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Trece años, ciento quince partidos, tres mundiales, siete goles, cuatro copas América... Son números secos, meras abstracciones, pero la vida está hecha de otras cosas. Para Roberto Ayala, hoy cuentan mucho más las vivencias y sensaciones acumuladas que ese montón de cifras. Acaba de tomar una de esas decisiones que duelen pero que un día se hacen inevitables, y todavía debe de estar procesándola: ya no jugará más en la selección. Su récord de 115 partidos con la camiseta celeste y blanca quedará fijo ahí, a la espera de que alguien, en un futuro inescrutable, sea capaz de superarlo.
La presunción natural sería que lo que movió a Ayala a renunciar al seleccionado fue la frustración sufrida el domingo último, en la final por la Copa América, que, para su mal, incluyó un gol en contra. El mismo lo desmintió: "Tomé la decisión hace tiempo porque creo que un ciclo termina y con mi baja empieza otro en el equipo. No me voy por esta Copa; no tuvo nada que ver la derrota ante Brasil", dijo ayer. Es cierto que el Ratón ya había hecho saber la determinación. Durante el transcurso del certamen en Venezuela, varios de sus compañeros más antiguos lo escucharon de su boca: les dijo que se iría, independientemente de que la Argentina consiguiera o no el título.
A los 34 años y con un paso por el equipo nacional que abarcó doce años y ocho meses, Ayala sintió que era tiempo de dejarles lugar a los más jóvenes. También, que a esta edad sentirse en la forma física que a él lo satisface para semejante exigencia y compromiso le costará cada vez más. Amasó la decisión y comenzó a divulgarla entre sus íntimos. Ahora la hizo pública, en otro momento profesional importante para él: ayer, en el estadio La Romareda, fue presentado como nuevo refuerzo de Zaragoza, en una transferencia controvertida. Ponerse esta nueva camiseta le demandó desembolsar seis millones de euros para rescindir el contrato que lo vinculaba con Villarreal, donde nunca llegó a jugar, aunque es de suponer que el dinero forme parte del arreglo con su nuevo club.
Como jugador de la selección, Ayala conoció cuatro períodos de conducción: el de Daniel Passarella, el de Marcelo Bielsa, el de José Pekerman y el de Alfio Basile. Pero aunque debutó con el Káiser -el 16/11/94, en un 3-0 a Chile, en Santiago-, debe decirse que su bienvenida y su adiós fueron con el Coco: Basile fue quien primero lo convocó. Fue en febrero de 1993, cuando el seleccionado preparaba el partido ante Dinamarca por la Copa Artemio Franchi, que finalmente ganó por penales, en Mar del Plata. Pero Basile nunca llegó a hacerlo jugar en aquel período, que concluyó con la eliminación del Mundial de los Estados Unidos. "El Viejo Griguol me dijo que tenía que presentarme en Ezeiza... Fui solo... llegué, entré... el Coco saludó a todos y me felicitó por mi primera citación", contó alguna vez sobre aquella experiencia.
Es cierto que la carrera de Ayala en la selección mayor no tiene el lustre de un título, pero si se lo mira de una forma abarcativa su paso no se cierra sin conquistas: de su cuello colgó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004; nueve años antes había conseguido lo mismo en los Panamericanos de Mar del Plata.
Y anécdotas, a montones. "En una de las primeras prácticas me tocó marcar al Beto Acosta, que ya sabemos cómo era de mañoso. Daba miedo. Pero en un cruce no sé si lo habré golpeado que saltó y me dijo «pen... de m..., te voy a reventar. Andá más tranquilo» . La verdad, me apichoné. Entonces se me acercó el Negro Vázquez, el tipo del que más aprendí por la cercanía que tenía con él en Ferro, y me dijo «si te c..., acá no jugás» . Y parece que, por la cara que le habré puesto, no me notó convencido, entonces agregó: «dale, que cualquier cosa salto yo por vos» . Un fenómeno de tipo", contó un día. Ahora podrá repasarlas, desde la perspectiva de quien sabe que lo entregó todo.

