

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Hubo que buscar entre los jinetes que trabajaban en las pistas de vareo de San Isidro para encontrar a Elvio Bortulé. Anteayer, el momento febril de la mañana lo mostraba en su imagen más conocida: la de jinete.
Pero el Gringo dejó las carreras hace un año y ahora es un entrenador hecho y derecho, después de tres años en los que hizo un part-time, como si no se decidiera a dejar un ropaje y ponerse el otro.
"Estaba montando para La Quebrada [sólo en los ejercicios] y pensaba dejar a fin del año pasado, pero Hernán Ceriani Cernadas me pidió que siguiera hasta mayo", dice el hombre que durante 30 años forjó el apodo de Rey de la Recta, y menciona dos nombres que estuvieron bien ligados a esa trayectoria.
Con la patente otorgada por Palermo, Bortulé ganó su primera carrera hace poco con Sanglake, en La Plata. "Lo fui madurando sin apuro, para no equivocarme. Esto me gustó siempre", dice, y confiesa que en su determinación pesó más el deseo de ser cuidador que las cuestiones que lo alejaron del jockey, por más que relate: "Hace un año tuve un golpe en la cancha que me produjo una pubialgia; casi no caminaba. Además estaba el tema del peso, que me costó siempre. Ya no tenía ganas de ir tres veces al sauna para correr una el domingo".
El hombre que montó a Sumatra ("el ejemplar más rápido que dirigí"), Spiny ("la más pareja") y Paranoide trabajó siempre con preparadores importantes, pero no se va lejos en el tiempo para reconocer cuál es la influencia que más lo marcó: "El último año con Carly Etchechoury me sirvió muchísimo. Saber llevar los caballos clásicos es más difícil, porque no tienen carreras todos los días; tenés que estar muy fino. Con los otros, si no te gusta la partida, esperás una semana y lo anotás de nuevo".
Se ríe el Gringo cuando recuerda sus primeros tiempos como entrenador: "De abajo te parece que todos los caballos vienen despacio; después se acostumbra el ojo. Estando arriba es más fácil; uno hace lo que le indican, y si hay un problema se olvida en cuanto desmonta. En cambio, ahora tengo que seguir trabajando después de cada ejercicio o de la carrera".
Habla de sensaciones Elvio, y alguien que pasa por la puerta de su stud le pregunta por una de sus hijas, internada tras un accidente de auto, aunque sin lesiones graves. Entonces viene a la memoria Patricia Peralta, su esposa, jockey en la década del 80. "A veces va al hipódromo con mis tres hijas. Solamente una vez quiso venir a montar, pero le duró poco; después le dolía todo."
Un potrillo de 2 años hijo de Missionary ocupa uno de los boxes. Es la renovación propia de toda caballeriza, pero Bortulé lo muestra con el entusiasmo del que inició una etapa nueva. Su madre es por Liloy. Todo pinta para que corra la distancia. "Hasta ahora tuve pocos caballos de la corta. La mayoría son de 1400 metros en adelante. No es cuestión de lo que me guste, sino de lo que me parezca mejor para sus condiciones. Y la opinión será del jockey; yo sigo montando para no engordar", afirma entre risas.
Está claro. Aquello de Rey de la Recta quedó sólo para una etapa que dejó atrás, la de jinete, que apenas frecuentará en los ensayos. Ahora es tiempo de mirar otro horizonte sin encasillamientos. Desde abajo.

