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WINNIPEG.- Como en todo, siempre habrá de lo bueno y de lo no tan bueno. Pero de algo no caben dudas: la participación de la mujer en el deporte toma cada vez mayor preponderancia. Desde hace rato las chicas no son el mero complemento de la rama masculina en las pruebas internacionales, sino que tienen su propio espacio. Bien ganado, por cierto.
Ya citamos las mujeres que dejaron su huella en Winnipeg 99, con las nadadoras locales Joanne Malar y Jessica Deglau y la patinadora Sonya Dubnicoff como cabezas de serie. Pero metiéndonos en lo que fue el paso de las argentinas, nos encontramos con que de las 25 medallas doradas obtenidas, en diez tuvieron su influencia. Solange Witteveen y Alejandra García, en atletismo; el seleccionado de hockey sobre césped, María Julia Garisoain, Elina Urbano, Patricia Conte y Marisa Peguri, en remo; Gabriela Mugica, en patinaje artístico; Andrea González y Andrea Haritchelhar, en patín carrera y Serena Amato, en yachting. Y también hay buenas cosechas en el rubro plateadas: Bárbara Rivarola (gimnasia), Carolina Mariani (judo), Florencia Sachero (patinaje artístico), Andrea González (patín carrera) y Lorena Botana (esquí acuático).
No son casos aislados. Ocurre que en la última década, el aficionado argentino estuvo mal acostumbrado -en el buen sentido- por la campaña y los éxitos de Gabriela Sabatini como abanderada; y con mucha menor repercusión, lo que hiciera, por ejemplo, la patinadora Nora Vega. Pero después había una brecha y se creó un subconsciente colectivo de que las mujeres estaban, prácticamente, sólo para participar. Grueso error.
La saludable actuación en Winnipeg, dentro del marco que ocupa el deporte argentino, es decir, un buen nivel en América para eventualmente disputarle el cuarto lugar a Brasil -pero lejos de Estados Unidos, Cuba y Canadá-, dejó en evidencia que hay material en el que confiar. Se sabía que las remeras iban a dar pelea o que Andrea González podía luchar mano a mano con las norteamericanas Theresa Cliff y Julie Brandt. Y que Witteveen y García contaban con buenos augurios para una disciplina importante como el atletismo.
Y como agregado, estas mismas mujeres van metiéndose en la piel que, en un futuro cercano, puede ser la imagen del deporte femenino de la Argentina.
Nos decía María Julia Garisoain, en aquellas mañanas en el lago Minnedosa, a 250 kilómetros de Winnipeg: "¿Ser imagen? ¿Y por qué no? Me encantaría. Soy medio tímida, igual, pero creo que para las mujeres seguir ganando nuestros espacios es importante. Sabemos que cada vez nos miran con mayor respeto y que indudablemente tenemos otro aire, ese toque de femeineidad que tanto gusta. ¿El secreto? No te voy a descubrir nada: el trabajo. Creo que la mayoría de nosotras cuenta con becas que ayudan, pero la clave pasa, como siempre, por los esfuerzos personales".
María Julia, de 28 años, además, se hizo su lugar, desde su irrupción en La Habana 91, en un mundo masculino como el del remo. Y desde ahí trascendió.
Andrea González es una cara más conocida. Heredera de Nora Vega, a los 22 años ya tiene variados éxitos internacionales y hasta un Olimpia de Oro. Pero con una en contra muy pesada: el patín carrera no es disciplina olímpica. Por ello, lo suyo no va más allá de Panamericanos -no estaría en Santo Domingo 2003-, Odesur o campeonatos mundiales, como el que se va a desarrollar en septiembre, en Santiago, Chile. Igualmente, supo ganarse su plaza y lo está aprovechando; beneficios que se traducen en sponsors -parece un corredor de Fórmula 1 por las marcas; sólo le falta el buzo antiflama- y en contratos para competir en el exterior.
Las mujeres del hockey acaso merezcan una participación más activa. Conforman, desde hace una década, un sector del deporte muy fuerte, del que siempre puede esperarse buenos resultados en panamericanos, olímpicos y mundiales. Sin embargo, no tienen la resonancia que merecen ni generan un mundo de intereses. Son una carta brava y se codean con las mejores. Qué mejor que eso para redondear lo que significan.
Todas ellas, además de seguir forjando sus propias carreras, serán los símbolos para lo que vendrá. Cuidar nuestros tesoros y favorecer la germinación son tareas que no deben descuidar quienes conducen el deporte, a nivel asociación o federación, y nacional.
Las chicas vienen marchando. Hombres, a cuidarse. Y a no relajarse. Puede ser fatal...

