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Piense si el siguiente no sería un buen argumento cinematográfico. Se enfrentan en una final dos equipos colegiales de polo que se guardan pica : uno tiene más handicap, es el favorito y viene saliendo campeón desde hace cuatro años; el otro también posee su rica historia en el torneo y busca el título que se le niega desde hace rato. El choque se realiza en el Campo Argentino de Polo, La Catedral de este deporte, con tribunas pobladas por sendas hinchadas: la del primero, bastante más numerosa; la del segundo, menos nutrida, pero mucho más alborotadora.
El equipo menos poderoso empieza ganando y mantiene la ventaja hasta pasada la mitad del partido, pero el favorito se recupera y se pone adelante hasta tres minutos antes del final. Cuando el resultado parece irreversible (51/2 a 7), y con la parcialidad más bullanguera aún alentando, surge un gol de penal del segundo conjunto, que entonces empuja y empuja por la victoria. Cuando queda un minuto y medio, el N° 2 de los que van perdiendo, de apenas dos tantos de handicap, tira desde casi la mitad de la cancha; el disparo es alto y largo y la bocha avanza y va cayendo, con alientos contenidos en uno y otro lado. Por fin, la esfera pasa la línea de fondo y..., el banderillero agita el trapo rojo. Es gol y la hinchada más ruidosa estalla , pues sólo habrá que resistir un poco más para celebrar. En efecto, llega el campanazo definitivo y el festejo se hace locura, con la barra ganadora invadiendo la cancha y los campeones abrazándose y revoleando sus tacos. ¿Guión aprobado, entonces?
Pues bien; eso es lo que se vio, sin directores de película, iluminadores ni productores por medio, ayer en Palermo. Es así, de ese modo tan contagiosamente emocionante, como Cardenal Newman A se impuso por 71/2 a 7 al tetracampeón Moorlands A -que le cedió un tanto y medio por la diferencia de valorización- y logró la clásica Copa Santa Paula , premio máximo del Torneo Intercolegial que disputan los institutos de enseñanza secundaria. Además, para el colegio de La Horqueta el triunfo implicó su quinta corona, que lo ubica en el tercer lugar del historial del certamen, por debajo de Champagnat (15 conquistas) y De la Salle (6).
El consuelo para Moorlands, que vio cesar su notable serie de cuatro cetros sucesivos con la que igualó al Champagnat de los Heguy, llegó en el desenlace por la Copa Zeus , subsidiaria de la Santa Paula, con un éxito de su formación B por 5-41/2 sobre Colegio del Pilar, al que le otorgó medio gol, dando un poco de la medicina que había recibido su equipo A: con medio minuto por jugar, Joaquín Pittaluga consiguió el tanto decisivo.
Pero el gran clima de final había estado en la definición principal. Los cantos de la creativa parcialidad de Newman y las respuestas de la de Moorlands no fueron agresivos, sino risueños por lo ingeniosos. En eso también se impusieron los de bordó y amarillo, que no pararon de alentar: "Ole le/ola la/vinieron las paquitas (por las alumnas)/Xuxa, ¿dónde está?" y "oy oy oy oy/oy oy oy oy/cantate algo si te deja el director (por el silencio de los rivales)", fueron sus mejores invenciones.
En el campo de juego parecía que Moorlands repetiría cuando se despertó Facundo Pieres y con tres tantos puso a su conjunto al frente. Pero la presencia de Tomás García del Río , el mejor del partido, y el oportuno golazo de su hermano Gonzalo cambiaron los ánimos. Los hinchas de Newman invadieron la cancha 2; algunos, besando el césped y otros, avanzando de rodillas, como en los grandes festejos. La escena vivida, sin directores de cine en medio, lo justificaba.


