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Juan Román Riquelme nunca comprendió ni comprenderá que una persona tenga que cambiar su esencia, su estilo, por jugar al fútbol. Por más bien que lo haga. Por eso no recuerda fechas ni retiene premios. También olvida los elogios. A los 18 años parecía un pibe cualquiera, con un gorrito de Boca y un vaso de gaseosa sentado en el cordón de la vereda, frente a un puesto de choripanes. Nadie lo reconocía. El disfrutaba con ese anonimato. Parecía uno más entre la indiferencia de los rezagados que dejaban la Bombonera. En la penumbra del atardecer de aquel 10 de noviembre de 1996, los xeneizes le habían ganado 2 a 0 a Unión. Pero en la memoria colectiva se grabaría ese día como el del debut de un flaco medio desgarbado. Así aparecía Riquelme. Casi una década después, con un barullo mediático algo exagerado, ayer aceptó cruzar la frontera de la timidez para dejar escapar algo de su intimidad: se va de la selección, inquieto por la deteriorada salud de su madre, que en los últimos meses ha sufrido las críticas que recibió su hijo futbolista.
El rumor sobre el anuncio creció con insistencia durante la tarde. Hasta que por la noche, a las 20.28, apareció en la pantalla de Telenoche, por Canal 13. Ya pasada la medianoche española, estaba en la Ciudad Deportiva de Villarreal, su club. "El anuncio es normal..., decirles que he tomado la decisión de no formar parte de la selección a partir de ahora y que nada... Fue una decisión..., no me llevó mucho pensarlo... Tengo que pensar en la salud de mi mamá y eso hizo que la decisión fuera bastante fácil", resultaron sus primeras palabras. Algo entrecortadas. Luego, fue más claro. "Desde que finalizó el Mundial mi mamá ha terminado internada dos veces. Siempre tuve las cosas bastante claras: antes que el fútbol está mi familia, más mi vieja, que es lo más grande que tengo en la vida y mi responsabilidad es cuidarla y tenerla todo el tiempo que más pueda. No tengo ningún derecho en hacerla sufrir a ella porque yo quiera jugar con la camiseta de mi país."
A esta altura del anuncio, Ana María, la madre de Román, ya era la protagonista central. "Mi mamá nunca se metió en nada..., tengo una mamá muy tranquila y yo estoy orgulloso de cómo me crió. Ella jamás se metió en nada... y no se animaba a pedírmelo. No se me complica tomar esta decisión... No es lindo porque sé que no voy a ponerme más la camiseta de mi país, que es la que uno tanto quiere y tan contento se pone cada vez que la tiene que usar. Pero antes que todo está la salud de mi mamá, que me la han internado dos veces porque se está haciendo mucha mala sangre y mi obligación es cuidarla. Yo a mi vieja la amo con locura y no soy nadie para hacerla sufrir", amplió Román, de 28 años, que debutó en la selección el 16 de noviembre de 1997, con Passarella como DT (1-1 v. Colombia), cuando en el minuto 80 reemplazó a Marcelo Gallardo.
"Tengo una madre que se guarda todo, que trata de demostrar que siempre está bien, pero mi hermana me cuenta todo lo que pasa en casa. Y por más que uno le explique a mi mamá que es normal que pasen estas cosas, que se hable tanto de uno, que tiene que entenderlo, que cada uno es libre de opinar y decir lo que quiera... es mi mamá. Y creo que a cualquier madre le pasa cuando hablan tanto de su hijo... Yo creo que es normal que se ponga mal, se ponga triste... Yo sólo quiero cuidar a mi mamá y tenerla todo lo que más pueda", agregó.
Ana María crío a 10 hijos. Román intentó ponerse en su lugar. "A cualquier madre le molesta que hablen mal de su hijo... Cada uno es libre de opinar, a mí no me molesta, para nada, pero tengo claro que por más ganas que tenga de jugar por mi país, tengo que cuidar a mi mamá. No cambio a nada por mi familia. Es una decisión fácil y a la vez muy dolorosa", añadió. Riquelme, al que se lo notó compungido en varios pasajes, no puso plazos ni abrió la posibilidad de retractarse mañana.
Román hasta pareció entender la raíz de las críticas que ha recibido. "Cuando un equipo no gana es normal que pase eso. Esta bueno que se la agarren con uno, así los demás viven en paz, mis compañeros pueden estar tranquilos si se las agarren siempre conmigo. No pasa nada... Está bueno... Cuando mi equipo juega mal es culpa mía, y está bien que sea así", explicó. Comprensivo, sí, pero hasta un punto que no contemple el dolor de una madre.
“Estas decisiones son consecuencia de un mal estado de ánimo. La salud de la madre fue algo determinante.”
“Es algo personal. Sólo puedo decir que alguien jugará en su lugar, pero no sé si hay alguno parecido.”
“Me sorprendió mucho la noticia. Me cuesta creerlo, pero si el tomó la decisión, tendrá sus motivos.”


