
Emilio Duró, asesor de empresas españolas y argentinas, convocó una nutrida afluencia de público al disertar en Mercoláctea sobre la necesidad de aplicar la inteligencia emocional en todo trabajo productivo
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Nadie imaginaba que el licenciado Emilio Duró fuera a convertirse en uno de los éxitos de Mercoláctea.
El título de su conferencia -"La inteligencia emocional en el desarrollo de nuestras vidas"- no parecía el más adecuado para llamar la atención de los innumerables productores que recorrían en otoño cada rincón del predio de la Sociedad Rural de San Francisco, en Córdoba.
A primera vista, no era fácil competir con temas tan apremiantes como la incorporación de tecnología, la genética o los precios.
Sin embargo, Emilio Duró demostró que era posible y para ello no hay que buscar otra causa que la íntima trabazón que existe entre el mundo agropecuario y lo que se ha dado en denominar "inteligencia emocional", concepto que -como logró demostrar en su charla- encierra la clave del crecimiento moral y económico de cualquier sector productivo.
Catedrático de distintas universidades españolas, Duró se destaca, desde hace 15 años, como consultor y formador en algunas de las más importantes empresas de su país.
En la Argentina viene trabajando, desde hace algún tiempo, en la empresa Semex, dedicado, según explica, a capacitar a su gente y forjar sus actitudes. En sus últimos viajes también ha trabajado con la empresa Las Lilas y ha dictado varios cursos para la empresa Williner. Todas ellas, con un fuerte arraigo agropecuario en la Argentina.
-¿Cómo ve al sector agropecuario de la Argentina?
-Este sector de la población, por su misión generadora de alimentos, es quizás uno de los que más impactan en la economía y, por lo tanto, en el bienestar de un país. Personalmente disfruto muchísimo trabajando con la gente de campo; son muy amables, transparentes, muy nobles y por sobre todas las cosas le agregan un factor muy importante a la interrelación humana: el tiempo. Trabajan duramente, pero con tiempo para vivir. Este ingrediente, el tiempo, es muy escaso en las grandes ciudades de la Argentina y el mundo. Veo un sector agropecuario muy entusiasmado y con muchas ganas de hacer. Con muy buena actitud y volviendo a las aptitudes (conocimientos), elemento este último que estuvo a través de la gran cantidad de conferencias, al alcance de todos y en gran medida en la última Mercoláctea.
-¿Cuál es la definición del concepto de inteligencia emocional?
-Por inteligencia emocional se acostumbra entender la habilidad para autoconocernos, autocontrolar las emociones y automotivarnos, unida a la capacidad de empatizar con los demás y hacerles la vida cómoda a las personas que queremos y nos rodean.
-¿Cómo nace y se desarrolla ese concepto?
-Es un concepto que hace tiempo que se conoce, pero que hoy se intenta sistematizar para poder enseñarlo. Parte de los últimos estudios sobre el funcionamiento del cerebro humano realizados por Howard Gardner y Daniel Goleman. Hoy se considera que es la inteligencia que más necesitamos desarrollar para lograr los objetivos que nos proponemos en la vida. No siempre las personas con un mayor coeficiente de inteligencia racional son las más felices, entendiendo la felicidad como la lucha por lograr los objetivos profesionales que nos marcamos. Si nos fijamos detalladamente en las características de las personas que son más felices, éstas acostumbran tener un alto coeficiente de optimismo, una actitud de servicio a los demás, una fe indestructible en ellas mismas, una gran capacidad para hacer frente a las adversidades.
-¿De qué manera puede aplicarse en el ámbito específico de la actividad agrícola?
-La inteligencia emocional es aplicable a todos los seres humanos, independientemente de la profesión a la que se dediquen. Normalmente no se fracasa en la vida por falta de conocimientos, sino por no saber hacer frente a las adversidades, sentirse triste y aislado, perder a un ser querido que nos quita las ganas de luchar. Por ello es necesario que desarrollemos la inteligencia emocional para poder hacer frente a las adversidades de la vida. El aumento de las depresiones y de las ansiedades que estamos contemplando en los tiempos actuales exige un mayor desarrollo de nuestro cerebro "emocional" o límbico.
-¿Cuál fue su experiencia como asesor de empresas agropecuarias?
-Mi experiencia no viene tanto del estudio de las características del sector agropecuario y sí del intento de estudiar el comportamiento del ser humano, independientemente del ámbito en el que se mueve. De todas formas, he quedado sorprendido de la formación, capacidad de lucha, ilusión, optimismo, que he observado en las personas que en la Argentina trabajan en este sector.
Pero quizás el pueblo argentino, en general, se valora menos de lo que realmente se merece y tiende a tener cierta interpretación algo crítica sobre sus propias capacidades. Y repito que he quedado gratamente sorprendido por la fuerza interna y la preparación cultural del colectivo que compone este sector en la Argentina.
-¿Qué consejos daría a los productores y empresarios del campo?
-Por suerte, no soy nadie para dar consejos, ya que considero que todos debemos escuchar y aprender de los demás. Quizás el único mensaje que siempre doy a las personas que desean escucharme es que el éxito no llega por casualidad y si después de un trabajo duro, siempre que sepamos qué queremos en la vida y saquemos de la lucha por lograr estos objetivos la fuerza interior para afrontar con optimismo cada mañana. Como creo que nada ocurre por casualidad, seamos capaces de bajar nuestro ego y copiar a aquellas personas a las que nos gustaría parecernos. Hasta hace poco, la psicología estudiaba a las personas con problemas para intentar ayudarlas. Hoy se han estudiado las personas que son más felices y también se ha podido comprobar que tienen unas características comunes y que pueden copiarse. Pues se trata sólo de copiar lo que hacen las personas a las que admiramos y a las que deseamos parecernos.
El perfil
Docente
Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, es profesor colaborador de distintas universidades, como la Fundación Universidad-Empresa de la Universidad de Navarra, Universidad de Granada, Inede y Pompeu Fabra.
Directivo
Fue directivo en empresas nacionales e internacionales, como Coopers & Lybrand, Martini & Rossi y Yoplait-ATO.
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