

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


MIAMI.– El Abierto de Miami, que durante muchas temporadas fue considerado una suerte de quinto Grand Slam y que tanta adhesión tiene en los tenistas y espectadores argentinos, está en peligro de extinción. Una batalla legal y cultural que restringe un plan de remodelación y modernización de las instalaciones del Crandon Park Tennis Center provoca que su mudanza hacia otra ciudad –u otro país– sea una posibilidad concreta pese a los ocho años de contrato vigentes con el condado de Miami-Dade. El crecimiento abrupto de Indian Wells, el Masters 1000 anterior al Miami Open en el calendario, de la mano de Larry Ellison, el millonario empresario y propietario de la compañía de software Oracle, dejó todavía más expuesto a un certamen que se puso en marcha en 1985 y que se fue estancando. Es más, los jugadores escogieron al de Key Biscayne (que nació en Delray Beach, luego pasó a Boca Raton y se disputa en el lugar actual desde 1987) como el mejor Masters 1000 durante seis oportunidades. Sin embargo, la última fue en 2008. Desde entonces, pasó demasiado.
En el centro del conflicto se encuentra Bruce Matheson, de 70 años, descendiente de la familia original propietaria de los terrenos de Crandon Park, donados en la década del ’40 al condado con distintas condiciones, entre otras, que se preservara la naturaleza (es un área con diversas especies de aves y tortugas marinas) y, más cerca en el tiempo, que se lo utilizara con fines públicos. Y el negocio del tenis no se adaptaría demasiado a esa posición. Matheson es actualmente una suerte de enemigo público de IMG, la firma organizadora de un certamen que recibe a unas 300.000 personas por primavera y que es considerado el mayor evento deportivo de la ciudad, el de mayor impacto internacional, por encima, incluso, del equipo de la NBA, Miami Heat (sobre todo desde la salida de LeBron James). Más del 70% de los habitantes del Miami-Dade apoya la continuidad del torneo, pero en diciembre pasado un tribunal de apelaciones confirmó la restricción de cualquier proyecto de reforma para este sitio público y la realización de eventos periféricos al tenis, como conciertos (el grupo británico Duran Duran iba a hacer un show en el Crandon Park, pero debió modificar el sitio).

Matheson, que integra un comité encargado de decidir sobre cualquier modificación que se plantee en el parque, se limitó a explicarle a la nacion: "El Miami Open puede permanecer en el Centro de Tenis de Crandon Park por el saldo de su contrato en curso, que es de alrededor de ocho años. Después, el torneo decidirá si quiere quedarse en virtud de un nuevo contrato y cumplir con el Plan Maestro de Crandon Park. No lo sé". El tema es demasiado sensible en los pasillos del campeonato ganado en 1989 por Gabriela Sabatini. Por aquel entonces se llamaba Lipton International Players Championships; desde hace dos años, el Miami Open tiene al banco brasileño Itaú como principal auspiciante. Entre las reformas por las que evalúa invertir 50.000.000 de dólares (en Indian Wells emplearon el doble), se encuentran la ampliación del court central, un nuevo estadio donde está cimentado el Grandstand –el segundo en importancia, aunque de tribunas tubulares–, gradas permanentes en las canchas números 1 y 2 y mejora de los sanitarios y las áreas que, durante el resto del año, son utilizadas por los vecinos para jugar al tenis y tomar clases.
Los propietarios del torneo de Miami realizan su negocio y, si permanecer en Key Biscayne significa una pérdida económica, se marcharán sin dudar. Evalúan algunas opciones. La primera es Lake Lona, un área de Orlando popular por la calidad de su servicio médico y donde la United States Tennis Association (USTA) tiene previsto inaugurar un predio monstruoso con más de 100 canchas de distintas superficies. Pekín y Dubai, con gordas billeteras, también se posicionan como alternativas. "El destino económico del condado de Miami-Dade y Crandon Park no puede depender de un torneo de tenis que dura dos semanas", añadió Matheson, picante.
La situación es realmente tensa. Y los tenistas se involucraron. "Me encanta estar aquí, en Miami. Tiene mucha historia, además puedo hablar en español con prácticamente todo el mundo. Me siento muy cómodo en esta ciudad. Sigue siendo un evento espectacular, no sería bueno que se mudara, pero también es cierto que necesita actualizarse como Indian Wells", expresó Rafael Nadal. Roger Federer dijo: "Vengo aquí desde que tengo 14 años. El torneo me encanta. Es importante, lo disfruto, espero que siga por mucho tiempo aquí. Es un lugar hermoso para jugar". También Chris Evert, leyenda del tenis femenino convertida en comentarista de TV, aportó: "Key Biscayne es como el paraíso de los jugadores. Las playas, el clima. No tiene muchos de los lujos de Indian Wells, pero posee corazón e historia, tiene un montón de aficionados. Personalmente, estaría decepcionara si se mudara".
Mientras tanto, el certamen combinado (ATP y WTA) pone su mejor cara e intenta resistir los golpes presentando atracciones y carpas comerciales de todos los niveles, desde sushi con champagne a choripán con gaseosa o cerveza. El Miami Open ya no marca tendencia como lo hizo en otros tiempos, pero hace todo por resistir los reveses.
st/jt
