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El gigante dormido parece haberse despertado. Y, con los ojos bien abiertos, todavía sueña con el campeonato.
Es verdad que está un poco lejos de Racing -a ocho unidades-, aunque, a diferencia de su tambaleante arranque en el Apertura, ahora el equipo expone sobre el campo de juego argumentos futbolísticos más convincentes para anotarlo en algún lugar de la carpeta de los candidatos. Y se sabe que en estos torneos donde se suma de a tres se puede alcanzar cualquier hazaña. El ejemplo claro es San Lorenzo, que en el último torneo Clausura escoltaba a River a cinco puntos y terminó campeón, superando a los de Núñez por seis puntos de ventaja.
La estadística refuerza la teoría de un Boca más sólido y poderoso: sumó 13 puntos de los últimos 15 posibles, con 16 goles a favor y sólo 5 en contra.
Más allá de los números, existen otras razones que avalan la reacción xeneize. No hay duda de que los jugadores vivieron el cortocircuito que tuvo el DT Carlos Bianchi y la dirigencia de Boca como si hubiese sido en carne propia. Y eso, paradójicamente, reactivó al equipo, que, tocado en el alma porque Bianchi -el hombre que guió al grupo- decidió marcharse a fin de año, se juramentó ganar cinco partidos al hilo para meterse en la pelea por el título.
Por ahora, está en la buena senda. Tras el traumático anuncio de Bianchi, Boca ganó y hasta, por momentos, expuso momentos de buen fútbol de la mano de Riquelme. Habrá que ver cuánto le dura la gasolina a este equipo que siente el trajín de un año a pura competencia y que se repone de algunas bajas. Ello, pues se recuerda que en lo que va del año el club de la Ribera vendió cinco jugadores: Palermo, Gustavo Barros Schelotto, Ibarra, Bermúdez y Matellán.
Otro tema: el fútbol de Boca no puede subsistir sin Riquelme. Como dice el mismo Bianchi, "es casi imposible reemplazarlo". Y desde que volvió, el 9 de septiembre último frente a Chacarita, tras recuperarse de una tendinitis en la rodilla derecha que lo tuvo inactivo durante 73 días, el equipo multiplicó su confianza y su poderío.
Riquelme tiene bastiones importantes dentro de la cancha: la seguridad de Córdoba, la garra de Serna; la calidad y la velocidad de Guillermo Barros Schelotto y el Chelo Delgado, más la fantasía y la innovadora cuota goleadora de Walter Gaitán, artillero del equipo con seis tantos en el Apertura.
La sociedad Riquelme-Gaitán, por más que éste se desempeñe como volante por la derecha (una posición no habitual para un jugador zurdo) ha eclipsado un poco los baches defensivos y rendido sus frutos.
Así está Boca hoy, advirtiendo que aún quedan resquicios del campeón de América y que queda mucha tela por cortar. Por ahora, el gigante dormido parece despertarse. Se verá si termina de levantarse.
