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Hasta sus detractores más férreos no pudieron evitar la conmoción. Después de acusaciones, defensas, estrategias y pruebas que surgían y se evaporaban con igual liviandad, la sentencia acabó derrumbándolo del olimpo. El ciclista Lance Armstrong, una de las figuras consulares de su disciplina, perdió la victoria en los siete Tour de Francia que conquistó consecutivamente entre 1999 y 2005, tras su decisión de no oponerse a la resolución tomada por la Agencia Estadounidense Antidoping (Usada) de despojarlo de todos sus resultados deportivos desde el 1° de agosto de 1998. Con una frase breve ("hoy doy vuelta la página"), Armstrong dio su escueta explicación a través de la red social que suele utilizar y con ello reafirmó su inocencia, además de acusar a la Usada de llevar a cabo "una caza de brujas contraria la constitución". Más allá del castigo impuesto, será imposible separar la imagen del eximio ciclista de su lucha contra el cáncer, enfermedad que padeció y contra la que luchó no sólo en lo personal sino haciendo tomar conciencia alrededor del planeta.
Tras la dura terapia para superar esa enfermedad en 1997 que luego degeneró en metástasis en el pulmón y el cerebro, el estadounidense se abocó únicamente a prepararse para disputar el Tour de Francia, bajo los consejos del belga Johan Bruyneel, su director deportivo. Paralelamente, comenzó a impactar su presencia. Por un lado estaban los logros deportivos en la célebre carrera gala. Por el otro, esa pelea sin cuartel contra su mal físico que agrandaba sus conquistas. Su aura nunca dejó de crecer a medida que el Tour lo veía invariablemente llegar primero. Y aunque los métodos sobre su preparación siempre estuvieron envueltos en un manto de sospechas, solía prevalecer la imagen del hombre invencible con el que no podían ni sus rivales ni el castigo físico al que lo había sometido el destino y él supo torcer con una entereza que deslumbraba.

Todo, sin embargo, empezó a desmoronarse el 23 de agosto de 2005, cuando una investigación del diario deportivo francés L'Equipe (con el que el ciclista sostendría una encarnizada pelea a lo largo de los años) aseguraba que seis muestras de orina de Armstrong tomadas durante el Tour de 1999 contenían EPO. Y aunque posteriormente siempre negó hasta hoy haber tomado sustancias ilegales durante su campaña, las numerosas acusaciones y sospechas lo pusieron más de una vez contra la pared. Tal vez el gran golpe le llegó desde menos lo esperaba: lo recibió en 2006, cuando el ganador del Tour de aquel año, su compatriota Floyd Landis -luego desclasificado por positivo de testosterona- aseguró haber visto a su antiguo líder del equipo US Postal, dopado "en múltiples ocasiones" entre 2001 y 2004. Esas declaraciones son las que promovieron una investigación mucho más profunda dirigida por el agente Jeff Novitzky.

Varias personas testificaron ante un gran jurado reunido a puerta cerrada en Los Ángeles, pero la investigación se suspendió en febrero. Cuatro meses más tarde, la Usada anunció la apertura de un proceso contra el corredor, al que acusa de haberse dopado durante el período 1999-2005. Armstrong negó una vez más las acusaciones y presentó un recurso ante el tribunal federal de Austin, en Texas. Al ver rechazado este recurso, el corredor, de 40 años, anunció ayer que "pasa página" y que renuncia a seguir el pleito y por ende, recurrir a un arbitraje con la Usada. Así se llegó a la anulación de todos sus resultados deportivos a partir del 1° de agosto de 1998 y su exclusión definitiva y de por vida del ciclismo profesional. Armstrong, que había vuelto a la competición en los últimos meses en el triatlón, dijo que a partir de ahora se dedicará a seguir "sirviendo a la gente y a las familias afectadas por el cáncer" a través de su fundación Livestrong.

Como fuere, resultó un deportista enorme, con un carisma inusual que de algún modo, había adelantado su decisión al explicar sin somnolencia: "Llega un momento en la vida de cada hombre cuando tiene que decir «ya es suficiente». Para mí, ese momento es ahora". Sobre esa lucha en particular, al menos Armstrong encontró un bálsamo: la suspensión a perpetuidad no afectó ni el patrocinio que tiene por parte de la firma Nike ni el apoyo de la empresa American Century Investments (que tiene fondos en el proyecto Livestrong), ya que ambas seguirán apoyando a Lance. "La Usada puede establecer sanciones e intentar despojar a Armstrong de sus títulos, pero nadie puede quitarnos lo que ha hecho por los 28 millones de personas en todo el mundo que viven con cáncer", sostuvieron.
En ello, la titánica tarea del hombre más allá del ciclista quedó ligada a la venta de millones de pulseras de plástico amarillas y brazaletes Livestrong para paliar la angustia de muchas familias. Su organización logró reunir más de 500 millones de dólares para ayudar a la lucha contra el cáncer, situación que pocas entidades lograron igualar. Allí, como en el Tour de Francia en sus años dorados, nadie pudo estar a la altura de Armstrong.

Jonhson, Jones y Contador, casos similares
Además del de Armstrong, hubo casos que conmocionaron porque el doping los privó de agigantar sus leyendas. El canadiense Ben Johnson, por restos de estanozolol detectados en su orina, tuvo que devolver una medalla olímpica dorada ganada con récord mundial en los 100 metros; la estadounidense Marion Jones fue despojada de cinco medallas en los Juegos de Sydney 2000 al comprobar que había ingerido tetrohidrogestriona, y otro tanto ocurrió con el ciclista español Alberto Contador, que ganó y fue desclasificado del Tour en 2010 por consumo de clembuterol.
DIXIT
"Las carreras se ganan en la carretera. Yo estoy orgulloso de mi segundo lugar y esto no cambia más. La foto del podio de París 2002 ya está hecha"
Joseba Beloki (España,2° en el Tour 2002)
"Yo no voy a considerarme subcampeón de un Tour por lo que pasó hoy (por ayer). No pienso ir a retirar ningún premio. Fui tercero y lo sigo siendo"
Fernando Escartín (España,3° en el Tour 1999)

