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El secuestro del entrenador argentino Rubén Omar Romano estremece. La imagen de la camioneta con los vidrios destrozados recorre el mundo y, pese a la distancia, como en un acto reflejo, eriza la piel. Sobre todo la de aquellos cercanos al ámbito deportivo, ya bastante curtidos en estas cuestiones de la seguridad. Otra vez se activan las alarmas y se enciende la preocupación entre quienes pueden sentirse potenciales blancos, cubiertos por los reflectores de la notoriedad.
Romano, de 47 años, actuó en nuestro país en Huracán y en San Lorenzo. Luego cosechó un fuerte prestigio en México, donde se destacó en Atlante y en Cruz Azul. Como entrenador, se formó al lado de Ricardo Lavolpe, en Atlas, donde trabajó como ayudante de campo. Más tarde dirigió a Celaya, Tecos, Morelia, con el que fue subcampeón en 2003, y Pachuca. Además alcanzó las semifinales en el último certamen con Cruz Azul, en cuyo plantel tiene a tres compatriotas: Gabriel Pereyra, Federico Lussenhoff y César Delgado.
El tema de los secuestros inquieta a México. Si bien el fútbol se mantenía ajeno, ya que sólo registraba el caso del padre de Jorge Campos, liberado tras el pago de un rescate en 2000. Pese a que en junio del año último hubo una marcha que reunió cerca de 248.000 personas y que le exigió al presidente de la Nación, Vicente Fox, una mayor acción policial, la situación no se calmó.
La Argentina vivió el drama en carne propia. La inquietud aún perdura. Entre algunos resonantes casos pueden citarse los secuestros de Cristian Riquelme, hermano de Juan Román, ex jugador de Boca, en abril de 2002; el de Jorge Milito, padre de los futbolistas Gabriel y Diego, en agosto de 2002; el de Germán Zapata, hermano de Víctor, de River, en diciembre de 2002; el de Florencia Macri, hermana de Mauricio, presidente de Boca, en abril de 2003; el de Rubén Astrada, padre de Leonardo, actual DT de River, en junio de 2003, y el de Luis Traverso, padre de Christian, ex Boca, en septiembre de 2003. Todos, por una u otra vía, tuvieron un final feliz.
El recuento no es antojadizo y repercutió en las costumbres de varios. Muchos de ellos cambiaron los autos último modelo y las camionetas 4x4 por otros vehículos más modestos. Algunos modificaron los recorridos habituales y se mudaron a barrios cerrados. La mayoría ya no salen solos a la calle y prefieren no revelar los montos de los contratos. Incluso hoy, por lo bajo, varios dirigentes aseguran que los futbolistas eligen una venta al exterior para "sentirse más seguros", entre otros motivos.
Uno de los casos más significativos fue el de Matías Almeyda, que ante una amenaza para su padre rescindió el contrato con Independiente y, a menos de una semana de haber llegado al club de Avellaneda, regresó a Italia y firmó con Brescia, a principios de agosto último.
Varios basquetbolistas sintieron el impacto y contrataron seguridad privada para ellos y sus seres queridos. Uno de ellos fue Emanuel Ginóbili, de San Antonio Spurs, ante una eventual amenaza contra alguno de sus familiares. El golfista cordobés Eduardo Romero imitó la actitud.
El temor cruzó las fronteras y también se instaló en Brasil. Tanto que Carlos Tevez, en San Pablo, blindó su auto en marzo último y contrató un chofer. Sucede que a principios de año hubo una importante ola de raptos que enredó a varios futbolistas. Los principales damnificados fueron Grafite, de San Pablo; Rogerio, de Sporting Lisboa, de Portugal, y Luis Fabiano, de Porto, cuyas madres fueron secuestradas. Antes había atravesado por el mismo trance Robinho, de Santos, a fines de 2004.
La inquietud se extiende por todos lados con idéntica intensidad.
MEXICO (ANSA).- La causa por el secuestro de Rubén Romano se maneja con hermetismo. Mientras se busca determinar la veracidad de una nota hallada en una iglesia en la que se piden 500.000 dólares por el rescate, la policía cree que los delincuentes son los mismos que secuestraron a las hermanas de la cantante Thalía, en 2002. "No hay nada. No tenemos ninguna noticia. Si es un tema de dinero, hay que pagar", aseguró José Romano, padre del técnico, en declaraciones a Radio Del Plata.


