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MELBOURNE.- En esta aventura del Abierto de Australia, en busca de conseguir el primer Grand Slam de su carrera, David Nalbandian no está solo. Tres hombres conforman aquí su cuerpo técnico: el entrenador Francisco Mastelli, el preparador físico Luis Bruno Barrionuevo, y el kinesiólogo Diego Rodríguez; el único ausente es el doctor Angel Ruiz Cotorro, médico de la Real Federación Española de Tenis, que envía sus recetas desde Barcelona, donde reside. En estos nombres se apoya el campeón del Masters de Shanghai para ir a la conquista de Melbourne, para lo cual deberá superar, primero, en una de las semifinales, al chirpiota Marcos Baghdatis, en un encuentro que comenzaba a las 5.30 de hoy, con transmisión de ESPN. Y detrás de cada uno de sus colaboradores hay una historia y una porción de este momento del unquillense, que lleva nueve victorias consecutivas y podría disputar su segunda final de Grand Slam, luego de Wimbledon 2002.
"Primero, David habló con Lucho (Horna) para saber si podíamos compartir, y después conversó conmigo en Viena. Por supuesto, entrenar a un jugador con la proyección de David es un buen desafío. Uno sabe que está más expuesto, pero las posibilidades de llegar a las etapas finales de cada torneo, como aquí, están siempre abiertas. Está jugando muy bien, aunque todavía tiene puntos para mejorar. Y en este tiempo que estuvimos juntos, lo que más me llamó la atención fue la tranquilidad con que enfrenta los desafíos y lo bien que se desempeña en esos momentos decisivos", cuenta Mastelli.
"Algo interesante en Nalbandian es que es muy tranquilo en los tiempos libres, sabe sacarse la presión y no es obsesivo; se relaja, puede pensar o hacer otras cosas y eso lo ayuda. En la posición que está, es imposible que no se sienta favorito. Es como River o Boca, que después pueden ganar o no, pero de entrada siempre son candidatos. Ya se está acostumbrando a que la gente le pida más éxitos mientras sigue ganando, y eso hay que saber manejarlo. En algún momento va a ganar un Grand Slam, porque el juego lo tiene", cerró Mastelli.
Cinco meses después recibió una llamada de Eduardo Infantino, por entonces entrenador de Nalbandian, que lo invitó a sumarse al equipo del cordobés; en realidad, Barrionuevo ya había sido tentado antes, pero primero quería cerrar su etapa dentro del hockey. "Le dije que sí porque me parecía algo nuevo, necesitaba un cambio. Soy un ex atleta, y aunque no tiene ninguna relación con el tenis, creo entender un poco la mentalidad de un deportista individual. Yo me reciclo y me gustan los desafíos, y empezamos a trabajar", comenta Barrionuevo.
El profe es el que, desde un palco, cada vez que juega Nalbandian salta, alienta y se apasiona. Y explica por qué: "A mí me pasaba que, en el hockey, cuando entraban en las áreas, uno se ponía nervioso porque había peligro de gol, pero aquí hay peligro de gol en cada punto. A veces no puedo creer que, con toda la experiencia que tengo, todavía me ponga nervioso. En cada punto, uno ve cosas que la gente común no puede apreciar; pienso en las horas de entrenamiento en Unquillo, en condiciones que no sé si cualquier tenista aceptaría, pero que a David le gustan, se siente entre los suyos; por eso sufro y valoro lo que hace".
En estos nueve meses, Barrionuevo señala que "de David me sorprendió su competitividad. No quiere perder a nada, y es creativo y talentoso. Después, que es dócil y muy inteligente para entrenarse. Es importante que tenga sus tiempos, porque la parte mental juega mucho en este deporte. Y por eso, tanto acá como en la Argentina, necesita jugar a la tarde unos hoyos de golf, que lo relajan. A David le gusta realizar diversas actividades, subirse a coches de carreras; sé que le criticaron lo de nadar entre tiburones y lo del bungee jumping, pero ésa es su característica". Y también sueña: "Va a ser duro, pero lo veo para campeón. Y si no es éste, será el próximo".

