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Morrudo como Diego Maradona y envasado en 1,70 metro. Esa es la silueta del heredero de la corona que abdicó Riquelme, dispuesto a escribir otra saga del pibe humilde que termina como crack. Su meteórico ascenso no le provoca amnesia a Carlos Tevez, que nunca renegará de sus raíces. "Sigo enamorado de lo que es y fue Fuerte Apache. Me gustaría volver el tiempo atrás y vivir mi infancia otra vez", afirma.
Carlitos nació y vivió casi toda su vida en el barrio Ejército de los Andes, donde cerca de 100.000 personas, la mayoría agobiada por la situación socioeconómica, se amontonan en 70 edificios. Pero la oscura fama no le pesa.
"El Fuerte es un sentimiento. Voy todos los días. Camino por el barrio con mis amigos, tomamos mate... Me fui hace dos años, pero es como si no me hubiese ido nunca."
Junto a sus padres, Segundo Tevez y Adriana Noemí Martínez, y sus cuatro hermanos, Diego (16 años), Miguel (11), Ariel (8) y Débora (5), aprendió a amar el nudo 1 -así llama a los monoblocks-, donde estaba su departamento; a las paredes despintadas y corroídas por la humedad, a su querido potrero, donde moldeó esa silueta de distinto.
"Con mi equipo, La Estrella del 1, nos matábamos para ganarnos la Coca y el sándwich. La patada más chica llegaba al cuello. En el potrero te divertís más que en primera."
Buen alumno de la Escuela 50 de Fuerte Apache, "aunque revoltoso en los recreos", Tevez siguió rompiéndola en el baby en el equipo Santa Clara, y en Villa Real, donde se inició Carlos Bianchi. All Boys le echó el ojo cuando arrancó la secundaria. Polimodal con inclinación a maestro mayor de obras, como quería mamá.
Pero Carlos, a quien apodaban "manchado" por la quemadura que arranca en el pecho y le trepa hasta la oreja derecha, ya sentía el gusto por la pelota. "De chico sabía lo que quería para mi vida. ¿La cicatriz? Cuando tenía diez meses, gateando, me tiré una pava con agua hirviendo. También tengo las paletas de la boca partidas. A los nueve años, en un recreo, jugando al poliladron, choqué con Luciana, la hermana de Micaela (su novia), y caí KO."
Ramón Maddoni fue el descubridor. Su paso de All Boys a Boca fue conflictivo. Se dijo que los xeneizes lo soplaron , que le cambiaron el apellido... Tevez aclara todo. "Maddoni me quería desde cuando trabajaba para Argentinos. All Boys no me quería dar el pase y me colgaron un año. Apareció Boca y arreglaron. Y justo ahí mi papá me reconoció y decidí cambiarme el apellido. Me saqué Martínez y me puse Tevez, pero porque mi viejo me reconoció."
Hace dos años que Boca le alquila una casa en Villa Real, donde vive con su familia. La casa es modesta como los Tevez. Se ingresa por el garaje, donde guardan el Renault Scenic bordó que también le facilitó el club. El hall a la izquierda conduce a la cocina y a la derecha el comedor, donde sobre tres repisas descansan los 74 trofeos que Carlos logró en su corta carrera. Su cuarto, también sin lujos, está ubicado en la planta superior, y no le falta el equipo de música. "La Mona Giménez es lo mejor", agrega, ni la bandera de Boca, improvisada como cortina. Una pared está empapelada con una gigantografía de Ronaldo y en otra tiene colgado uno de sus divinos tesoros: la camiseta que le dio Riquelme. Sobre la cama de dos plazas hay una cantidad enorme de gorros. "Son mi debilidad", admite.
El cartel de ser oriundo de Fuerte Apache lo tiene sin cuidado. "Si me discriminan les diré que viví en el lugar más lindo del mundo. Hay que levantarse a la seis de la mañana, como mi padre, cuando trabajaba de albañil, y ver a las personas que van por changas . Van con el sándwich bajo el brazo y se rompen la espalda para traer el pan", cuenta, pero enseguida aclara: "Reconozco que hay violencia, como en todos lados. Se roba porque domina la desesperación por el morfi , u otra cosa, y se zarpan . Pero, insisto, no todos son así".
Hoy, Tevez, sin olvidar su pasado, es la nueva sensación de Boca. Todos esperan maravillas de él, aunque a Carlos le gustaría volver el tiempo atrás y sentir lo que es jugar al fútbol con sus amigos Zapata (Capocha), el Chueco (Diego, su hermano), Eduardo, Pajarito, Mauricio (el primo), Cabañas y Pichela en el potrero de Fuerte Apache.
En el turbulento pase de All Boys a Boca se produjo un episodio curioso. "Practicaba en Boca, pero jugaba con el Albo. Un sábado nos enfrentamos y el DT no me puso porque pensó que iba a jugar liviano. Perdíamos 1 a 0, pero entré, marque los dos goles del triunfo de All Boys, y salí festejando al banco de Boca haciéndole el baile del perrito a Maddoni (el que lo llevó a La Ribera). Al otro día fui a entrenarme con Boca y no sabía cómo mirarlo. Por suerte lo tomó bien."


