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LA PLATA.– Suena el grupo Guasones: “Dicen que la vida es una sola, déjala correr”. El volumen es moderado porque sus dos nenes están a unos pocos metros, mirando dibujitos. Él compone una canción. No es la primera ni será la última. Le encanta escribir y es su forma de desconectarse. También disfruta de leer. ¿Una rareza? No. Ya lo demostraron los futbolistas/escritores que brillaron en el libro Pelota de Papel. En este caso se trata de Sebastián Dubarbier, quien hace unos días cumplió 31 años. “En Europa se vive más tranquilo, acá las noticias asustan”, afirma el flamante refuerzo del Pincha, que hace una pausa y agrega: “Quizás por eso, a la hora de mirar tele, elijo las series”. En la última década vivió en Rumania, Francia y España; sin embargo, su idea siempre fue volver. Y cuando tomó la decisión, regresó a su ciudad: La Plata. Pero no para jugar en el Lobo, como en sus inicios. Aunque parezca extraño, en todas las épocas hubo jugadores que pasaron por ambos clubes (Estudiantes y Gimnasia): Francisco Juariste, Ricardo Infante, Juan Alberto Taverna, Daniel Pighín, Gastón Sessa y siguen las firmas.
Igual, el rubio ya no es aquel flaquito y tímido que debutó hace más de diez años en el conjunto tripero. Creció su físico y también su seguridad. Habla pausado, con la tranquilidad que concede la experiencia.
–Después de estar casi una década en el fútbol europeo, ¿te choca que el fútbol argentino esté tan desorganizado?
-Sí, es raro. A uno que viene de un ambiente de orden absoluto, le resulta extraño. No es común hacer pretemporadas tan largas y no tener una fecha precisa de inicio. Todo este caos atenta contra la planificación deportiva porque los cuerpos técnicos tienen que ir modificando lo que habían pensado y proyectado. Allá el fútbol, como todo, está súper organizado y no se vive esta incertidumbre. Ojalá que el desorden que rodea a la AFA se corrija y Argentina tenga el torneo que merece; acá hay grandes futbolistas que no deberían pasar por esto. Todos nos merecemos jugar en un fútbol ordenado.
–¿Cómo se maneja la ansiedad, cuando lo que rodea al torneo es todo incertidumbre?
-No es fácil. Nosotros queremos jugar, aunque la prioridad es resolver los problemas de los colegas. Si tenemos que esperar, lo haremos. Tenemos muchas ganas de competir por los puntos, pero antes queremos que todos los futbolistas estén bien.
–Destacás la categoría del jugador argentino, ¿con qué nivel de fútbol te encontraste, comparado con el europeo?
-No creo que haya una gran diferencia, jugar acá es muy difícil porque el torneo argentino es muy competitivo. La diferencia que existe tiene que ver con la experiencia: en la Argentina hay muchos chicos que tienen que saltar a la primera con 17 ó 18 años y los que juegan allá ya están consolidados. Además, acá los planteles cambian mucho y así es complicado que los equipos puedan sostener el nivel durante dos o tres torneos seguidos.
–¿Y a vos, en lo personal, qué te cambió el fútbol europeo?
-Pienso que mi mayor evolución tiene que ver con el aspecto mental y psicológico. Conocer otras culturas y otras maneras de vivir el fútbol hace que te vuelvas realmente un profesional. Para mantenerte en Europa tenés que estar bien deportivamente y, sobre todo, entero de la cabeza. La competencia es muy alta y ellos pueden contratar a los mejores.
–Hablaste de convertirte en un verdadero profesional. ¿Eso te ayudó a tomar la decisión de jugar en Estudiantes, pese a haber surgido de Gimnasia?
-Sí, totalmente. Entendí que el fútbol es mi trabajo y que nos debemos al club que nos contrata. En Europa el deporte se vive de otra manera, sin tanta locura, y eso hizo que hoy vea las cosas de otra forma. También pienso que me ayudó que nunca fui fanático de un equipo: de chico era de Racing, pero jamás fui de ver todos los partidos o volverme loco. Estudiantes ya me había buscado en agosto y ahora volvió a interesarse en mí. Mi etapa en Gimnasia fue breve y es parte del pasado; hoy estoy agradecido y feliz de estar acá porque es una gran institución. Estoy ilusionado con hacer una buena campaña.
–Destacás la grandeza de Estudiantes. ¿Tienen plantel para afrontar la triple competencia? ¿Qué objetivos se plantearon?
-Si bien hay muchos chicos, creo que tenemos muy buen material. Cuando comience la competencia será momento de ir partido a partido y no de elegir uno u otro torneo. En el campeonato estamos cerca del puntero (Boca) y la Copa Libertadores es un certamen muy prestigioso que se va a jugar durante todo el año. El objetivo es hacer un buen papel en todos los frentes, pero el tiempo dirá si es posible o si nos tenemos que inclinar por uno en particular.
–Casi siempre jugaste por la banda izquierda, pero lo hiciste de defensor, de mediocampista y hasta de extremo. ¿Dónde te sentís más cómodo?
-Hoy, de lateral. En los últimos años jugué de marcador de punta y me gusta porque tengo más recorrido para pasar al ataque.
–¿Cómo es jugar en un club en el cual el presidente es también un compañero?
-Es más raro para ustedes, los periodistas, que para nosotros. Sebastián (Verón) es un ídolo del club y hoy además es el presidente, pero a la hora de entrenar es uno más. En el plantel se vive con total naturalidad; quizás porque todos lo seguimos viendo como futbolista. Tenemos que aprovecharlo porque tiene mucha experiencia. Además, de esta clase de jugadores siempre hay cosas para aprender. No hay muchos con su jerarquía.
–En Argentina quizás no, pero en Europa sí. De hecho te tocó enfrentar al mejor jugador de los últimos tiempos. ¿Cómo se vive en España el fenómeno Messi?
-Allá lo tratan a Messi como lo que es: el mejor del mundo. No se detienen a pensar que no pudo ganar un título con la selección y creo que tienen razón. No es culpa de él que le falte eso. Es un crack y en Europa rompió todos los récords. Tuve la suerte de enfrentarlo y verlo desde adentro de la cancha es increíble. Hace cosas imposibles y lo más curioso es que las hace con facilidad. Es el único jugador que hace lo que quiere.
Siete son los clubes en los que jugó Dubarbier antes de llegar a Estudiantes: actuó en Gimnasia, Olimpo, CFR Cluj (Rumania), Lorient (Francia), Tenerife, Córdoba y Almería (España).
