

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
SAN PABLO (De un enviado especial).- La furia se desató entre los propios brasileños. Minutos antes del partido se escuchaba en los alrededores del Pacaembú que una derrota podía detonar la intolerancia. Pero ninguna de las previsiones alcanzaron la magnitud de los incidentes que se desataron tras la segunda conquista de Gonzalo Higuaín, que marcó el 3 a 1 de River sobre Corinthians, a los 37 minutos del segundo tiempo. Hubo seis heridos de gravedad y otras 72 personas fueron atendidas en el hospital ambulatorio del estadio o derivados al Hospital de Clínicas.
La preocupación y la tensión se extendió durante varias horas dentro y fuera del estadio. El plantel de River, los dirigentes y los medios de prensa argentinos aguardaron que la policía despejara la zona cercana al estadio y emprendieron la retirada. Los futbolistas de Corinthians abandonaron el Pacaembú a la 1.45 de ayer, después de permanecer casi dos horas en los vestuarios.
Los torcedores no soportaron la eliminación de la Copa Toyota Libertadores y buscaron como blancos a Alberto Dualib, presidente de Corinthians, y Kía Joorabchian, gerenciador del conjunto paulista. Los simpatizantes paulistas comenzaron a agitar los portones que separan a las tribunas del campo de juego y un par de hinchas ingresó en el campo de juego. La pelea entre la policía militar y los hinchas se extendió durante más de una hora; incluso, hubo destrozos fuera del estadio.
Los agentes respondieron la agresión con disparos y bombas de aturdimiento, mientras que los simpatizantes atacaban con palos y piedras. Varios jugadores del plantel también quedaron en la mira. Es más, muchos plantearon su inquietud para el clásico ante San Pablo, el domingo próximo, porque el ambiente continúa enrarecido. La Federación Paulista anunció ayer que el encuentro se trasladará al estadio Benedito Teixeira, en Río Preto, y que no se jugará en el Pacaembú.
El plantel de River fue inmóvil testigo de la violencia ajena. "Nunca tuve miedo, pero la situación fue complicada. El árbitro tuvo el criterio de suspender el partido porque vio que se volvía peligrosa la situación", manifestó Daniel Passarella. Marcelo Gallardo describió la incertidumbre: "En ese momento nadie garantizaba nada. Nunca pensamos en irnos de la cancha, pero en un momento le dije a Chandía (Carlos, el árbitro) que era conveniente irnos al vestuario por la seguridad de todos. Fue lamentable".


