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MELBOURNE (Especial).- Cuando en tenis se habla de una final suele decirse como una frase hecha, absolutamente alejada de la originalidad, que las miradas se posarán sobre los o las protagonistas. Pero si se utiliza el femenino, seguramente se pensará bastante más allá de una contienda deportiva. Porque las chicas que animan el WTA tour lucen mucho más por la belleza que el marketing sabe explotar sabiamente que por las aptitudes dentro de una cancha.
Es cierto que justamente en este Abierto australiano -de eso se trata- se vieron partidos más atractivos que en otros certámenes, pero claro, las que definirán el título en Melbourne son nada menos que la rusa Maria Sharapova y la serbia Ana Ivanovic, dos íconos de la perfección estética con forma de mujer. Ellas estarán frente a frente esta noche en el Rod Laver Arena del Melbourne Park, cuando en la Argentina hayan pasado 30 minutos de la medianoche.
Ambas provienen de Europa del Este y representan al exitoso batallón de chicas de esas tierras que dominan el circuito. La fría Maria y la dulce Ana se reconocen en algunos aspectos y se diferencian radicalmente en otros. En las cuestiones personales y lo profesional.
Las dos son altas, superan el metro ochenta, pero una es rubia, Sharapova, y la otra morocha, Ivanovic.
A la rusa la viste Nike y eligió Bradenton, en los Estados Unidos, para vivir desde que su papá Yuri la llevó a los 12 años a la afamada Academia de Nick Bolletieri con 700 dólares en el bolsillo. Su padre, el que viene de protagonizar un hecho singular: finalizada la semifinal ante Henin, le hizo a su hija una seña, pasándose el dedo índice derecho por la garganta, que habitualmente se utiliza para referirse a un degollamiento. El hombre y su hija dijeron que había sido una broma entre ambos.
La serbia se enfunda en Adidas y eligió Basilea, lugar de nacimiento de Roger Federer, como hogar. Claro que ella tampoco la pasó tan bien de chica, cuando el único lugar para practicar en invierno era una pileta vacía en la que no podía ejercitar tiros cruzados porque las paredes lo impedían. Pudo abrirse camino gracias a que un particular la ayudó económicamente (como sucede en muchos casos en el tenis y en nuestro país) y lloró intensamente cuando al principio no lograba resultados y pensaba que no podría devolver ese dinero.
En lo deportivo, Sharapova intentará conseguir su tercera corona de Grand Slam diferente (fue campeona en Wimbledon 2004 y el US Open 2006), mientras que Ivanovic tratará de lograr su primer título de esta categoría. Aunque las dos quieren vengar derrotas abultadas en las últimas finales de majors disputadas (la única para la serbia): Maria cayó el año último aquí ante Serena Williams por 6-1 y 6-2 y por el mismo score, Ana perdió en Roland Garros 2007 con Justine Henin.
Las dos tienen apenas 20 años y llenan regularmente páginas de revistas de moda. Son objeto de deseo masculino. Ana coqueteó hace un tiempo con el español Tommy Robredo y fue sugestiva aquí: "Hay un montó de noticias en los vestuarios, pero ustedes se enteran ¡dos meses después!". Maria tiene refugio en los brazos de Novak Djokovic, que, curiosamente, es serbio.
