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La descripción de la personalidad de Néstor Kirchner es por estos días un punto de confluencia donde coinciden analistas políticos, historiadores, intelectuales, dirigentes opositores y obviamente aliados y seguidores. Contarlo como un hombre que jugaba a fondo, perseverante, obsesivo, que arriesgaba en sus decisiones y que confrontaba en función de esas posturas adoptadas, son características reconocidas y admitidas por todos los que tuvieron algo para decir y lo dijeron desde que se supo de su fallecimiento en la mañana del miércoles 27 de octubre. Néstor Kirchner, coinciden, dejó su "huella" y también su "impronta" en la vida política argentina. Depende de quién escriba y de quién lea estarán las interpretaciones sobre el sentido que cada uno le da a esos términos.
¿Existen rastros de esa impronta en la gestión deportiva argentina de la última década, cuando Kirchner fue presidente y en la continuidad de su administración con la presidenta Cristina Fernández? La respuesta es sí. Hay una huella fácilmente distinguible cuando se da medio giro y se analiza qué pasó con el deporte argentino y muchas de sus expresiones desde 2003 hasta 2010. Hay mojones que señalan cambios drásticos y otros más tenues bajo la impronta del fallecido presidente y ex presidente, más allá de su pasión por Racing y su pasado como basquetbolista colegial. No son datos del balance de una gestión, que no habría por qué hacer ahora, sino hechos concretos que modificaron un curso establecido. Movidas fuertes de las que fue imposible mantenerse al margen, con resultados para todos los gustos.
El fútbol argentino fue el primero en suspender sus actividades a las pocas horas de conocerse la muerte de Kirchner. El fútbol profesional es hoy una cuestión de Estado por decisiones impulsadas desde el kirchnerismo ya durante la presidencia de Cristina Fernández. La ruptura del contrato entre la AFA y Televisión Satelital Codificada (TSC) fue una de las jugadas más audaces que haya registrado la historia del país en una acción que redefinió a la vez una política comunicacional y de manejo público del deporte. La alianza consumada el 11 de agosto de 2009 implicó el final de una relación que la AFA mantenía durante 20 años y el traspaso de las transmisiones del fútbol a la órbita estatal. El fútbol en manos del Gobierno derivó en un contrato que les significó a los clubes, con el singular régimen de reparto de la AFA, un piso de 600 millones de pesos.
A cambio se creó el programa Fútbol para Todos que llega a través de la Televisión Pública, Canal 9 y las señales de cable que tomen las transmisiones sin margen para darles contenidos propios Desde la idea original hasta la actualidad, el fútbol ya dejó las promesas de ventas de derechos a otros canales y ahora llega sin costo directo a los televidentes que ven los partidos que se solventan con buenas cantidades de segundos de publicidad oficial. Para algunos es una aceptable moneda de cambio. A otros se les hace insoportable. Pero a nadie le resulta indiferente.
Secretos a voces en el mundo del deporte y los medios dan cuenta de que el esquema del Fútbol para Todos intentó ser replicado en otras disciplinas como el automovilismo y el tenis. La final de la Copa Davis en 2008 entre la Argentina y España también fue otra situación que podría haber sido medida en escala Richter cuando los intereses deportivos se mezclaron con los económicos bajo la campana contenedora de las movidas políticas que buscaron la organización del match como un botín de guerra. Todo terminó muy mal y todo el tiempo se jugó al filo del reglamento hasta casi desobedecer a la Federación Internacional de Tenis.
Las jugadas fuertes con el fútbol tuvieron a partir de la impronta de Néstor Kirchner otras derivaciones. Diego Maradona, como técnico del seleccionado argentino antes, durante y después del Mundial Sudáfrica 2010, resultó un aliado que le puso el cuerpo a la causa de Kirchner, tal como se espera que hagan los aliados. La AFA supo siempre que el hombre de la Casa Rosada para el fútbol fue, es y será Diego Maradona, mientras el Comité de Selecciones se prepara para confirmar a Sergio Batista como técnico. Maradona, cuando es leal, no defrauda y allí estuvo hasta el adiós definitivo. Otro aspecto evidente en estos años ha sido el crecimiento de la participación de las barras bravas en diferentes órdenes del fútbol local y hasta en el frente externo. Desde la coincidencia de banderas proselitistas a favor de Kirchner en estadios, en circunstancias donde las rivalidades eran evidentes, hasta el patrocinio oficioso de las Hinchadas Unidas Argentinas para que financien sus viajes al Mundial. Una especie de sinceramiento de una situación alarmante del fútbol argentino.
