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OSAKA, Japón (Especial).- Hay que rendirse ante la contundencia de las pruebas. Japón está en los octavos de final de la Copa del Mundo por primera vez en la historia y lo hizo con el aval de su juego sencillo y práctico que, por ejemplo, le permitió vencer a Túnez por 2 a 0 para ganar el Grupo H sin inconvenientes. Y aunque se puede decir que recibió con agrado la gentileza de tener la zona más débil del Mundial, al menos mostró autoridad para imponerse en el grupo que le tocó en suerte y lo dominó con justicia.
Como organizador, el conjunto japonés cumplió con el objetivo de avanzar a los octavos de final donde se cruzará con Turquía. Y como para que los seguidores del seleccionado de Philippe Troussier comiencen a ilusionarse, hay que decir que, de ganar, en los cuartos de final tendrían como rival a Suecia o Senegal, por lo que en este sector de la llave clasificatoria no tendría que medirse con ninguno de los favoritos hasta la semifinal.
El ritmo del partido siempre estuvo controlado por los locales, aunque fueron menos incisivos en la primera mitad, como si estuvieran esperando las reacciones de su adversario. Y lo que mostró Túnez fue poco y nada. Un equipo con ocho jugadores dedicados a defenderse y apenas un enganche y un delantero. Así, en las tres ocasiones en que Ziad Jaziri (el único atacante) desbordó por los costados y tiró centros, ninguno de sus compañeros llegó al área para culminar la jugada.
Después de contemplar tamaña exposición de mansedumbre por parte de los africanos, Japón se jugó un poco más para completar la clasificación con otra victoria. En el segundo tiempo salió con algo más de determinación y, enseguida, en apenas tres minutos, llegó al gol. Morishima, que había ingresado por Yanagisawa, explotó un grosero error de Raouf Bouzaine y marcó el 1-0.
El público festejó la conquista, agitando sus banderas, pero quedó demostrado una vez más que aquí no viven el Mundial con la misma pasión que en Corea.
Cinco minutos más tarde, otra vez se durmió la defensa tunecina y, luego de un buen centro de Shinji Ono, Morishima cabeceó solo en el punto del penal, pero la pelota pegó en un palo.
Túnez tenía una posibilidad para clasificarse y para eso no necesitaba esperar el resultado de otro partido. Le alcanzaba con ganar por dos goles. Sin embargo, quedó en claro que no tenía con qué buscar la victoria.
Y, a quince del final, Hidetoshi Nakata, el máximo ídolo del fútbol japonés, convirtió su primer gol mundialista con un cabezazo. Así se cerró la primera clasificación japonesa de la historia, que, fiel a sus costumbres, se completó con festejos medidos, tibios. Sin la pasión popular, pero con el orgullo del objetivo cumplido.


