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El golf latió en el Chaco Golf Club después de 10 años fuera del circuito de torneos locales. El Abierto del Nordeste no pudo haber tenido mayor emotividad, ya que estuvo animado en los puestos de vanguardia por todos hombres de la casa: Miguel Fernández, ganador del título; José Cóceres, la máxima atracción, y Fabián Gómez, que perdió el liderazgo sólo en la vuelta final.
–¿Qué siente por estas horas un jugador como Miguel Fernández, que pudo ganar en su tierra por primera vez después de 20 años?
–Es una satisfacción enorme, porque no hay nada más lindo que triunfar en tu casa, en tu club. Además, se impuso sobre José Cóceres y esto tiene un mérito aún mayor. Los dos se enfrentaron en un duelo apasionante, similar al que protagonizaron hace unas semanas Angel Cabrera y Eduardo Romero en Villa Allende. Y los beneficiados, en definitiva, fueron los espectadores.
–¿Qué opina de Fernández como jugador?
–Su carrera quedó marcada a fuego cuando ganó el Abierto de la República en 1987; a partir de entonces lució su estirpe de jugador y triunfó en distintos rincones. Tiene muy buen swing, gran concentración y coraje para jugar. Lo único malo fue que perdió continuidad en el exterior, aunque sé que ahora tiene la mira puesta en los Estados Unidos.
–¿Qué le pareció el regreso del golf profesional en el Chaco luego de una década?
–Nos reconforta a todos, porque de esa provincia surgieron los hermanos Cóceres, el propio Miguel Fernández y José Cantero. Ahora, parece que Daniel Barbetti y Fabián Gómez se convertirán en los herederos de la escuela chaqueña. Recuerdo al Chaco Golf Club como un lugar de buena camaradería, con gente muy cordial.
–Allí usted nunca pudo ganar...
–Es cierto, lo intenté varias veces, no menos de diez. No la recuerdo como una cancha difícil, pero sí con algunos hoyos con fuera de límite amenazantes, que te pueden arruinar una tarjeta.
–Cambiando de tema: en Japón la tecnología dio un paso más y los jugadores aficionados cambiarán los caddies por un servicio GPS vía satélite que les medirá las distancias. ¿Cree que podrá resultar?
–No lo sé. De lo que estoy seguro es que este sistema no funcionará en un torneo profesional, porque será muy difícil que se reformulen los reglamentos del golf. En ellos queda bien en claro que el jugador sólo puede recibir consejos de parte de los caddies.
–¿Pero cree que puede tener éxito en el ámbito de los aficionados?
–Para mí, un caddie es insustituible, porque le da al jugador una voz de aliento en momentos oportunos durante el juego. Aparte, se entabla una relación afectiva que una máquina no puede brindar. Quizá, la única conveniencia para los jugadores sería económica, porque se ahorrarían el costo de contratar a un caddie.
–Tal vez haya un ventaja también en cuanto al cálculo de las distancias, que serían exactas si estuvieran bajo el control de un aparato.
–Sí, pero atención, porque las distancias se miden también por las sensaciones que tiene el jugador. A uno le pueden decir que de aquí hasta el hoyo hay ciento y pico de yardas, pero si el golfista no siente esa confianza para cubrir tal distancia, no hay precisión que valga.
–En julio próximo, el Club K de Irlanda abrirá sus puertas para presenciar en forma gratuita la primera vuelta del Abierto Europeo. ¿Qué le parece esta medida?
–La decisión de los organizadores deja en evidencia que allí los sponsors son lo suficientemente fuertes como para sostener el torneo sin el ingreso de entradas del primer día. Con este respaldo, el golf gana en popularidad, que es lo que siempre busca y necesita.
