno de los países con mayor presencia en ese continente.
No en vano el aeródromo Teniente Marsh, con su pista de 1300 metros de longitud, es desde 1980 una de las mayores puertas de entrada a esta zona. En los últimos veinte años, 32.792 personas utilizaron esa terminal aérea.
Opciones en estudio
Con el fin de analizar alternativas para promover un turismo antártico "controlado", diversas autoridades se reunieron en Punta Arenas con agentes privados.
Al resumir la opinión de los operadores, Arturo Aliaga advierte que para superar la brecha con la Argentina es vital que el Estado fije las áreas en donde es posible iniciar algún proyecto, porque de otro modo "nadie se va a interesar en buscar una alternativa, porque es llegar a la incertidumbre".
Tras escuchar estos planteamientos, las autoridades decidieron reactivar el Comité Antártico Regional, instancia que deberá elaborar una propuesta -incluyendo aspectos jurídicos, ambientales y de acuerdos internacionales- para definir qué lugares podrían ser utilizables y con qué tipo de actividades.
Nelson Hadad, subsecretario de Aviación, recuerda que el tema es complejo porque Chile debe respetar el Tratado Antártico que firmó en 1959 junto con otros 12 países, así como el Protocolo de Madrid, suscrito en 1991, que establece reglas más estrictas, incluso, que el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental que opera en el territorio continental. Sin embargo, su homóloga de Bienes Nacionales, Paulina Saball, cree que una buena interrelación entre los sectores público y privado permitiría "hacer grandes cosas".
Por ello, la Dirección de Fronteras y Límites (Difrol) evaluará qué instrumentos de gestión del territorio (concesiones o destinaciones, por ejemplo) podrían aplicarse en la Antártida.
"El Consejo Antártico avanzará concertadamente en estas líneas y eso nos permitiría responder en un tiempo más o menos breve a los operadores turísticos con una oferta que responda a sus inquietudes", plantea Saball.
Así, a Kamel Chakraverty le sería más fácil encontrar compañeros para abrazarse en el próximo año nuevo.






