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ROSARIO.- El título estaba definido desde hacía rato, pero el partido, no. Y Buenos Aires necesitaba que la victoria quedara de su lado para evitar un festejo extraño, apagado. Finalmente, fue el pie de Juan Fernández Miranda el que le dio el último retoque al marcador y el triunfo por 17-16 sobre Rosario, haciendo que la celebración del bicampeonato del seleccionado de la URBA fuera convencional. Es que en los minutos finales la sensación de casi todos en la cancha de Duendes era que el campeonato quedaba en poder de Buenos Aires y las sonrisas, para Rosario.
El equipo local ingresó en los minutos de descuento con dos puntos de diferencia en el tanteador y un penal a favor. Pero apareció Santiago Artese para robar el lanzamiento en el line de Joaquín Bosco, y después de una infracción rosarina fue el turno de que el menor de los Fernández Miranda mostrara su jerarquía. No había sido un buen partido de Manasa; había fallado un penal y un drop en los instantes finales y hasta soportó la sorna de la tribuna rosarina. Pero tuvo su última chance, ese penal muy cerca de la mitad de cancha, y lo convirtió en victoria y en prolongación del invicto por segundo año consecutivo.
En ese peldaño extra de calidad de sus individualidades puede buscarse la explicación del éxito de Buenos Aires y esa razón puede extenderse a la obtención del 31er campeonato de su historia. Porque quedó claro que la de ayer fue una de sus demostraciones más flojas en el torneo y nadie hubiera cuestionado una victoria del lado rosarino.
En un campo impecable a pesar de la lluvia, que sólo cesó a pocos minutos del comienzo, Rosario tenía que combinar demasiadas cosas para arrebatarle el título a Buenos Aires: ganar por más de siete puntos, marcar cuatro tries y evitar que su rival alcanzara esa cantidad de conquistas para que no sumara bonus. Sin embargo, su planteo fue inteligente. En lugar de salir a matar o morir, mirando de reojo la calculadora, fue más realista. Se enfocó en plantarse frente a Buenos Aires y buscar el triunfo como objetivo primordial. Todo lo demás era una yapa.
Buenos Aires descansó en su contundencia para sacar adelante el partido, más allá de la buena tarea en las formaciones fijas. Se contaron con una mano las veces que sus hombres quebraron la tenaz defensa rosarina.
Ni Contepomi, de buen partido hasta que se fue de la cancha cerca del final por una tarjeta amarilla, ni Senillosa (reemplazó como centro a Freixas, que no pudo jugar por un golpe en la cintura) pudieron poner al equipo adelante o tomarles la espalda a sus rivales. Sin embargo, en las dos oportunidades en que se arrimó al in-goal rival, logró apoyar: en la primera etapa fue Bock (uno de los puntos altos) y a 10 minutos del final, Ostiglia, aprovechando que Juan Fernández Miranda pudo dejar libres sus manos de un tackle rosarino.
Buenos Aires lució sin reacción física en la parte final. No podía controlar las formaciones móviles y pocas veces pudo resolver la dura oposición de Rosario, apoyado en la seguridad de Mangiamelli, en la capacidad de Fradua para hacer de todo un poco, y sobre todo en Simón Boffelli.
Pero Buenos Aires sacó a relucir a tiempo un par de los tantos argumentos que hacen a un campeón: los de la jerarquía de sus individualidades y la capacidad para golpear en los momentos justos. Parecía ser una coronación con derrota, pero finalmente todo se encaminó por el lado de la lógica.
El seleccionado de Buenos Aires es ampliamente el que más campeonatos ganó, con 31. Desde que compite como seleccionado unificado (entre 1945 y 1960 intervino dividido entre Capital y Provincia), fue campeón en 1962, 1963, 1964, 1966, 1967, 1968, 1969, 1970, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975, 1976, 1977, 1978, 1979, 1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1986, 1991, 1994, 1996, 1998, 1999, 2000, 2002 y el actual.
ROSARIO.- Nicolás Fernández Miranda tuvo que apelar a toda su capacidad de líder para fogonear el festejo de sus compañeros. Es que Buenos Aires, a pesar de la agónica victoria, sintió que había quedado en deuda en su última actuación en el Campeonato Argentino 2003. "Dale campeón", arrancó el medio scrum de Hindú en el centro de la cancha, y a los gritos fue sumando adherentes a su canto, hasta lograr que todo el plantel bailara bajo una lluvia de cerveza. "Lo que importa es la alegría interior. Si se nota en nuestros gestos que estamos contentos con este campeonato, mucho mejor. Pero yo estoy muy orgulloso de este título y le doy la misma importancia que al resto, más allá de que no jugamos en nuestro mejor nivel en la última parte del torneo", expicó el mayor de los Fernández Miranda, que fue partícipe de los últimos siete títulos de Buenos Aires.
"Lo que me gusta de este plantel es cómo se comporta y cómo comparte cada instante. Hoy ganamos sobre el final, con sufrimiento, pero en todo momento nos mostramos como un grupo fuerte y unido. Jugar atrás de jugadores como Phelan u Ostiglia es muy importante porque nunca se dan por vencidos y contagian al resto ", agregó.
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