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Yésica Marcos tiene 27 años. Es mendocina y campeona mundial de boxeo. Egresó de la pobreza más cruel, junto a sus 20 hermanos, y cuando parecía tener a toda la provincia hincada ante sí, su "emporio" comenzó a desvanecerse. Tuvo dos cinturones (OMB-AMB) colgados de su cuerpo de 55 kilos, que fueron perdiendo reconocimiento a medida que el "Bombón Asesino", como la bautizaron sus fanáticos, se fue ahogando en sus propias penas, en las falencias de su origen y en las indefiniciones personales que condicionan su presente.
Marcos debutó como profesional en septiembre de 2008, con un triunfo por puntos, en decisión unánime, sobre Cristina Pacheco. Su récord indica 21 victorias (7 por knock-out) y dos empates. Aquella chiquita de mirada triste y agradecida, que fue vivada por multitudes en sus últimas defensas internacionales en el anfiteatro Juan Pablo Segundo, de su ciudad, San Martín, no renovó con mayor euforia ni optimismo el contendido de sus recientes noticias: "Marcos se recupera de un tratamiento hospitalario por stress acentuado"; "La OMB confirma la destitución del campeonato mundial de Marcos, por una inactividad de 8 meses"; " La AMB obliga a la brevedad a Marcos a unificar su corona con la campeona interina Alys Sánchez"; "La formoseña Marcela Acuña peleará por el título que deja Marcos". Las presiones y la frialdad de los comunicados oficiales priorizaron las conveniencias deportivas y los movimientos del negocio pugilístico, sobre el aspecto humano. Pero? ¿qué pasó con ella?
Es muy difícil precisar, desde un análisis periodístico, las razones de una conducta desequilibrada en el momento del gran éxito. Sobre todo en una chica con un inicio de historia semejante a la del Mono Gatica o Locomotora Castro, en cuanto a carencias y necesidades. Pero sin la fortaleza espiritual de estos próceres del boxeo a la hora de sostenerse. La mujer, en estos casos, es mucho más endeble que el hombre, sobre todo cuando no hay mayores controles sobre su vida privada.
Marcos fue cobijada por toda Mendoza. Intendentes y gobernadores estuvieron tras ella. Hizo 8 peleas mundialistas, congregando casi 100.000 personas en total. Pudo hacer su humilde casita y pasear en su Scooter, como símbolos de opulencia de vida de campeona de boxeo. ¡Sin palabras!
No soportó el denigrante veredicto que la favoreció frente a Marcela Acuña, el 25 de enero último, ni todas las críticas sobre la sospechosa organización de aquel acontecimiento -al que asistieron cerca de 30.000 espectadores-. Todas las porfías vertidas sobre su real aptitud a la hora de la gran competencia la conmovieron de tal modo que cayó en un pozo de depresión, angustia e inconducta del cual le cuesta salir.
Marcos, que jamás alzó la voz, pide, ahora, ayuda aferrada al silencio. Aislada y recluida en sí misma, añora volver a reír, con el semblante pobre y feliz que tuvieron sus primeras fotos de boxeadora, sin cinturones brillosos ni telegramas asfixiantes de obligaciones por cumplir.


