
Virtuoso de la guitarra y compositor notable, su obra es rescatada por las nuevas generaciones de intérpretes
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Es un caso atípico en la música argentina. Más de cuatro décadas y media transcurrieron desde su fallecimiento y la obra de este creador resiste el tiempo y el olvido. Sus composiciones, principalmente evocadoras del espíritu que anima la pampa húmeda, se transmiten a las jóvenes generaciones de intérpretes, sin publicidad, imponiéndose por su propio valor, proyectándose con igual fervor fuera de las fronteras nacionales.
Lo curioso es que éste fenómeno ocurre a través de su música impresa, pues dejó pocas grabaciones, todas registradas en discos de pasta de 78 revoluciones por minuto. "Estilo Pampeano" y "Milongueo del Ayer" son dos de sus temas más difundidos. El primero figura hace más de 40 años como composición obligatoria en la Escuela Musical de Tomsk, Siberia, Rusia, tierra en la que el autor nunca estuvo.
Abel Fleury nació en Dolores, Buenos Aires, el 5 de abril de 1903 y falleció en la Capital Federal el 9 de agosto de 1958. Fue un digno ejemplo de lo que puede el esfuerzo en el progreso cultural de una persona que lucha para elevarse dentro de los campos del saber.
Proveniente de un hogar humilde, no llegó a terminar sus estudios primarios, sólo aprendió música y luego recibió algunas lecciones de Froilán Rojas, un amigo. Más tarde, el destacado músico argentino Honorio Sicardi, radicado en Dolores, le brindó conocimientos de composición y armonía. Paralelo a la música corrían otras pasiones: el ajedrez y los libros.
En 1933 se radicó en Buenos Aires. Comenzó a actuar en Radio Belgrano en audiciones dirigidas por Fernando Ochoa y su nombre trascendió a todo el país. Es increíble todo lo que realizó en tan corto tiempo (falleció a los 55 años): hacia el fondo musical a los recitados gauchescos de Ochoa; creó y dirigió los Escuadrones de Guitarras formados por entre 12 y 15 intérpretes; daba sus conciertos individuales y a dúo con destacadas guitarristas (Matilde T. de Calandra y Elsa Molina); participó en obras de teatro que luego fueron llevadas al cine, como "Joven, Viuda y Estanciera", "Ya tiene Comisario el Pueblo", "Santos Vega", y "Martín Fierro"; ilustraba con su guitarra las conferencias del crítico Fernán Félix de Amador.
Por esa época, década del 30, su labor lo llevó a codearse con las más prestigiosas figuras de la escena nacional: actores, poetas, escritores, músicos y pintores. Epoca en que visitó la Argentina el gran poeta español Federico García Lorca.
En ese tiempo se realizó una reunión intima en casa de Fernando Ochoa, donde el guitarrista dolorense hizo escuchar al poeta temas de su autoría y del repertorio clásico. Al terminar, García Lorca lo estrechó en un abrazo y le dijo: "Chico, tu no eres de América eres de mundo". Y la realidad no lo desmintió.
El repertorio que abordaba estaba compuesto por obras de corte nativista y también interpretaba lo clásico con talento. Fue el primero en difundir en América del Sur las "Variaciones sobre las Folias de España y Fuga", de Manuel Ponce, además realizó transcripciones para guitarra del "Preludio XXI" (del clave bien atemperado) de Juan Sebastián Bach; el "Moto Perpetuo", Op. 11-Nº 6, de Nicolás Paganini para una o dos guitarras, y otras obras.
Como compositor, aparte de la literatura nativista para guitarra, también compuso temas para canto que llevan letras de Claudio Martínez Payva; Yamandú Rodríguez; Lauro Viana, y Salvador Riese, como: "Alma en Pena", "Soliloquio" y "Desvelo", por citar algunos títulos.
Lenguaje genuino
En 1947 inició las giras internacionales auspiciadas por su propio entusiasmo, sin ayuda oficial. Anduvo primero por Brasil, país que recorrió durante una década en casi toda su extensión, llegando a las cercanías del Mato Grosso; luego viajó a Chile y a Uruguay.
En 1952 viajó a España y a Francia. En la Península Ibérica recibió aplausos y reconocimiento. Eduardo López Chavarri, musicólogo y crítico de arte español, lo definió como "el franciscano de la guitarra" (diario Las Provincias, Valencia, España, 12/2/1953) por la humildad que lo caracterizaba. En el mismo artículo afirmó: "Su concierto fue una magnífica lección de estilo. Sugerencias maravillosas nacían de su guitarra, que en sus manos vuelve a ser el instrumento misterioso que apenas si desde el gran Tárrega nos es dado oír". Toda su vida buscó superarse tratando de arrancarle a su encordado un sonido profundo .
Sus composiciones evocan la magia del paisaje de la pampa bonaerense, con sus aromas y colores, todo expresado en un lenguaje genuino sobre la base de una armonía clásica que no deforma la esencia, al contrario la afirma. "Ausencia", "Fortín Kakel"; "Estilo Pampeano" son algunos testimonios de este fenómeno.
Las joyas de su inspiración siguen conquistando nuevos horizontes, porque como dijo Yamandú Rodríguez: "Abel Fleury no es un guitarrista más, es la guitarra toda por donde se asoma el alma de la Patria".
El autor, periodista e investigador, ha publicado el "Diccionario del quehacer folklórico argentino"