Hay un puente claro entre las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en materia deportiva. Se llama Claudio Morresi y es el secretario de Deportes. Morresi, ex futbolista, militante y comprometido con sus ideas, va camino a ser uno de los funcionarios deportivos de mayor permanencia en su cargo: cumplirá ocho años de gestión al término de 2011. Para un país que no siempre supo qué hacer con su política deportiva y que tuvo tantos secretarios de deportes como ministros de economía, perdurar en esa gestión ya se constituye en un rasgo saliente. El programa Fútbol Para Todos arrancó con un aporte de 600 millones de dólares y eso equivale a cuatro presupuestos juntos de la Secretaria de Deportes. Un dato también para destacar como derivación de esas políticas audaces: el gobierno terminó financiando a la federación deportiva con más recursos de la Argentina mientras que la Secretaría apenas llega a los 150 millones para atender a todo el deporte amateur. De todos modos hay otros números para contemplar: en 2003 el deporte argentino apenas tenía 26 millones de pesos. Su presupuesto se incrementó hasta finales de 2009 en casi un 400 por ciento. La reciente creación del Enard busca generar recursos para las becas de los atletas de alta competencia.
Con un presupuesto que siempre resulta escaso, la gestión de Morresi apuntó específicamente al deporte social como política central de su acción. El deporte de alta competencia no ocupa la agenda prioritaria de la Secretaría en un país que nunca deja de tener urgencias que atender. La elección de una línea específica (priorizar el deporte social) fue también una decisión a tono con las pautas generales.
Pero el mayor esfuerzo de Morresi en su cargo se dio en el campo de los derechos humanos con un accionar manifiesto y constante. La sintonía de Morresi con Kirchner y luego con Cristina no solamente estuvo basada en la recordación y el homenaje a deportistas desaparecidos. Tampoco se limitó a un trabajo permanente con Abuelas de Plaza de Mayo. Morresi sostuvo en todo momento una prédica firme que apuntaba a la oxigenación y purificación de la conducción del Comité Olímpico Argentino durante el mandato de Julio Cassanello, acusado de tener vínculos con la dictadura militar cuando fue intendente de Quilmes en aquellos tiempos. Acorralado por escraches y denuncias periodísticas, casi invisible durante la permanencia de la misión argentina en los Juegos Olímpicos de Pekín, Cassanello presentó su renuncia el 17 de septiembre de 2008 ante los 60 consejeros del COA .Su lugar fue ocupado por la vicepresidenta Alicia Morea hasta que las nuevas elecciones fueron ganadas por Gerardo Werthein. Fue otro cambio en el deporte argentino ante una situación que parecía que nunca iba a modificarse. El proceso de erosión de la figura de Cassanello fue iniciado en la presidencia de Néstor Kirchner y culminado, con el desenlace deseado, en el mandato de Cristina Fernández. La garantía de continuidad estuvo dada por la acción del secretario de Deportes.
Los archivos resaltan las imágenes del ex presidente en su adolescencia cuando jugaba al básquet en Río Gallegos. Más acá en el tiempo se lo ve con Manu Ginóbili y la entrega de camisetas de los Spurs campeones de 2003, justo cuando comenzaba su presidencia. En un presente que ya es pasado lo vemos con Diego Maradona reunido en Olivos tras la decepción del seleccionado argentino en Sudáfrica y el apoyo político evidente para que Maradona volviera a ser el técnico. Son postales sueltas de una Argentina deportiva reciente en la que Kirchner jugó fuerte como en otros rubros. Si el deporte es una herramienta para mejorar la calidad de vida de las personas, la conmoción que causó la muerte de Kirchner, nos hace dar cuenta que en ciertas ocasiones la salud es lo primero que se pierde. No importa cuál sea el juego ni quién lo juegue.


