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JOHANNESBURGO.- En Pyongyang no se festejó el gol de Yun Nam. Mejor dicho, no se celebró en tiempo real, ya que el régimen comunista que preside en Corea del Norte no autorizó la transmisión en directo del partido con Brasil por temor a que una goleada en contra opacara la imagen del gobierno de Kim Jong Il.
Corea del Norte es un equipo fantasma. No hay periodistas enviados a cubrir la actividad del seleccionado y el diálogo con la prensa internacional es casi nulo. Apenas tres jugadores se desempeñan fuera del país y se dedican exclusivamente al fútbol. La mayoría actúa en la liga norcoreana y no habla otro idioma que el propio. Es un equipo aislado, prisionero de un sistema político que hace eco en el deporte.
Entre tanto enclaustramiento y misterio, surge a gritos una historia subterránea. Es la de Jong Tae-Se, el N° 9 que se las ingenió anoche para embrollar en soledad a la defensa brasileña. Tae-Se nació en Nagoya, Japón, hace 26 años. Fue educado allí en una escuela norcoreana, una suerte de sucursal académica de los ideales de Pyongyang. Tae-Se lloraba anoche durante el canto de los himnos. "Estaba emocionado porque estábamos por jugar con Brasil", dice en un inglés algo titubeante. En cualquier otro régimen comunista, Tae-Se podría ser considerado un insurgente. Juega en Kawasaki Frontale, de Japón, y debutó en la selección norcoreana marcando cuatro goles frente a Mongolia. Le dicen el Rooney asiático. Conduce un Hummer plateado, es fanático del rap y ocupa su tiempo muerto jugando a la Play Station o sumergido en la música de su Ipod. Algunos de sus compañeros del plantel ni siquiera saben lo que es ver televisión mientras que el cultiva costumbres imaginadas occidentales.
"No me voy contento porque tenía esperanzas de sacarle un punto a Brasil", cuenta Tae-Se, mientras que el asistente Kim Myong lo toma del brazo y le apresura el paso.
El periodista Diego Torres escribió en El País , de España, que el plantel es vigilado por comisarios políticos. En la conferencia de prensa del DT Kim Jong-Hum no se permiten preguntas relacionadas con el régimen. El capitán del equipo, Hong Yong Jo, es, además de futbolista, oficial del ejército. A modo de contradicción, quizá, Tae-Se le dice a un cronista de la agencia DPA: "La gente no sabe nada de Corea del Norte. Queremos cambiar la imagen". A su lado, el plantel se retira en fila india, con el silencio como única voz. Los jugadores no responden en inglés ni tampoco aceptan un intérprete. Corea del Norte regresa a su encierro.
