
Adolfo Colombres clasificó y describió 500 seres mitológicos de distintas regiones de nuestro país
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Para muchos, la Pachamama o la Chancha con cadenas o la Mula Anima son sólo nombres de significación incierta. Pero para los habitantes de algunos de los más entrañables rincones del territorio argentino forman parte de lo más íntimo y arraigado de su ser.
Al dejarse uno arrastrar alegremente por las altas olas de la cultura globalizada corre el albur de perder de vista la enorme riqueza de contenido que vivifica estos mitos nacidos de la confluencia de lo criollo y lo aborigen.
En su valioso libro "Seres mitológicos argentinos", el escritor y antropólogo Adolfo Colombres contabilizó la existencia de casi quinientas deidades mitológicas argentinas, todas ellas conformadoras del imaginario social de diversas regiones.
Deidades criollas
Colombres, con apasionada erudición, los clasifica y los estudia, uno por uno, en detalle. La mayoría de estas entidades sobrenaturales pertenece a las provincias del Noroeste o del Litoral de nuestro país.
"Sólo con una mentalidad cientificista _sostuvo Colombres_ puede calificarse a estos seres como imaginarios;para quienes los vivencian son una realidad estremecedora, que representa los más altos niveles del ser y del sentido."
Su función, explicó, fue siempre dar origen al mundo y a los astros, preservar las especies animales, proteger al cazador, a las mujeres y a los niños, impedir la aparición de catástrofes o enfermedades, o causarlas también, si viene al caso. Porque al lado de deidades benignas las hay malignas.
Mitos y creencias
Sólo queda espacio para mencionar algunos de los seres que describió Colombres en su inagotable estudio.
Entre ellos se encuentra la Chancha con cadenas, que se aparece de noche en los alrededores de las estaciones ferroviarias, haciendo un ruido infernal con las cadenas que arrastra.
Hay que recordar también a la Mula Anima, una mujer transformada en mula en castigo por haber cometido incesto. Sin olvidar al Calimayo, caballo anunciador de la muerte, o a la Pachamama, la "madre tierra" que administra el bien y el mal.






