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A los 55 años, víctima de un tumor cerebral, falleció ayer Carlos Alberto Della Savia, destacado futbolista que actuó en Quilmes, Racing, River y Gimnasia, en las décadas del 60 y 70. Della Savia, que se desempeñaba como tesorero de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), se encontraba desde hace algunos días internado en el Sanatorio Mitre.
Sus restos serán sepultados hoy, a las 10, en el Parque Memorial, de Pilar.
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Extrañas cosas del destino, a pesar de que su mirada de pibe chocaba contra las puertas del club Argentino de Quilmes, enfrente de su casa, Carlos Della Savia trasladó su apego a la pelota a la otra institución fuerte de ese partido del sur bonaerense.
Su padre, un italiano de Udine, era propietario de una fábrica de gabinetes para heladeras y el pequeño Carlos se la pasaba entre la escuela y el fútbol. Y la pulseada la ganó el deporte: a los 16 años, de la mano de José Santiago, Carlitos llegó al club Quilmes. Transcurría 1962...
Con su promoción a la primera división se ganó una merecida fama por ponerse al frente al momento de luchar por los derechos de sus compañeros. Jugó entre 1966 y 1970 y anotó 16 goles en 66 partidos en Quilmes. El número 10 que lucía en su espalda empezó a brillar... Tanto que el poderoso River Plate que dirigía el brasileño Didí no dudó en llevar para Núñez su talento y su sacrificio.
Llegó en 1971 a River, donde consiguió la tranquilidad económica que buscaba, ya que en la entidad del Sur, en ese aspecto, andaba a los sobresaltos. Sin embargo, en el club de Núñez actuó en 39 encuentros y sólo pudo convertir dos goles.
Ese año hubo una huelga en el fútbol y la temporada siguiente fue transferido a Racing, donde tuvo un paso aceptable: jugó 41 partidos y marcó dos tantos.
Fue en Gimnasia donde Della Savia explotó en su real dimensión. Arribó en 1973 a la entidad platense y se convirtió en un verdadero referente. Allí entregó la mejor producción de su trayectoria: actuó en 158 encuentros e hizo 53 goles. Su idilio con el Lobo tuvo una breve pausa en 1977, cuando emigró a Millonarios, de Colombia, pero enseguida fue repatriado por José Varacka y terminó su carrera en la ciudad de las diagonales, con la camiseta azul y blanca.
La tarea de director técnico no lo sedujo demasiado, aunque tuvo fugaces intentos. Tuvo tres hijos de su matrimonio con Haydeé Migliónico: Pablo, Sebastián y Federico. Después del retiro sus fuerzas estuvieron centradas en los derechos de los futbolistas. Por eso, en los últimos años fue uno de los hombres más importantes de Futbolistas Argentinos Agremiados, entidad sindical de la que fue varias veces secretario general y en la que en los últimos tiempos se desempeñaba como tesorero.
Como futbolista, a su natural habilidad le agregó compromiso. El mismo que tuvo siempre para defender y luchar por los derechos de sus colegas.

