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CORDOBA.- Boca ya es un intruso en el torneo Clausura. Y es él el culpable de este desengaño. La versión alternativa que hace dos semanas había alcanzado la punta después de golear al entregado Huracán acaba de quedar desterrada de la definición del certamen.
Tal vez mareado por el embriagador elixir de la Copa Libertadores, el club de la Ribera desoyó el mandato de una historia casi centenaria y dejó a la deriva de una alineación inexperta su suerte en el certamen local. Talleres se encargó de enrostrarle que con eso no se juega. Parece increíble, pero amparándose bajo el discutible argumento del desgaste físico, a Boca no le interesó pelear por este título que tenía al alcance de sus manos.
Las penurias de Talleres no podían toparse con mejor adversario para revitalizar sus últimos intentos en pos de mantener la categoría. Al menos, los cordobeses ya consiguieron eludir el descenso directo. Media hora mágica de César La Paglia y Claudio González lo hicieron posible.
Fueron tres llegadas y tres goles en medio del desconcierto defensivo, la anarquía creativa y la anemia ofensiva de ese Boca aturdido. Primero, La Paglia robó la pelota en la salida de los volantes visitantes y habilitó a González que, tras escaparse de Schiavi, asistió al juvenil Emanuel Perrone para que por el otro sector apareciera para empujar el balón al gol.
Pero sería sólo el comienzo. El descalabro en Boca se había declarado al mismo tiempo que quedaba sentenciada su despedida del torneo Clausura. Enseguida, otra vez el Yerbatero González se le escurrió a Schiavi, que únicamente atinó a derribarlo para frenarlo. La Paglia, el mismo que pertenece a Boca y está a préstamo en Talleres, acertó en la ejecución y guardó silencio en el festejo. Y esta sociedad también gestó el tercer tanto: La Paglia en la construcción y ahora Claudio González en el remate fuerte y cruzado.
Y ayer no había soluciones salvadoras en el banco xeneize. Esta vez no estaba Tevez. Talleres se despertó del sueño y después de esa media hora comenzó a parecerse al equipo sufrido que se debate entre la primera división y la B Nacional.
El descuento de Silvestre supuso una arremetida, aunque sea vergonzosa, de los visitantes que jamás se concretó. Ni con los cambios tácticos del segundo tiempo. Ni con línea de tres en la defensa, con Ibarra como volante y con Cángele como una tercera punta. Igual Boca no inquietó.
Se agotó La Paglia y Talleres se quedó sin frescura desde el instante en que salió. Igual, el atrevido Yerbatero González se las ingenió para merodear la cuarta conquista.
La decisión de Carlos Bianchi de sostener un equipo muleto le hizo perder a Boca cinco de los últimos seis puntos y así bajarse de la disputa por el campeonato. Boca despreció el torneo Clausura cuando aún podía ofrecer argumentos para mantenerse competitivo. Adoptó una indiferencia inaceptable. Merecido tiene este cachetazo que, ni la obtención de la Copa Libertadores de América, debería minimizar. En definitiva, se lo buscó.


